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Caminar sobre adoquines con tacones, es una molestia como se ve en la avenida 9 de Octubre y Tungurahua.Miguel Canales Leon

Adoquines dañados, lejos de mimar al caminante

Los ciudadanos se quejan por la falta de mantenimiento en el centro y Alborada. Peatones se han caído. Incomodidad al usar tacos altos

La falta de mantenimiento de los adoquines en Guayaquil lo sienten en especial las mujeres que utilizan zapatos de taco alto, por los esguinces que se han provocado. El Municipio días atrás arregló uno de los puntos más críticos, en Los Ríos y 9 de Octubre, pero la obra insigne de la regeneración requiere atención también en otros lugares, donde los ciudadanos cuentan que se han caído por los huecos que aún existen.

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Para las oficinistas y ejecutivas es una odisea transitar en calles con adoquines, ellas generalmente usan zapatos de taco. Con que ligeramente esté levantado el material pétreo es un peligro. “Me hice un esguince en el tobillo, en la avenida 9 de Octubre y Rumichaca. No vi que faltaba un adoquín y me tropecé. Me he accidentado dos veces en el centro, en distintos puntos, y por la misma razón”, relata a EXPRESO la ciudadana Alexandra Salazar, quien a diario circula por el lugar. Cuestiona que no exista un adecuado mantenimiento, sobre todo en un área que es turística y regenerada más o menos desde el 2002.

En el punto al que se refiere Salazar todavía hay adoquines levantados.

Otra área que pide atención es la de las calles Tungurahua y 9 de Octubre, allí hasta caminar con zapato de taco cuadrado o bajo es un peligro. “Un mal paso y uno se cae”, dice Sonia Martínez.

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Las bicicletas también se dañan al pasar por los huecos.Miguel Canales Leon

Aunque se arreglaron los daños en Los Ríos y 9 de Octubre, quedan los testimonios de quienes allí se accidentaron. Allí hubo huecos hasta hace una semana. Y los lastimados al tropezarse deben ser algunos, porque a minutos de que está un equipo de EXPRESO en el lugar, un ciudadano se acerca y cuenta su mala experiencia. Augusto Martínez agradece que aún esté con vida. Meses atrás al caminar por allí su pie se entrampó en un hueco, por adoquines dañados. Ese día en breve la luz roja cambió a verde y sintió el miedo de ser atropellado.

Los segundos se volvieron horas mentales, por los pitos que sonaban en conjunto, para apresurar a los autos que decidieron estar estacionados en media calle hasta que Martínez lograra liberar su pie.

Cerca de él están dos mujeres que cuentan lo común que ha sido ver escenas de personas arrodilladas en el piso y sobándose las rodillas, tras las caídas.

Por eso pese a los arreglos, los ciudadanos se quejan de que la incorrecta colocación de los adoquines o las cavidades que aún quedan rompan los zapatos y perjudiquen hasta los huesos (cuando la caída es grave) de los caminantes. Lamentan que en varias zonas la escena y el riesgo sean los mismos. “Se me han dañado, al menos, dos pares porque el taco se mete en las uniones de los adoquines”, se queja la guayaquileña Ingrid Sánchez.

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Daño. En el detalle, la intersección García Moreno y avenida Nueve de Octubre.Miguel Canales Leon

Caminar sobre adoquines no es fácil, el ciudadano trata de movilizarse sin distraerse, para evitar la caída. Andar se complica en los terrenos que no son planos o que no son antideslizantes; porque al pisar mal se puede provocar un esguince de tobillo, que puede exigir estar en casa varias semanas y demanda en unos casos terapia, advierte el traumatólogo Rafael Vargas.

Los ciclistas, choferes y motociclistas, además de las personas que se movilizan con ayuda de un andador o bastón (ver subnota), también se quejan. “Por los huecos se acorta la vida útil del amortiguador de los vehículos, y uno cuesta $ 70”, dice Gabriel Viteri, ciudadano.

Ninguno de los entrevistados, de los que dicen haber sufrido un incidente por un adoquín deteriorado, denunció el hecho, pese a que sí es posible hacerlo en la Fiscalía, tras hacerse un reconocimiento médico legal, explica el abogado Steven Reyes.

ArreglosEn el centro de Guayaquil, según ha quedado registrado en reportajes pasados, se han realizado varios trabajos de rehabilitación. Los ejecutados entre el 2005 y el 2006 costaron $ 700.000.

En el artículo 152 del Código Orgánico Integral Penal (COIP) dice que si como resultado de las lesiones la víctima termina con un daño, enfermedad o incapacidad de cuatro a ocho días, será sancionada con pena privativa de libertad de treinta a sesenta días.

Aquí el aprendizaje es que los adoquines no deben afectar la movilidad de las personas que usan desde tacones o van en sillas de ruedas, o molestar a los bebés que van en el coche. Ocurre un traqueteo cuando la rueda de una silla de ruedas o coche de un niño pasa por las uniones de los adoquines que no están bien selladas, y ello provoca que los infantes lloren y hasta dolor de cabeza, explica la arquitecta Sandra Esparza.

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Adoquines dañados en la avenida José María Egas, frente a la iglesia de la Alborada.CHRISTIAN VASCONEZ

En la calle José María Egas, frente a la iglesia de la Alborada, el escenario es similar, argumenta la arquitecta Lili Carbonell. En este punto Juan Carlos Montenegro, ciudadano, señala que ha visto a tres personas caerse en la Alborada III, hasta él se ha caído en ese lugar.

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Montenegro explica que el paso es obligatorio dado que la acera es angosta, para evitar los huecos hay que caminar por la calle pero con el riesgo de ser atropellado.

Al parecer la atracción de los adoquines es porque al inicio de la obra cuesta un 30 % menos, aunque luego el mantenimiento es más caro por tener menos años de vida útil, frente a un buen hormigón, menciona Silverio Durán, expresidente de la Cámara de Industria de la Construcción.

UN MARTIRIO, CUANDO HAY DISCAPACIDAD

De cómo afectan los adoquines dañados a las personas con discapacidad, ellos lo definen con una sola palabra: martirio.

“En el centro, por la avenida 9 de Octubre, mi bastón se ha metido en los huecos. Son las personas que transitan por allí que me han ayudado a sacarlo. Caminar sobre adoquines dañados aumenta la sensación de inseguridad y el miedo a caer y eso es un martirio”, dice a EXPRESO Luisa Gutiérrez, de 31 años, quien tiene discapacidad visual.

Lo peor es que el adoquín se vuelve una especie de sacapuntas para el caucho del bastón. Así la pieza que debe durar unos cinco meses sirve de dos a tres. “Además de la molestia que genera en la mano cuando uno arrastra el bastón para detectar un obstáculo mientras se camina, hay que gastar más dinero para cambiar el caucho”, relata Miguel Alvarado, persona con discapacidad visual.

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Una persona con discapacidad camina por la avenida Nueve de Octubre.CHRISTIAN VASCONEZ

Otro problema es que en el centro hay rampas que no facilitan la movilidad de quienes utilizan sillas de ruedas.

A finales de agosto de este año, este Diario solicitó al Municipio de Guayaquil y la Autoridad de Tránsito Municipal (ATM) una respuesta a las quejas de la ciudadanía respecto a ese tipo de rampas. Han pasado casi tres meses y no hay respuesta del Cabildo sobre cuánto costaron, cuánto más hay que invertir para arreglarlas y cuándo se va a solucionar el problema. La ATM respondió en septiembre y aseguró que, frente a ello, estaban analizando la condición en la que se encontraban 1.000 rampas en el centro y que este estudio terminaría en 45 días.

Pero aún no es público el resultado, según explica Betzabeth Pilaloa, presidenta de Asociación de Hemipléjicos, Cuadripléjicos y Parapléjicos del Guayas (Asopléjica).