"Lo que hay es educación remota de emergencia, no es educación virtual"
El sistema aplicado por la mayoría de planteles por la pandemia no es educación virtual, según el rector de la UTPL. Otros catedráticos lo corroboran.

En una vivienda de la cooperativa Sergio Toral, en el norte de Guayaquil, os hermanos comparten una computadora para recibir las clases no presenciales del sistema educativo público.
El sistema que ha adoptado la mayoría de instituciones ante la pandemia de COVID-19 es “educación remota de emergencia” y no educación virtual. Lo afirma Santiago Acosta, rector de la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL), entidad pionera en Ecuador en esta modalidad.
El exdirector y vicerrector académico de la UTPL señala varias actividades del sistema no presencial que aplican escuelas, colegios, e incluso algunas universidades, que no solo no constituyen educación virtual, sino que deforman la imagen de lo que esta implica.
Entre ellas, cita el uso de plataformas de videoconferencia para dar clases tal como ocurría en el aula física; y pretender que los alumnos pasen la mañana entera pegados a la computadora, cumpliendo el horario de una jornada presencial.
De igual forma, el exceso del método expositivo de enseñanza del maestro, cuando una característica esencial de la educación virtual es el aprendizaje autónomo y en el horario que el alumno defina como el más conveniente y a su ritmo.
“Esto ha supuesto para los estudiantes y profesores una gran carga de trabajo y una enorme fatiga”, manifiesta.

El cuadro resume algunas de las principales características de la educación virtual o modalidad de estudios "on line", según los catedráticos consultados.
Para Acosta, es comprensible que nadie estuviera preparado para esta crisis sanitaria que alteró el proceso educativo en todos los niveles. Eso, sumado a la falta de experiencia en la modalidad en línea, de capacitación de los profesores y de infraestructura para implementarla, generó una “educación remota de emergencia”, ante la urgencia y necesidad de llevar las clases físicas a una modalidad no presencial.
En ello coincide Javier Paguay, director de la carrera de Periodismo de la Universidad Estatal de Milagro, que desde 2018 tiene modalidad en línea.
“Es diferente. Es un sistema asincrónico, el alumno se puede conectar en cualquier momento y desde donde esté”, dice el catedrático, que antes también daba clases presenciales.
Hay padres de familia que recelan de la educación que están recibiendo sus hijos, porque aducen que los profesores no les dan clases y los mandan a leer textos o ver videos, para que aprendan por su cuenta.
También consideran que, al no requerir espacios físicos ni consumir servicios básicos, la educación no presencial debería costar menos que la virtual.
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Acosta no está de acuerdo con ello. Reconoce que se han reducido algunos gastos, aunque igual las instalaciones deben recibir mantenimiento. Pero sostiene que no es más económica ofrecer educación virtual.
“La inversión que no se hace en servicios básicos, hay que hacerla -y probablemente es mayor- en las tecnologías y plataformas para el aprendizaje, que son caras”, asegura.

Santiago Acosta es el rector de la Universidad Técnica Particular de Loja. Antes fue director académico y vicerrector académico de la institución.
El rector de la UTPL, entidad que ofrece educación abierta en grado y posgrado desde hace 40 años y en este semestre tuvo 31.000 alumnos matriculados en esa modalidad, además de otros 6.000 presenciales, reconoce que la educación virtual es más recomendable para jóvenes universitarios, con mayor madurez, autodisciplina y habilidades de autoaprendizaje; “mientras que para primaria y secundaria, lo ideal es una educación presencial”.
LA PANDEMIA AMPLIARÁ LA BRECHA EDUCATIVA
Para Santiago Acosta, la pandemia ampliará la brecha educativa entre alumnos de planteles públicos y privados, y entre urbanos y rurales del país, marcando un freno o un retroceso en sus aprendizajes.
Por ello, cree que si el Gobierno autoriza el regreso a clases presenciales de planteles privados que pueden implementar medidas de seguridad, debería pensar también en analizar la reapertura de los planteles públicos, garantizando esas condiciones de bioseguridad.