Ciencia y Tecnologia

Un estudio de las defensas animales intenta desarrollar tratamientos para el coronavirus

El proyecto no está listo aún, pero los científicos se han dado cuenta de que ya ha generado anticuerpos activos contra el SARS-CoV-2.

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El proyecto no está listo aún, pero los científicos se han dado cuenta de que ya ha generado anticuerpos.EFE

Ya se ha hablado en múltiples ocasiones sobre el posible origen animal del coronavirus. Y un equipo de científicos está centrado precisamente en ese dato para continuar desarrollando estudios que les permitan encontrar una cura. El proyecto llamado "Iniciativa para la Anticipación y Preparación para la Zoonosis" no está listo aún, pero los científicos se han dado cuenta de que ya ha generado anticuerpos activos contra el SARS-CoV-2.

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Este grupo se ha dedicado los cinco últimos años a desarrollar una serie de tecnologías capaces de producir una cura para prácticamente cualquier virus nuevo y asegura que  podría tener tratamientos listos para ensayos clínicos en pacientes con coronavirus a finales de año. 

En la naturaleza, y en especial en los mamíferos, acechan cientos de miles de virus con potencial para saltar a los humanos. Solo en los últimos 30 años se han producido 20 de estos fenómenos. “Los investigadores llevan decenas de años intentándolo, en especial en lo referente a la gripe (sin resultados). Pero quizá podamos reaccionar con mucha mayor rapidez cuando algo comience”, señala Jean-Christophe Audonnet, coordinador del proyecto.

Cuando un patógeno ataca, el sistema inmunitario organiza una respuesta en dos fases: una genérica instantánea, y otra más lenta adaptada al patógeno específico. En la primera respuesta, las células liberan interferón, una advertencia a los tejidos del cuerpo para que produzcan hasta 350 proteínas diferentes con la esperanza de que frenen el virus.

La colaboración público-privada entre 20 organismos, a la que ahora se le suma la financiación de la Comisión Europea, ha conectado diversas tecnologías para construir un canal rápido que en uno de sus extremos permita introducir el código genético de un nuevo virus, y al cabo de unos meses, ver salir por el otro extremo miles de vacunas o anticuerpos.

La idea es tener un herramienta común que siempre sea la misma, que podamos almacenar, y en el momento en el que se produzca una crisis solo habrá que añadir la parte específica correspondiente al nuevo virus.

Jean-Christophe Audonnet, coordinador del proyecto. 

Los miembros del equipo construyeron el canal tecnológico para responder a tres virus distintos: la fiebre del valle del Rift, que afecta a humanos y ganado; el virus de Schmallenberg, que afecta al ganado; y el coronavirus que provoca el MERS-CoV, cuyo primer brote infeccioso en humanos se dió 2012. 

Estos investigadores buscan desarrollar vacunas para los animales domesticados, en parte para combatir la devastación económica que produce la pérdida del ganado y en parte como barrera que impida que las enfermedades salten del ganado a los humanos. También quieren producir anticuerpos con los que tratar directamente a los humanos. 

El proyecto ha producido anticuerpos para las tres enfermedades y está diseñado para entrar en acción siempre que aparezca un nuevo virus. Está pensado para que pueda responder a aproximadamente el 90% de todos los virus emergentes posibles.

El canal tecnológico entra en acción una vez que se ha descifrado el código genético, lo que por lo general tarda unos días a partir del momento en que se descubre la infección. A continuación, necesitan encontrar un fragmento del virus capaz de desencadenar una respuesta inmunitaria y que pueda utilizarse para crear una vacuna.

El proyecto intenta acelerar este proceso utilizando algoritmos informáticos que, basándose en bancos de información, predicen cuál es la porción más pequeña de la envoltura de cualquier virus capaz de seguir desencadenando una fuerte respuesta inmunitaria. El equipo descubrió que este sistema, permite determinar con rapidez la mejor subunidad del virus para la siguiente fase.

El equipo quedó sorprendido al descubrir un potente mecanismo de defensa común a todos los animales sometidos a estudio: murciélagos, camellos y ratones.

Para el siguiente paso, necesitan encontrar un transporte capaz de introducir en el cuerpo cualquiera de estas subunidades. Establecer un enlace fuerte entre el fragmento que provoca la respuesta inmunitaria y su vehículo de transmisión ha sido durante mucho tiempo un problema. La solución estaba en un ‘superpegamento’ proteínico descubierto por científicos de la Universidad de Oxford, Reino Unido, en 2012, que permite encajar como un lego, cualquier subunidad viral.

La estructura formada con el superpegamento forma la base de una buena vacuna, pero el equipo también quería fabricar anticuerpos de respuesta rápida para tratar a los pacientes. Después de mucho ensayo y error, descubrieron que el método más rápido era administrar su propia vacuna nueva a animales. Los anticuerpos de la respuesta inmunitaria resultante podían ser cosechados y copiados.

Lo hicieron empleando una tecnología inventada por uno de los participantes en el proyecto –Harbour Antibodies, una empresa holandesa de biotecnología– que ha desarrollado ratones genéticamente modificados para disponer del repertorio de genes necesario para fabricar anticuerpos humanos. 

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HONGOS

El equipo también está explorando el potencial de un hongo, desarrollado también por otro participante en el proyecto, Dyadic, capaz de producir vacunas y anticuerpos en cantidades insólitas y acelerar aún más el proceso de fabricación.

Audonnet cree que el canal creado por la ZAPI puede reducir enormemente el tiempo necesario para disponer de vacunas para animales y anticuerpos para humanos. No obstante, el doctor matiza que esto no significa que estos tratamientos y vacunas puedan desarrollarse en un periodo de tiempo tan corto. 

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Más a largo plazo, también se plantea la perspectiva de tener listos anticuerpos de amplio espectro para la próxima epidemia, si procede de la misma familia. “Creemos que realmente podemos generar anticuerpos que ofrezcan protección cruzada contra diferentes coronavirus beta humanos, de modo que no haga falta buscar un nuevo anticuerpo para el siguiente, sino que dispongamos de un anticuerpo listo para su uso”, afirma Audonnet.

“Lo que vemos ahora con el nuevo coronavirus es, diría yo, muy excepcional”, opina Volker Thiel, virólogo de la Universidad de Berna, Suiza. “Por lo general un virus no se adapta bien a un nuevo anfitrión”. Thiel dirige un proyecto denominado COV RESTRIC, que ha estado investigando en qué manera difiere la respuesta de las especies animales ante el ataque de diversos coronavirus.