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Diario Expreso Ecuador

Anuncio de toque de queda inquieta a operadores turísticos de Esmeraldas

Empresarios turísticos ajustan horarios y prevén pérdidas ante el toque de queda. Piden resultados en seguridad para justificar el impacto económico 

Operadores turísticos en Same, Atacames, preparan equipos para actividades acuáticas mientras ajustan sus jornadas ante el inminente toque de queda.

Operadores turísticos en Same, Atacames, preparan equipos para actividades acuáticas mientras ajustan sus jornadas ante el inminente toque de queda.Luis Cheme

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La noticia cayó como un nuevo golpe en una industria que apenas intenta sostenerse: el decreto del presidente Daniel Noboa que impone un toque de queda entre las 23:00 y las 05:00, del 3 al 18 de mayo, en nueve provincias, entre ellas Esmeraldas, ha encendido las alertas en el sector turístico, uno de los más sensibles a cualquier señal de inestabilidad.

A pocos días de un feriado clave, la preocupación no es abstracta: se mide en reservas incompletas, mesas vacías proyectadas y noches que, para muchos negocios, simplemente dejarán de existir. Carlos Acosta, vicepresidente de la Cámara Provincial de Turismo de Esmeraldas, lo resume con crudeza: el sector “va a ser afectado directamente”, en especial por la restricción de horarios que golpea el corazón de la actividad nocturna.

Aunque reconoce que el inicio del toque de queda será después del feriado, advierte que el anuncio en sí ya impacta en la decisión de los viajeros. El turismo, dice, “es extremadamente sensible”, y cualquier señal de conflicto o restricción reduce el flujo de visitantes, especialmente desde mercados cercanos como la Sierra o incluso la frontera con Colombia.

En ese mismo tono, Jorge Benítez, operador turístico del sector de Las Palmas, en la capital provincial, plantea una advertencia más estructural: la medida, aunque necesaria en un contexto de inseguridad, debe demostrar resultados verificables. A su criterio, sectores como el turismo, la gastronomía y el entretenimiento enfrentarán impactos directos, sobre todo en fechas de alta demanda como el Día de la Madre. “Si el Gobierno adopta una restricción de este tipo, debe demostrar con resultados que la decisión contribuye a mejorar la seguridad”, insiste, subrayando que sin datos claros la política pública se vuelve difícil de evaluar y, peor aún, de sostener.

Locales gastronómicos en la zona turística de Las Palmas, en Esmeraldas, lucen con baja afluencia mientras el sector se prepara para ajustar horarios ante el anunciado toque de queda.

Locales gastronómicos en la zona turística de Las Palmas, en Esmeraldas, lucen con baja afluencia mientras el sector se prepara para ajustar horarios ante el anunciado toque de queda.Luis Cheme

El ajuste forzado: así se preparan los operadores turísticos

Mientras el debate se instala en el plano político, en los balnearios la reacción es inmediata y pragmática. En Atacames, uno de los principales polos turísticos de la provincia, Pedro Maldonado, propietario de una discoteca, ajusta su operación con resignación: ha decidido reducir su jornada hasta las 21:00 para garantizar que su personal pueda regresar a casa sin infringir la norma. “Nuestro fuerte es la noche. Si cerramos temprano, prácticamente perdemos el día”, explica, mientras reorganiza eventos que ahora deberán trasladarse a horarios vespertinos, una franja que históricamente no genera los mismos ingresos.

En Tonsupa, la historia se repite. José Luis Castro, dueño de un bar nocturno revisa turnos, recorta horarios y replantea su oferta. “Estamos tratando de convertir la noche en tarde, pero no es lo mismo”, admite. Para él, el mayor temor no es solo la reducción de ventas, sino la incertidumbre: no saber si los clientes se adaptarán o simplemente dejarán de asistir. “La gente sale a relajarse de noche. Cambiar ese hábito no es automático”, dice.

En la playa Las Palmas, en la ciudad de Esmeraldas, un restaurantero que no quiso identificarse mira el panorama con cautela. Su estrategia también pasa por anticiparse: abrir más temprano, reforzar el servicio en horas pico diurnas y cerrar antes de las 21:00. “Tenemos que pensar en nuestros trabajadores. No podemos exponerlos”, señala. Sin embargo, reconoce que el ajuste implica sacrificar uno de los momentos más rentables del día: la cena. “Ahí es donde realmente se mueve el negocio”, añade.

El impacto no se limita a estos casos individuales. Según el propio sector, las reservas hoteleras en destinos como Atacames apenas cubren dos días del feriado (viernes y sábado), lejos de los cuatro días esperados. El resto del movimiento será, en su mayoría, turismo local, impulsado por las altas temperaturas y concentrado en balnearios de agua dulce. Una dinámica que, aunque ayuda, no compensa la caída del turismo de mayor gasto.

A esto se suman problemas estructurales que el sector arrastra desde hace años: el deterioro de la vía Quinindé–Esmeraldas, la limitada conectividad aérea y la falta de promoción sostenida. En ese contexto, el toque de queda aparece como una presión adicional sobre una actividad que, como advierten los propios actores, “viene de tumbo en tumbo”.

Pese a todo, hay un consenso que atraviesa a empresarios y autoridades: si la medida logra reducir la violencia y devolver la sensación de seguridad, podría convertirse en una inversión necesaria, aunque dolorosa. Pero si no produce resultados tangibles, el costo para el turismo y para la economía local será difícil de recuperar.

Por ahora, en Esmeraldas, la consigna es resistir. Ajustar horarios, reinventar ofertas y esperar que, detrás de la restricción, llegue finalmente la tranquilidad que durante años ha sido esquiva.

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