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Los niños waoranis entrenan bajo el comando técnico de Javier Quiñónez.Yadira Illescas

Sueños de fútbol en la selva ecuatoriana

Niños y jóvenes waoranis afinan sus destrezas en el balompié en la comunidad de Dicaro, provincia de Orellana, conservando sus costumbres ancestrales

Son recelosos con los extraños, pero muy hábiles a la hora de tocar el balón. Unos llegan sin zapatos, otros totalmente equipados con lonas y hasta polines, pero todos llevan muchas ganas de mostrar su destreza con el balón. Es así como todos los días a las 15:00, niños y adolescentes se agrupan en la verde explanada de kikuyo (pasto) que está en Dicaro, que es una comunidad waorani ubicada en medio de la selva ecuatoriana en la provincia de Orellana. Allí hombres y mujeres se fusionan en la cancha para escuchar atentos a las recomendaciones del tutor, Javier Quiñónez Quiñónez, un esmeraldeño de 32 años que los ayuda a esforzarse por sus sueños.

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Son en total 60 menores, de 6 a 17 años de edad, que han encontrado la alegría en el fútbol en la escuela que auspicia la Junta Parroquial de Cononaco, del cantón Aguarico. La escuela funciona en medio de la selva, cuyos habitantes son de la nacionalidad waorani, con ancestros nómadas que se dedicaban a la caza y pesca.

Mientras se preparan para el entrenamiento, los alumnos se hacen bromas en el idioma madre que es el wao terero, pero también se comunican en español para darse a entender con el entrenador.

Cuando las actividades de campo inician, como parte de la actividad lúdica, se identifican con sus animales preferidos de la selva.

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Los pequeños futbolistas conservan su cultura.Yadira Illescas

Sany Avilés a sus diez años se considera como el mono araña, con sus ojos saltarines está atenta a cada balón que llega a sus manos. Ella juega en el medio, pero también va de portera. En cambio Marcelo Gaba, de 10 años, admira mucho al juvenil ecuatoriano Piero Hincapié y dice que es hábil como el jaguar, porque defiende mucho su espacio y trata de quitar la pelota. Elizabeth Taroide, con apenas nueve años, dice ser tan veloz como el venado. De grande también le gustaría seguir jugando e integrar un equipo profesional. José Coba, de 11 años, se compara con el mono machín, porque le gusta arrebatarle el esférico al contrincante, tal cual lo hace el mono con sus travesuras.

Minkaye Orengo Enomenga, de diez años, se identifica con el jaguar, por la velocidad. Precisamente él, junto a Alejandro Omehuay y Wepe Caigua, de 12 años, fueron los tres primeros que pasaron la prueba en la Federación Deportiva de Orellana y están en la mira para ser parte en las próximas olimpiadas deportivas.

Enkery Dagua es parte de la liga de adultos, mencionó que brindan todo el apoyo a los niños, ya que antiguamente no le prestaban tanta importancia a este deporte.

Cuando estoy jugando fútbol parezco un venado, porque me gusta correr, aprovechar mi velocidad y anotar goles

Elizabeth Taroide, jugadora

En la escuela de fútbol, Javier Quiñónez, a más de enseñarles sobre el deporte, se encarga en especial de formar a cada niño y adolescente a ser mejor persona y responsable. De igual manera, les inculca los estudios y está pendiente de la alimentación y sean buenos hijos con valores.

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“Mi énfasis es primero en formar al niño con la disciplina y después la técnica y táctica del deporte. Soy el profesor de fútbol, pero ante todo el amigo, consejero y psicólogo. También aprendo de ellos y de su cultura que me enriquecen en lo personal”, manifestó Quiñónez, quien en ocasiones se ha encargado de conseguirles zapatos de lona y les ha preparado comida, para quienes solo toman la chicha antes del entrenamiento.

Enkery explicó que la chicha de yuca es una bebida ancestral y tradicional que la consumen a diario en las comunidades, pero que pese a que da vitalidad al cuerpo, no es suficiente para ayudar al crecimiento de los pequeños. Por eso inculca la sana alimentación, con los propios productos que cultivan en el campo para que tengan mejor rendimiento en el campo.

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Elizabeth Taroide, de 9 años, anhela integrar un equipo profesional.Yadira Illescas

Freddy Avilés, vicepresidente de la Junta Parroquial, expresó que el proyecto busca motivar a los menores a que se esfuercen siempre por cumplir sus sueños, pero resaltando sus raíces y costumbres culturales.

Los ‘wao’, con talento para proyectarse

Dicaro es una de las comunidades waoranis que más acceso tiene la gente colona (hispanos) ya que están rodeados de varias compañías petroleras y por eso han adoptado también el español, aunque algunas jergas se hace complicado entender. Para entrar a este sector del país, se lo hace por la vía terrestre y marítima. Existe una distancia de cinco horas aproximadas al Coca, capital de Francisco de Orellana, pero si de ahí desean dirigirse hasta Aguarico que es la cabecera cantonal, el recorrido se lleva tres horas más, porque allá el acceso solo es por el río Napo.

En esta zona hay muchos niños y jóvenes muy hábiles. La meta es sacar a un representante de este lugar para el fútbol nacional.

Javier Quiñónez, entrenador

Los waoranis son un pueblo que habitan dentro de la selva amazónica entre la provincia de Orellana, Sucumbíos y Pastaza. Aún existe un grupo que no son contactados y se defienden con lanzas de quienes consideran invasores. Habitan dentro de la zona protegida del Parque Nacional Yasuní, uno de los pulmones verdes más importantes del planeta.

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Los futbolistas durante las sesiones de entrenamientos.Yadira Illescas

En los cuatro meses que tiene trabajando Quiñónez, ha logrado descubrir a sus mejores promesas y participar para la Liga Indígena donde se ubicaron en segundo puesto en la Amazonía. También llevó-hace un mes- a cinco niños a probarse en la Federación Deportiva de Orellana para que los consideren en los juegos nacionales.

De los cinco, tres pasaron la prueba como las futuras promesas del fútbol de esta nacionalidad indígena amazónica. “En el pueblo waoranis hay mucho talento y habilidad, pero es lamentable que los clubes profesionales no miren para esta parte del país. Independiente del Valle ha enviado a observar, pero no deben centrarse solo en las capitales de las provincias. El cantón Aguarico tiene semilleros, deben darles una oportunidad”, agregó Quiñónez.