Guayaquil

Coronavirus: Guayaquil en amarillo, pero su gente en verde y rojo

Las dificultades de movilidad, enfermedades catastróficas y otros factores alejan a algunos del inicio de la apertura. 

buses durán
Situación. Hasta ayer, aún en rojo, la ciudad se paralizaba a las 14:00. Desde hoy, el toque es a las 18:00.Miguel Canales / EXPRESO

Desde este miércoles 20 de mayo Guayaquil pasa al semáforo amarillo, pero no será acogido por todos. Algunos ciudadanos consideran que fue una medida apresurada por lo que seguirán guardando el aislamiento en casa, mientras que otros señalan que con la disposición solo se formaliza lo que se venía realizando desde hace días.

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Por ejemplo, Aracely Álava, moradora del barrio Orellana, asegura que el cambio del color debió esperar más tiempo, al menos hasta que las autoridades redoblen los análisis para conocer cuántas camas, médicos y medicinas puedan necesitar en el caso de que se registre un rebrote de contagios en la ciudad.

comercio en la bahia
Labor. Geovanny Delgado, comerciante de la bahía, comenta que durante estos días ha tenido que trabajar a media llave.Cortesía.

Es imposible trabajar porque no dejan abrir los locales en la bahía. Tenemos que improvisar con mesas, tablas o bancos. Necesitamos un poco de estabilidad, si Dios quiere esperamos abrir con el semáforo amarillo. Esperemos que así sea.

Geovanny Delgado, técnico que repara teléfonos, computadoras y parlantes.

El temor ha calado en algunos ciudadanos más hondo y más allá de los indicadores oficiales de reapertura controlada. “En mi casa vivimos adultos mayores, por eso no podemos exponernos, igualmente aconsejaré a que mi familia procure salir de casa”, comenta Álava.

En cambio, Erika García y Fernando Mancero, residentes de la ciudadela Guangala y barrio del Centenario, respectivamente, concuerdan en que en términos generales es una medida “esperanzadora”.

Mancero está consciente de que el virus todavía está presente en la ciudad y por eso muchos prefieren seguir en el confinamiento, pero recalca que la sociedad guayaquileña es económicamente no desarrollada y la mayoría de la población sobrevive con el día a día.

“Había que hacer un balance entre el encierro y el comercio. Tomo con cautela e ilusión el cambio del semáforo, pero asimismo, es necesario que se cumplan con rigurosidad las decisiones porque si no, podríamos retroceder y caer en el descrédito”, concluye.

Un comentario similar expresa Cecilia Parrales, residente de la urbanización Colinas del Sol. Cree que Guayaquil no está preparada para este cambio porque “todavía se ve el irrespeto en las calles y espacios públicos. 

La gente sale como si no pasara nada y todavía hay miles de casos”. Por esta situación, ella junto a su familia han decidido seguir en rojo y esperarán desde casa los resultados que arrojen los primeros días de la norma. “Esperemos que sean favorables y que no perjudiquen”, acota.

No estoy de acuerdo en que nos pongamos en amarillo. En mi casa no saldremos porque somos vulnerables y aconsejo a mi familia que tampoco lo haga.

Aracely Álava, residente del barrio Orellana.
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Otra preocupación que comparten diferentes usuarios atañe al transporte. Si bien el 70 % de la masa laboral se moviliza en los buses urbanos, distribuidos ahora en 55 rutas, para Jaime Ochoa, habitante del centro de la urbe, el cambio de color puede originar un aumento de la capacidad permitida -30 %- y que se repetan las kilométricas filas de personas a la espera de una unidad. “Los articulados Metrovía en rojo iban llenos... Ahora en amarillo no quiero ni pensarlo”, se queja.