Mente

Cómo decir adiós en medio de la pandemia

Perder un ser amado es un golpe duro, no despedirle ni estar con la familia para consolarse, pero hay recursos psicológicos y espirituales que ayudan.

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La forma dramática en la cual uno se separa en tiempos de coronavirus, puede repercutir en la estabilidad emocional de una persona.Archivo Shutterstock

El 16 de abril, el presidente Lenín Moreno decretó duelo nacional por los compatriotas fallecidos por el COVID-19. Aunque antes de esa fecha ya en muchos hogares ecuatorianos, el luto se hacía presente. “Hay sufrimiento por separarse de los seres queridos de forma dramática”, indica la psicóloga clínica Cecilia Bayas Arellano, quien señala que al país le ha tocado despojarse de sus amados y también de sus tradiciones: el velorio, oraciones, café, ceremonia religiosa y reunión familiar.

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Esto puede repercutir en la estabilidad emocional de una persona y se acentúa si hay antecedentes que predisponen al mal manejo del duelo, como lutos no superados, traumas, marcas del pasado, culpas de sucesos (anteriores o actuales) que incluyan o no al ser querido que partió. “No estamos preparados para desligarnos de ellos sin una ceremonia y sus rituales. Pero hay que aceptar nuestras limitaciones para controlar la situación y reconocer que se agotó todo lo que humanamente pudimos hacer”.

De no hacerlo se puede presentar la pérdida del equilibrio emocional, cambios del humor, estrés postraumático, ansiedad, insomnio y depresión.

Por eso es fundamental un plan de acción. “Si un familiar está decayendo en su salud hay que proteger a los más frágiles, los niños, sin perder el control delante de ellos porque los podemos marcar negativamente. Asimismo, hay que cuidar a los que tienen problemas de salud como la hipertensión, tener sus medicinas a la mano y calmantes que se puedan tomar para el momento trágico”.

¿Cuándo buscar ayuda profesional? Cuando el sujeto no se desempeñe bien en las labores familiares o sociales, pierda el control de las emociones, tenga variaciones bruscas de su humor y conflictos constantes con los más cercanos.

5 pasos para afrontarlo

La experta en salud mental comparte las siguientes recomendaciones:

  1. Conocer las etapas del duelo: Reconoce en cuál te hallas en negación -aceptación - superación. En la negación aparece la ira, impotencia y frustración, dependerá de tu inteligencia emocional no estancarte y enfermar.
  2. Identificar las emociones: Así le das nombre a lo que estás sintiendo; y fíjale un tiempo, porque si no lo sueltas retrasas el proceso y afectas a su salud emocional. Evita la culpa y la falta de perdón de lo que haya pasado con tu familiar.
  3. Buscar cerrar la despedida: Si no pudiste decir adiós realiza rituales sustitutos. Si lo haces de manera familiar, reúne a los más allegados de quien partió por videoconferencias. Pueden orar y conversar. Que haya una organización previa y el encargado sea la persona con mayor control. Elude discusiones y desacuerdos. Si lo haces de forma personal, escribe una carta en la que expreses todo lo que sientes, si tienes que pedir perdón o perdonar, apuntarlo. O graba una nota de voz en tu celular si quieres exteriorizarlo con palabras. Recapitula tu vida junto a tu familiar, te reconfortará.
  4. Elegir un lugar u objeto representativo: Si no le han dado cristiana sepultura aún, selecciona un sitio o elemento sustituto como una foto, guarda en una caja objetos que lo representen, siembra un árbol en una área disponible, esto es temporal hasta que tenga su lugar en un cementerio. De no tener el cuerpo, que ese espacio sea permanente, siempre, previo acuerdo, en armonía con los familiares.
  5. Buscar autorreguladores: No permitas las ideas y sentimientos recurrentes negativos como “todo fue mi culpa”, “si yo hubiera hecho esto” o “porque no le dije aquello”, no parar de llorar, o darte autocastigos de culpa. Busca refugio en tu fe y esperanza. Perdónate y sigue, distrae tu mente con aprendizajes nuevos, termina algún proyecto inconcluso, etc. Cuida tu alimentación y horas de sueño. Automotívate por aquellos familiares que te necesitan.

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Eduviges Ruiz, Manuel Carvajal y Michael González (el trío del centro) fallecieron por causa del COVID-19.cortesía

Mi ayuda viene de DIOS

El 23 de marzo inició la prueba más grande que cambió la vida de los González Carvajal. En la madrugada de ese día, Michael, el padre de familia, experimentó ahogamiento y su esposa Paulina lo llevó de emergencia a una casa de salud. Como empezó a oxigenar bien, lo regresaron a casa. Al siguiente día pasó igual y luego de visitar siete hospitales, uno aceptó su ingreso.

Al mismo tiempo que su esposo se descompensaba en su salud, su padre, Manuel Carvajal (76 años), quien no padecía de patologías, presentaba los síntomas de COVID-19, virus que tomó el 90 % de sus pulmones y le quitó la vida el 25 de marzo, fecha en la que también falleció su esposo.

Posterior a estos duros acontecimientos, su madre Eduviges Ruiz (diabética e hipertensa) sintomatiza, y su hermano, Marco (quien cuidó a su padre) también. Ambos perecen cinco días después de las primeras pérdidas.

Y pese a todo lo que ya estaba viviendo, Paulina y su hermana entran en las estadísticas de los contagiados por el coronavirus. “Tenía fiebre y otros malestares, estaba en shock, no podía ni llorar porque tenía que buscar los medicamentos, íbamos por el mismo camino que mis familiares. Mas la misericordia de Dios me da fuerzas para seguir. Si no fuera por Él me volvería loca, es algo sobrenatural. Hoy me permite contarlo”.

Y lo hace serena, extrañando, pero con gratitud, una palabra que es difícil asociarla a una pérdida y más cuando han sido múltiples. “Dentro de todo este dolor Dios ha estado presente, no permitió que mi madre se entere de la muerte de su compañero de 55 años, permitió que mi ñaño cuide a mi padre, así como papá cuidó a mi abuelo. Y al mes del fallecimiento de mi esposo, mi hija Micaela me cuenta que soñó con su papá, no lo vio delgado por la diabetes, lo vio saludable. Dios le concedió ese sueño para que tenga la certeza de que está con Él. Debemos estar felices porque donde están no hay dolor ni enfermedad, están bien”.

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Refugiarse en la oración y la Palabra es como un ungüento sanador.Pixabay

Asistencia espiritual

Es fundamental y monseñor Luis Cabrera comenta que la Iglesia católica ofrece tres servicios: un folleto llamado Exequias, que presenta sugerencias de oraciones, lectura y demás para compartir en familia. También puede facilitar el nombre de quién falleció para que lo mencionen en una de las misas que se realizan de lunes a sábado, a las 07:00, para ello escriba a arquidiocesiscomunica@gmail.com. Y también puede beneficiarse de acompañamiento psicológico y espiritual, y para recibirlo debe comunicarse al 0981098758 - 0995843284 - 09 82835559.

El pastor Neyo Pin, de la iglesia Galilea, menciona que el ser humano es bio-psico-social-espiritual y todas estas áreas deben ser atendidas. En el campo espiritual a través del acompañamiento empático, las oraciones y las personas de gran significado para los que han perdido a un ser querido. “Serán un soporte de amor, compasión, no de lástima, aquellos que dirijan su mirada hacia un mañana y le recuerden que la vida sigue y hay que vivirla. Sin olvidar que Dios es nuestro eternamente y para siempre; Él nos guiará aun más allá de la muerte”. Entender eso trae consuelo celestial.