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Diario Expreso Ecuador

BARRIOS DE GUAYAQUIL

La Kennedy vive bajo un “techo” de cables: vecinos alertan riesgo y abandono

En varias calles de la Kennedy, los cables cuelgan frente a balcones y veredas, mientras crece el temor por accidentes. Hay impactos urbanos y en la plusvalía

Denuncia. La saturación alcanza espacios como los balcones, donde a los cables ya se los toca

Denuncia. La saturación alcanza espacios como los balcones, donde a los cables ya se los tocaMiguel Canales

Diana Sotomayor
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Los puntos claves

  • En varias calles de la Kennedy, los postes ya lucen inclinados por el peso de transformadores y decenas de cables superpuestos sin orden.
  • Vecinos denuncian que los cables cuelgan a baja altura, frente a balcones, terrazas y veredas, aumentando el temor por accidentes y cortocircuitos.
  • Especialistas advierten que el desorden urbano y la contaminación visual también afectan la plusvalía y frenan el desarrollo inmobiliario de la zona

Están cansados de alzar la mirada y encontrar siempre lo mismo: una maraña de cables que se cruzan, se enredan y se multiplican sin orden. En la ciudadela Kennedy, en el norte de Guayaquil, los residentes ya no hablan de estética ni de paisaje urbano. Hablan de convivencia forzada con una estructura aérea que se ha instalado sobre sus calles como un techo improvisado que nadie ha sabido controlar, cuestionan.

El cielo, dependiendo del ángulo, desaparece, piensan. No lo cubren las nubes ni el esmog, sino una red densa de cables negros que se extienden de poste en poste hasta formar una estructura casi continua. Para las familias, la imagen es la de un solo bloque caótico que ha colonizado el espacio aéreo. Poco importa ya a quién pertenecen los cables: si a CNEL, a empresas de telefonía o de televisión por cable. El origen dejó de ser relevante. Reclaman que nadie esté ordenando un sistema que sigue acumulándose sobre una infraestructura que ya está saturada y, en algunos tramos, al borde del colapso.

En avenidas como Federico González, Abel Gilbert Pontón, Luis Cornejo y Juan Medina Unamuno, solo por citar unos ejemplos, hay postes ya inclinados por el peso, como lo pudo constatar EXPRESO en un recorrido por distintas cuadras del sector.

Colapso. Postes saturados evidencian el deterioro en prácticamente todas las calles del barrio.

Colapso. Postes saturados evidencian el deterioro en prácticamente todas las calles del barrio.Miguel Canales

Estructuras de concreto, diseñadas para sostener unos pocos cables de energía, hoy cargan transformadores, cajas desgastadas y decenas de líneas de distintos grosores superpuestas sin orden. La escena, a juicio del residente y arquitecto Pablo Molina, configura una contaminación visual extrema (presente prácticamente en todos los barrios de Guayaquil), pero también una sensación constante de descontrol y encierro en un barrio donde habitan miles de personas y donde el problema se repite en cada cuadra, salvo las avenidas San Jorge y Carlos Luis Plaza Dañín, que fueron años atrás sometidas a esa regeneración urbana que exigen hoy las familias.

Una maraña sin control invade el espacio público  El desorden urbano erosiona el cuidado colectivo y hasta la plusvalía del sector

Una maraña sin control invade el espacio público El desorden urbano erosiona el cuidado colectivo y hasta la plusvalía del sectorMiguel Canales

“Te asomas y los cables están ahí”

“Esas avenidas son las únicas que te permiten respirar. El resto es un relajo, una telaraña. Te asomas al balcón y los cables están ahí. Vas a la tienda y te los encuentras. Llevas a los niños al parque y tienes que esquivarlos. Sales de casa y los ves por todas partes… Incluso en las veredas te toca saltar sobre ellos, como si estuvieras jugando a la rayuela. Yo tengo un balcón hermoso, pero no puedo ya ni asomarme. El paisaje es horrible”, lamenta Abelardo Santiestevan, residente de Kennedy Norte, que además de orden exige al Municipio incluir a este vecindario en el proyecto de regeneración.

Y es que la saturación no se queda en lo visual. También ha transformado la relación con el espacio urbano y ha elevado los riesgos. En varios tramos, el peso de la maraña hace que los cables cuelguen a baja altura, a pocos metros de peatones y viviendas. En casas de dos pisos, pasan frente a ventanas, terrazas y balcones, obligando a convivir con ellos, a centímetros de los espacios privados.

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“Un cable suelto o deteriorado en medio de todo esto es un riesgo. Cada vez que llueve o hay viento, tememos un cortocircuito o que un cable se desprenda”, manifiesta Laura Segovia, moradora que ha sido testigo del cambio en el lugar. “Llegué hace casi tres décadas aquí y no existía esta maraña de ‘tallarines’ colgantes. Y me parece prehistórico, pues mientras el nuevo concepto de ciudad habla de soterrar los cables, en la Kennedy siguen sumándole peso a los postes, sin una autoridad que los detenga”.

Efecto. Vecinos conviven con un paisaje percibido como caótico. Denuncian llevar años así y a esperas de un cambio para el vecindario.

Efecto. Vecinos conviven con un paisaje percibido como caótico. Denuncian llevar años así y a esperas de un cambio para el vecindario.Miguel Canales

Riesgos para peatones y adultos mayores

Durante el recorrido de EXPRESO se constató además cómo esta red condiciona la movilidad cotidiana. Aceras estrechas, postes saturados y cables a baja altura obligan a peatones y comerciantes a maniobrar en espacios reducidos, dificultando incluso tareas simples como transportar mercadería o circular con carritos de granizado.

En las calles aledañas a la clínica Kennedy, los pacientes —muchos adultos mayores— tienen que estar pendientes para no enredarse con los cables.

“Camino con ayuda de un andador porque vivo cerca, y si no fuera por los guardias del sector, ya me habría ‘soñado’. Un cable en el piso o un poste maltrecho es como un muro de cemento, para nosotros es complicado movernos. Y no hablemos de las aceras rotas y rampas inexistentes, ya eso es otro caso”, alerta Medardo Calderón, de 69 años.

  • Según moradores, el problema se agrava cada año porque continúan instalándose nuevas líneas sobre una infraestructura ya saturada.

El impacto invisible: plusvalía y abandono

Ese desorden que describen, a decir de los especialistas consultados, también tiene un impacto que se siente en el mercado inmobiliario.

“En este sector, el entorno pesa tanto como la propiedad misma”, explica la corredora de bienes raíces Érika Guerra. “Cuando un sector presenta redes desordenadas —postes saturados, instalaciones improvisadas— se genera una pérdida de calidad urbana que impacta en la valorización. El comprador no solo evalúa la vivienda; evalúa la calle, la seguridad y la imagen del sector. Y si ese entorno transmite caos o riesgo, automáticamente se reduce su disposición a pagar”.

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A su criterio, además, hay un efecto más silencioso: la desaceleración de la plusvalía. “Un barrio así no necesariamente pierde valor de inmediato, pero crece más lento que otros mejor planificados. La inversión privada tiende a evitar estos entornos porque implican menor proyección”.

Desde el urbanismo, hace énfasis Molina, la acumulación desordenada de cables construye una narrativa de abandono. “Cuando el espacio público transmite que no hay gestión ni reglas, se debilita el cuidado colectivo”. Esto, explica, se vincula con la teoría de las ventanas rotas: cuando el entorno se percibe deteriorado, aumenta la tolerancia al desorden.

El efecto se siente rápido: menos apropiación del espacio, menos vigilancia social y una convivencia más frágil. A esto se suman consecuencias operativas. “El exceso de cableado vuelve más complejo cualquier mantenimiento o respuesta ante emergencias. Identificar fallas en una maraña toma más tiempo y recursos, lo que se traduce en servicios más inestables”, añade.

Pero más allá de los efectos visibles, hay un problema de fondo que sigue sin resolverse, dicen al unísono los residentes: nadie está asumiendo la gestión del espacio público.

“Pedimos explicaciones, con urgencia el soterramiento, que quiten algunos alambres, pero nadie viene. Así vivimos, entre silencios y sin respuestas”, alega Santiestevan. A las solicitudes de entrevista de EXPRESO (ver nota adjunta), tampoco respondieron.

  • Vecinos de la Kennedy exigen al Municipio y a las empresas responsables avanzar con el soterramiento del cableado y la regeneración del sector.
Carencias. Aceras angostas y cables caídos afectan a los peatones a lo largo y ancho del vecindario.

Carencias. Aceras angostas y cables caídos afectan a los peatones a lo largo y ancho del vecindario.Miguel Canales

Silencio oficial ante un problema que “nadie asume”

Frente a este escenario, EXPRESO solicitó una entrevista a los funcionarios del Municipio de Guayaquil y a CNEL para conocer si existen diagnósticos, planes o acciones concretas para intervenir en la Kennedy a corto o largo plazo, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta.

(Lo invitamos a leer: Guayaquil: Las ‘telarañas’ de cables envuelven edificios de ciudadela del norte)

Quedaron en el aire preguntas: si este sector, por ejemplo, ha sido siquiera identificado como una zona con saturación crítica de cableado; si existen -o no- proyectos de soterramiento o reordenamiento y en qué calles; quién controla el uso del espacio público cuando múltiples empresas instalan cables sobre la misma infraestructura; o si se han realizado mesas de trabajo con la empresa privada para enfrentar el problema. Estas fueron algunas de las interrogantes que no se contestaron.

Tampoco hubo respuesta sobre si CNEL ha detectado postes con sobrecarga en la zona, qué medidas ha tomado y si existen sanciones por el uso desordenado de la infraestructura, así como cuántas se han aplicado en los últimos años.

Las avenidas principales de la ciudadela Kennedy son las únicas que no tiene postes con cables colgando. Allí la regeneración llegó y el orden se siente. Eso anhelan para las calles internas.

Las avenidas principales de la ciudadela Kennedy son las únicas que no tiene postes con cables colgando. Allí la regeneración llegó y el orden se siente. Eso anhelan para las calles internas.Miguel Canales

“A la final eso es lo único que obtenemos: silencio. Hasta que no vean las autoridades que los postes se caen en fila como efecto dominó, seguiremos conviviendo con un techo de alambres que agobia y enferma, que ahuyenta”, agrega la residente Teresa Echeverría, quien hace un llamado a la Agencia de Regulación y Control de Electricidad (ARCONEL) para que realice un análisis real del estado en el que se encuentran los postes de la ciudad.

“No se trata solo de la Kennedy. Toda la ciudad refleja contaminación visual a causa de los postes. Si bien ARCONEL no tiene injerencia total, sí puede controlar qué labor está ejecutando CNEL y las empresas privadas, si están cumpliendo con las normas técnicas y si hay o no uso autorizado de postes eléctricos. En fin, puede controlar a quienes ‘controlan’, y eso ya sería de ayuda”, agregó.

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