
Casas Colectivas de Guayaquil: vecinos atrapados entre la violencia y el abandono
La inseguridad empuja a las familias a abandonar este complejo habitacional de Guayaquil, vecinos narran el ambiente de temor
Roberto Quiroz caminaba por la calle José Mascote, en dirección a la calle Brasil, para visitar a sus primos, con quienes pactó comprar hamburguesas y ver películas. Era una de las últimas noches de 2025. Pero al llegar a Calicuchima, sujetos en moto y armados tenían bloqueada la calle. “Me dijeron que me dé la vuelta por otro lado. No les pregunté el motivo, solo me di la vuelta y me fui, porque tenían un aspecto...”, relató.
Enseguida regresó a su vivienda y llamó a sus primos. “Les avisé que algo estaba pasando en las Casas Colectivas, que delincuentes cerraron esa cuadra, que estén atentos”. El plan familiar se arruinó esa noche.
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Las Casas Colectivas, esa tradicional edificación residencial del centro-sur de Guayaquil, se ha convertido en escenario de balaceras, asesinatos, venta y consumo de estupefacientes. Sus habitantes y quienes viven en los alrededores están atemorizados.
La tarde del 2 de marzo, un hombre de 26 años y un menor de edad fueron acribillados en los exteriores de este complejo habitacional. “Balaceras hay casi siempre, todo por el control del territorio para el microtráfico de drogas”, admitió un habitante de las Colectivas, quien inicialmente se identificó, pero luego se retractó por temor a represalias.

Ya desde la parte externa de la estructura se evidencia un aspecto desmejorado, con su fachada deteriorada, mientras que por sus alrededores deambulan consumidores de droga, fumando o buscando en las aceras restos de sustancias.
Casas Colectivas: de vivienda social a refugio de delincuentes
El planificador urbano Javier Gallo, integrante del Comité Bicentenario de Guayaquil, señaló que las Casas Colectivas fueron levantadas en 1948 por el arquitecto Héctor Martínez Torres, como una de las primeras propuestas de vivienda multifamiliar dirigidas a sectores populares.
“Su propósito era ofrecer un espacio digno de vivienda social, con bloques diseñados para familias de clase media-baja. Con el paso de los años, la zona se deterioró y se convirtió en refugio de delincuentes”, explicó.
Desde su perspectiva, este conjunto habitacional ha dejado de cumplir el objetivo para el que fue concebido.
“Los materiales de construcción como losas de hormigón de 15 centímetros de espesor ya no cumplen los estándares modernos. A pesar de haber resistido temblores, se requiere demolición”, mencionó. ,
Gallo planteó que el Estado intervenga con la expropiación de los predios y la demolición de las estructuras, reubicando a los actuales habitantes en nuevos proyectos de vivienda social en otras zonas.

Casas Colectivas de Guayaquil: venden departamentos por 200 dólares
Actualmente, la violencia está empujando a las familias a abandonar las Casas Colectivas y buscar refugio en otros sectores. En algunos casos, los departamentos se venden por montos que no superan los 200 dólares.
“Ya aquí no se puede vivir, no hay seguridad. Aquí el delincuente campea, aquí el drogadicto campea. Este no es un lugar apropiado para que habite ninguna familia. Ya ni los niños salen a jugar”, manifestó Lorena, vecina del sector.
El temor también ha cambiado la rutina diaria de quienes permanecen en el sector. Comerciantes de los alrededores aseguran que han reducido sus horarios de atención o han optado por cerrar más temprano, para evitar quedar expuestos a hechos violentos durante la noche.
“Antes uno podía quedarse hasta más tarde, ahora no. A las seis o siete de la noche, ya todo el mundo recoge porque no se sabe qué puede pasar”, dijo el dueño de un negocio en la zona, quien tampoco se identificó.
Vecinos que durante años han seguido de cerca el aumento del crimen en el sector insistieron en que la presencia policial es intermitente y no logra frenar el avance de las economías ilegales.
“Aquí los grupos delictivos tienen un sistema de inteligencia que es de temer. Ellos saben todo: quién entra, quién sale, todo lo controlan”, declaró Lorena.
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