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Promesas que se perdieron del radar

EXPRESO cuenta la historia de cuatro futbolistas ecuatorianos con un arranque de carrera estelar y un final con poco ruido

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Miker Rodrígiez (c) y Víctor Montoya (d) tenían una gran proyección a temprana edad.Archivo / EXPRESO

El fútbol ecuatoriano está plagado de historias de futbolistas que han iniciado su carrera llenando las expectativas del público, pero que con el tiempo se despidieron de ese estatus y terminaron fuera del foco. Cuatro futbolistas que arrancaron siendo jóvenes están entre ellos y, pese a no levantar el polvo esperado, ese deporte sigue siendo parte de su día a día. 

Mike Rodríguez, Pablo Portugal, Víctor Montoya y Ángel Escobar fueron jugadores que cuando aparecieron no solo causaron asombro por su prematuro debut, también por el aporte que le podían dar al club y su alentadora proyección. 

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Cada uno cuenta su historia y cómo las circunstancias los fueron alejando del deporte que tanto aman, porque al final ellos no han abandonado al fútbol y el fútbol no los ha abandonado a ellos.

Desde decepciones por raros asuntos monetarios, a falta de confianza por parte de entrenadores y hasta lesiones. Son las razones por las que estos jugadores se desvanecieron del mundo fútbol sin dejar rastro.

El único que hasta el año anterior continuaba jugando profesionalmente era Mike Rodríguez. Los demás siguen ligados, pero fuera de la cancha. Como entrenadores o formadores de talentos, algo que tiene en mente también el anterior 10 de Barcelona. 

Mike Rodríguez: Encontró tarde la confianza

El mundo del fútbol lo identifica con ese apodo de la Eterna Promesa. Y es que Mike Rodríguez llegó al primer equipo de Barcelona con tan solo 16 años y mostrando una calidad técnica que no era tan usual de ver en el fútbol nacional. Cumplía el rol de juvenil, pero en la cancha no parecía uno. Se alejó de las luces de Barcelona y firmó su mejor campaña en Macará por un aspecto clave en este deporte: la confianza.

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    Mike Rodríguez estuvo varios años defendiendo la camiseta de Barcelona.Archivo / EXPRESO
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    Rodríguez actualmente estudia para ser entrenador. El año pasado jugó en Everest.Amelia Andrade / Expreso

“A mí lo que más me afectó fue no contar con la confianza de un entrenador. Si tienes eso tienes estabilidad para todo y te hará rendir al máximo y eso solo lo tuve en Macará cuando me dirigió el Camello Gómez y pude jugar 38 partidos. En Barcelona muy pocos me dieron esa confianza, además de que era en una época en la que se cambiaba mucho de técnico”, explica el jugador de 31 años. Haber experimentado esto le sirvió para lo que planea en su futuro: ser entrenador. “Ahora que estoy estudiando para estratega valoro mucho la psicología deportiva, el coaching deportivo y cómo motivar al jugador. Como DT uno debe ver eso y en mi caso solo había eso de que había que jugar y jugar bien”, defiende.

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Con el tiempo, el tema económico también cambió, ya que pasó de ganar como un jugador de Barcelona a uno de Segunda Categoría. Reconoce que el deporte se privó de tener un mejor Mike Rodríguez y que hoy le diría a ese joven de 16 años “que se divierta más al jugar fútbol, que no piense tanto en la exigencia de llegar más lejos”. Y añade: “Era un jugador técnicamente muy bueno y lastimosamente a veces no desarrollaba mi técnica por lo que pedía el entrenador”.

Pablo Portugal: Quedó al margen y su carrera se mermó

Pablo Portugal convenció a los dirigentes del Barcelona cuando enfrentaron a la selección Sub-16 de Milagro en el 2005. Con 15 años llegó a Guayaquil. 

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Pablo Portugal (de naranja a la izquierda) entrena a las formativas de Nueve de octubre.Cortesía

En 2007 ascendió a Primera y ese mismo año debutó. Era el juvenil promesa, pero luego faltaron oportunidades. Cuenta que cuando caminaba rumbo a la cancha, el técnico le ordenó que se quede en la banca, porque debía hacer jugar a otro juvenil, que iba a ser observado por empresarios extranjeros. “Eso me resintió un poco, porque venía jugando de titular y me sentaron. Pero vivo agradecido con Barcelona, porque viví una gran etapa en mi vida deportiva”, sostuvo.

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En 2009 pasó a River Ecuador. “Aquí me fue bien, incluso pasé a ganar más y logré comprar mi casa”, relató el milagreño que con 31 años está retirado del fútbol.

Luego de su paso por Imbabura Sporting Club, Huaquillas Fútbol Club, Orense, Fuerza Amarilla, Anaconda, Unibolívar y finalmente Duros del Balón, encabezó un proyecto con este último club. “Contraté al DT Janio Pinto, incorporé a Bryan Rodríguez, Mike Rodríguez y logramos el ascenso a Primera B”, dijo. Ese año colgó los botines, cuando estaba por los 29 años.

“Más me interesó ser entrenador y por eso dejé de jugar. Espero algún día volver a Barcelona, pero como DT”, sentenció Portugal Parodi que está hoy al mando de la Sub-12, 14, 16, y 18 de Nueve de Octubre.

Ángel Escobar: Una extraña propuesta marcó su adiós

Tenía 31 años cuando se alejó del fútbol profesional, todo por algo que le produjo una decepción, que derivó en la tajante decisión de Ángel Escobar. 

“Todos me hacen la pregunta de por qué me retiré. Estaba en Olmedo, antes había sido campeón con el Quito, un entrenador me llamó para que sea parte de su equipo para la próxima temporada, había llegado a un acuerdo para irme a ese equipo, pero pasó algo raro.

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    Pajarito Escobar tenía una gran habilidad con su zurda.Archivo / EXPRESO
  • Ángel-Escobar
    Actualmente es entrenador y trabaja como representante de futbolistas.Cortesía

 Cuando iba a hablar con la dirigencia en enero, me dijeron que no se iba a dar. El entrenador que me llevaba quería llevar una parte del dinero. No fue directo, pero me dio a entender eso, pero eso no iba conmigo, ni con mis principios. Jamás le iba a dar un dólar de mi sueldo a un DT. Me retiré con la frente en alto de las canchas”. 

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Dice que no se arrepiente de lo que hizo, tuvo un paso por Panamá, Barcelona, Macará, D. Quito y Olmedo. Sus mejores años los hizo en el Ídolo y con los chullas.

Siente nostalgia cuando su hijo pequeño le dice que no lo vio jugar, solo lo puede mirar en los recortes de periódicos y revistas. “Me chocó cuando mi hijo me dijo que le habría gustado verme jugar y contarles a mis nietos lo que hacía en la cancha. Dios sabe cómo hace las cosas”, dice Ángel que ahora tiene una escuela de fútbol en Milagro y trabaja para ser representante de jugadores. Busca entrar al mercado japonés.

Víctor Montoya: La lesión lo frenó en una época clave

No es muy común ver un zaguero central que con 19 años tenga un lugar en Primera División y en el equipo principal. Pero así fue como la vida recompensó a Víctor Montoya, quien muy temprano se rodeó con defensores de elite como Samuel Vanegas, Iván Hurtado, Segundo Matamba, Carlos Castro y otros. Pero qué fue lo que sucedió para que su imagen se desvaneciera.

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    Montoya (i) además de debutar muy joven en Barcelona, tuvo la oportunidad de ser subcampeón con Emelec en 2012.Archivo / EXPRESO
  • Víctor -Montoya
    Montoya tiene dos escuelas de fútbol que maneja con su padre.Cortesía

“Me hubiera gustado jugar un poco más de tiempo. Cuando tomé la titularidad y me sentía afianzado en Barcelona justo me lesioné y me mantuvo siete meses en recuperación, casi un año paralizado y esa ventaja es muy grande para darla en Barcelona. Uno joven puede jugar si se mantiene, pero estar tanto tiempo sentado mermó las posibilidades que tenía de ese despunte y me llevó a tomar la decisiones de ir a otros clubes”, relata.

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Tras su inicio en Barcelona pasó por Azogues, Manta, Emelec, Ferroviarios y terminó en 2015 en Guayaquil Sport. Pero su vínculo con el fútbol está más latente que nunca y formar jugadores es su nueva pasión.

“Empecé en este proyecto con mi papá que me acompaña. Con dos escuelitas de fútbol nosotros formamos niños de 5 hasta los 15 años más o menos, les enseñamos la parte técnica para que a cierta edad ellos estén preparados para el fútbol profesional de Segunda Categoría”, cuenta.

Aunque es barcelonista, reconoce que jugar en Emelec le trajo grandes momentos y fue allí donde logró ser subcampeón nacional. Montoya, además, fue parte de un microciclo de la Tri con Luis Fernando Suárez a la cabeza.