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El confinamiento brinda la oportunidad para analizar el impacto humano en el comportamiento de los animales.thomas mueller

Confinamiento: ¿Cómo afecta la actividad humana a la vida salvaje?

El cuarentena ha brindado a científicos la oportunidad de analizar los efectos de la disminución de la actividad humana en el comportamiento de los animales

Cada año llegan a la costa oriental de India miles de ortugas Ridley en grave peligro de extinción para desovar. Este año, la mayoría de los millones de animales nacidos ha logrado llegar al mar sanos y salvos, un hecho insólito en décadas.

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El confinamiento humano redujo al mínimo las causas más importantes de mortalidad: el tránsito en las carreteras cercanas a la playa y los barcos de pesca.

Que los humanos hayamos pasado casi tres meses encerrados en casa para detener la expansión del SARS-CoV-2 ha afectado a la vida salvaje del planeta y ha brindado a los científicos una oportunidad única para estudiar el impacto que nuestra actividad tiene sobre los animales.

Debido a esto los investigadores han formado la “Iniciativa de biomonitoraje COVID-19”, que tiene por objetivo investigar el movimiento, comportamiento y niveles de estrés de los animales antes, durante y después del confinamiento.

Utilizarán los datos obtenidos de los dispositivos electrónicos de monitoreo colocados en animales y sistemas de satélites que ya se utilizaban para estudiar especies previo a la pandemia.

“Entender el impacto que la actividad humana tiene en la vida salvaje es una cuestión de crucial importancia no solo por temas de conservación, sino también para prevenir futuros problemas de propagación de enfermedades”, explica a la agencia SINC, Christian Rutz, investigador del Centro para la biodiversidad biológica de la Universidad de St Andrews (Reino Unido) y autor principal del artículo científico que anuncia esta iniciativa, publicado en Nature Ecology & Evolution.

Este consorcio internacional integrará una ingente cantidad de resultados de una gran variedad de especies marinas, de aves y mamíferos para captar una imagen global de los efectos del confinamiento.

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LA INICIATIVA

Durante el confinamiento, Rutz empezó a ver a través de redes sociales fotos y vídeos de animales que disfrutaban de espacios hasta entonces ocupados por humanos: desde pumas en el centro de Santiago de Chile a delfines en las aguas costeras inusualmente calmadas de muchas ciudades del globo.

Entonces propuso a la comunidad científica sumar esfuerzos para estudiar los cambios en especies en las distintas partes del mundo. A los pocos días había recibido respuesta de cientos de investigadores sumándose al proyecto y ofreciendo más de 200 conjuntos de datos para analizar.

Evaluaremos el impacto de la movilidad y actividad humana en especies y ecosistemas. Integraremos una enorme variedad de información procedente de programas de monitorización de especies, de áreas protegidas, redes de sensores y ciencia ciudadana”, explica Carlos duarte, frente del Centro de Investigación del Mar Rojo, y apunta que también pretenden analizar impactos como el aumento de plásticos de un solo uso utilizados para fabricar productos para la protección humana en la pandemia; o el efecto de la caza ilegal.

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LOS RESULTADOS ESPERADOS

Vamos a poder responder preguntas que antes era imposible incluso plantearnos. Investigaremos, por ejemplo, si los movimientos de los animales en los paisajes actuales se ven afectados de forma predominante por las construcciones o la presencia humana”, afirma en una nota de prensa Matthias-Claudio Loretto, investigador del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal en Radolfzell (Alemania).

También esperan identificar qué especies están muy afectadas por la actividad humana pero aún tienen capacidad de responder al cambio y cuáles son muy vulnerables; asimismo, pretenden establecer los umbrales críticos a partir de los cuales las alteraciones causadas por las personas tienen efectos perjudiciales en el comportamiento animal, alteran las dinámicas en los ecosistemas y eso, a su vez, tiene un retorno negativo en el bienestar humano.

“En este confinamiento, los humanos hemos sufrido el impacto psicológico y emocional de estar confinados, de no poder disfrutar de la naturaleza. Esperemos que eso nos haga entender mejor y sentir más empatía por animales confinados habitualmente debido a nuestra presencia y actividad, para que eso impulse un nuevo arranque, que debería ser verde y azul, y más compasivo con las especies con que compartimos el planeta”, concluye Duarte.