
Alumna de 14 años destaca como abanderada y bachiller: Mía Méndez apunta al espacio
La egresada del IPAC de Samborondón sueña con la Ingeniería Aeroespacial y la robótica. Es DJ, hace surf y hasta voluntariado
Mia Alessia Méndez Menéndez, estudiante de 14 años, alcanzó el grado de bachiller y el reconocimiento de abanderada en la Unidad Educativa IPAC ubicada en Samborondón, tras completar un proceso formal de aceleración académica avalado por la institución.

Perfil de Mía Méndez
Con 14 años, Mia Alessia Méndez Menéndez rompe el molde tradicional del estudiante de secundaria. Es la flamante abanderada del Pabellón Nacional y la graduada más joven en la historia reciente de la Unidad Educativa Bilingüe Particular Abdón Calderón (IPAC), en Samborondón. Su perfil, sin embargo, escapa del cliché del alumno encerrado en una biblioteca. Mia escucha rap, encuentra inspiración en la irreverencia de la banda de rock italiana Måneskin y, además de su excelencia académica, es DJ, toca la batería y surfea.
Su desarrollo ha sido acelerado, impulsado por sus altas capacidades intelectuales. A los ocho meses ya nadaba para canalizar su inagotable energía y, a los cuatro años, armaba Legos de más de 10.000 piezas. Hoy, su visión está clara: quiere aplicar la matemática y la ciencia en la ingeniería aeroespacial. No llegó a su último año de bachillerato por un salto abrupto, sino mediante un proceso de aceleración académico medido, evaluando siempre su madurez emocional junto a su madre, Mónica Menéndez, y su abuela, quienes conforman su núcleo familiar.
- ¿Cómo es la vida de una estudiante que va a un ritmo más acelerado que el resto?
— Yo ya tenía más de diez actividades extracurriculares antes de las aceleraciones, como música, robótica y danza. En esas disciplinas ya compartía con compañeros mayores que yo. Por ende, sabía cómo era el tema social. Siempre se trató de un respeto mutuo, de saber que tenemos un objetivo en común. Nunca hubo un problema real de adaptación. Si yo veía que mi necesidad de aprendizaje seguía incrementando, tomaba la decisión de avanzar, teniendo en cuenta la parte emocional.
—A una edad donde el ego puede ganar terreno por los logros, ¿cómo mantienes los pies en la tierra?
— Mi comunicación con mi mamá ha sido fundamental. Sin ella no estaría donde estoy ahora; ella me ha dado las herramientas y oportunidades para tener todo a mi disposición. Regresar a ver quiénes son las personas que te acompañan y apoyan en este proceso me ha mantenido en un nivel donde reconozco todo el trayecto que hay detrás.

Ese trayecto implica una rutina maratónica. Mia se levanta a las 05:40, toma el bus hacia el colegio y termina sus clases regulares a las 15:25. De ahí, su día apenas comienza. Alterna entre clases de piano, batería, danza (jazz, tap y flamenco) y robótica. Su expediente incluye premios en torneos de robótica nacional e internacional, como el Vex Challenge, y campeonatos de coreografía que la llevaron a competir en Orlando.

—Con tantas actividades extracurriculares, ¿nunca te sientes sobresaturada?
—Como he tenido esta formación integral desde pequeña, ya se vuelve un hábito. Hay ciertos casos donde se cruzan varias cosas: una competencia aquí, otra obligación académica allá. Ahí es cuando toca comunicarme con mi mamá y priorizar. Toca dejar una cosa a un lado un rato y enfocarme en el objetivo principal.
—¿Y cuál es ese objetivo principal ahora que dejas el colegio?
—La universidad. Apliqué a varias y fui aceptada en la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) y en la Universidad de Toronto, la número uno de Canadá. En Ecuador no hay la carrera de ingeniería aeroespacial directamente.
La USFQ me da la opción de estudiar Ingeniería Mecánica y luego especializarme con una maestría en el área espacial. Irme a Toronto a los 14 años es más complejo por la adaptación y el recurso económico. Es algo que me sigo planteando.

Su talento no se queda en las vitrinas, sino que busca el impacto social. Mia es voluntaria en la Fundación Ronald McDonald, donde comparte su equipo de DJ y enseña música a niños con cáncer. Además, ejecutó un proyecto en Puerto Engabao, una comuna pesquera, enseñando robótica básica a niños de 9 a 14 años. "Más que enseñarles sobre circuitos, el objetivo era mostrarles que si se plantean un objetivo pueden lograrlo, que hay oportunidades más allá de su economía local", relata con la seriedad de un adulto.
—Tus límites parecen estar fuera de la estratosfera, pero ¿qué te gustaría retribuirle al país?
—En Ecuador hay muchísimos jóvenes de altas capacidades. Me gustaría concientizar al país de que hay chicos como yo que necesitan satisfacer sus condiciones de aprendizaje y ser escuchados, porque si no pueden llegar a la frustración al sentir que no los entienden. Me gustaría que los colegios puedan identificar y apoyar estas condiciones para que estos chicos tengan las mismas oportunidades que yo tuve.
—¿Cómo te ves a los 20 años?
—Espero haberme graduado de la universidad con la carrera aeroespacial. Todavía no sé en qué país, pero satisfecha personal y académicamente, sin olvidar de dónde vengo y planteándome quién quiero ser mucho más adelante.






