Guayaquil

Bomberas se desprendieron de su cabello para dar alegría

Diez voluntarias del Cuerpo de Bomberos dieron su pelo a Solca.  Para una peluca, se necesitan de 6 a 10 donaciones. 

Si a las 10:45 de ayer, 4 de febrero, Flor María Suárez se hubiera visto al espejo, habría notado su rostro lleno de pequeños pelitos recién cortados. Se habría dado cuenta de que sus ojos brillaban tanto como su sonrisa y, habría visto su nuevo y corto estilo de cabello.

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La bombera tenía miedo de mirar su reflejo. Hacía muchos años que no cortaba tanto la larga cabellera que caía como una cascada castaña sobre su espalda.

Antes, lo hizo por vanidad. Ahora se había desprendido de ella para regalar alegría, diría minutos después de levantarse del improvisado gabinete de belleza instalado en el patio de la Sociedad de Lucha Contra el Cáncer (Solca).

Cuando notó el filo de la tijera adentrarse en la cola de caballo que le hicieron, lejos de sentir angustia, con cada hebra que se desprendía de su cabeza, ella sentía libertad.

Estoy muy feliz por mi peluca. La de pelo sintético me picaba y me daba mucho calor. No me sentía bien usándola porque no se veía natural y a esta yo la puedo peinar.

Amelia Urresto
​paciente con cáncer

Flor María fue la primera de las diez voluntarias del Cuerpo de Bomberos de Guayaquil que acudieron a Solca para donar su pelo a pacientes que lo han perdido a causa de los tratamientos de quimioterapia. La actividad fue parte de los eventos que se realizaron para conmemorar el Día Mundial Contra el Cáncer.

Flor María no tenía palabras para describir lo que significó donar, pero cada que miraba a Amelia Urresto, de 11 años, encontraba la respuesta. La niña padece de leucemia y ayer, antes de que las voluntarias se sentaran en los taburetes de las estilistas, se hizo unas ondas con su primera peluca natural, que se la dieron hace un mes.

Ayer asistió a ver cómo se realizaban los cortes. Hablaba poco, sonreía mucho y se tomaba selfies con su nuevo look. Estaba feliz. Jéssica Muñoz, su mamá, contó que perdió el cabello hace seis meses.

Le dolía notar cómo su hija evitaba salir de casa, ir a la escuela y le costaba socializar. Tuvo una peluca de cabello sintético, pero le picaba y le daba calor. “La gente no se imagina lo importante que es para un paciente con cáncer tener una de estas pelucas. Le puede cambiar la vida y sobrellevar el proceso (de la enfermedad)”, dijo.

En ese momento (cuando se cae el pelo), uno se siente muy mal. Pero hay que luchar por nuestra vida y luego nos damos cuenta de que el cabello crece.

María del Carmen Torres
​voluntaria del Comité de Damas de Solca

Eso lo sabe Daniela Morante, teniente del Cuerpo de Bomberos y también donadora. Sus tías y abuela padecieron de cáncer. También estaba feliz. Ingresó a los Bomberos hace 15 años y en todo este tiempo, no había hecho una actividad similar.

Mientras las estilistas le daban forma a su melena recién cortada, pensaba en sus parientes, en cómo algo tan sencillo como una peluca las hizo felices durante su recuperación. Apenas saliera de allí, les contaría, orgullosa, de que su pelo sería parte de la alegría y esperanza de otra mujer.

Para elaborar una sola peluca, hacen falta de 6 a 10 donaciones, les contaba María del Carmen Torres, voluntaria del Comité de Damas de Solca a Gisella González y Mariuxi Briones. Las dos fueron las últimas bomberas en cortar su melena, las más largas del grupo.

Es la primera donación de Gisella, cuyo pelo recién había recibido un tratamiento cosmético para lucir más sano. En cambio, era la segunda vez de Mariuxi, a quien su cabello le crece tanto, que lo deja largo para regalarlo después.

María del Carmen les confesó que también padeció de cáncer de mama, el más común en las mujeres de 30 a 44 años en Guayaquil. Tenía el pelo largo y ondulado, más abajo de su cintura. En cuanto supo que se le caería, prefirió cortarlo y regalarlo para quien lo necesite. Luego de un año de tratamiento y de decirle adiós a la enfermedad, creció ensortijado, como el de una muñeca.

Ella nunca tuvo que usar pelucas, porque le encantaban los pañuelos. Una vez que estuvo libre de cáncer, sintió la necesidad de ayudar y fue así como terminó en el Comité de Damas. “Hay muchas niñas y mujeres que necesitan su peluca. Es súper importante con su autoestima. Miren a la niña cómo se toma fotos, está dichosa”, describía los movimientos de Amelia, que andaba de un lado a otro.

A las 11:30 las diez bomberas ya miraban en el espejo su nuevo estilo de pelo. Un corte que no solo les cambió el físico, sino que les hizo sentir la satisfacción de ayudar.

Bomberos, en años anteriores, han colaborado con Solca, haciendo shows de agua a los niños, que les encanta, o llevándolos al Museo de los Bomberos.

Santiago Peña
director de Prevención de Incendios de Bomberos de Guayaquil