
Más allá de la prohibición: el reto de educar en la era digital
La educación mediática emerge como la principal herramienta para enfrentar los desafíos digitales en la adolescencia
En medio del creciente debate sobre el impacto de las redes sociales en niños y adolescentes, la posibilidad de restringir su acceso se ha posicionado como una medida recurrente en distintos países. Sin embargo, especialistas advierten que la discusión no puede limitarse a la prohibición, sino que debe abordarse desde una mirada integral que combine regulación, educación y corresponsabilidad social. En Ecuador, este debate cobra especial relevancia ante el aumento de problemáticas como el ciberacoso, la exposición a contenidos inapropiados y los efectos en la salud mental juvenil.
Una problemática que no se resuelve únicamente con restricción
Ana María Beltrán, decana de la Facultad de Ciencias Sociales, Educación y Humanidades de la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL), sostiene que una limitación legal podría representar “un avance muy importante, pero solo eso, un avance aislado que difícilmente puede considerarse como solución”. Desde su experiencia en investigación educativa, enfatiza que los riesgos asociados a las redes sociales no dependen únicamente del acceso, sino de la forma en que estas herramientas son utilizadas por los usuarios más jóvenes.
En esa línea, la académica subraya que regular el uso de plataformas digitales puede enviar un mensaje social sobre la protección de la infancia, pero su efectividad dependerá de factores clave como la existencia de mecanismos de control reales y la participación activa de familias, escuelas y las propias plataformas. “Prohibir no es lo mismo que educar: un menor sin redes sociales puede continuar siendo vulnerable, pero un menor sin criterios lo va a ser siempre”, afirma.
Limitaciones en las leyes que regulan las redes sociales
El contexto ecuatoriano presenta, además, limitaciones normativas importantes. Según Beltrán, la legislación actual no permite intervenir de manera efectiva en los contenidos que circulan en redes sociales globales, lo que evidencia la necesidad de una regulación más amplia que incluya no solo restricciones, sino también educación mediática y desarrollo de competencias digitales. En ese sentido, plantea que la verdadera transformación pasa por formar ciudadanos digitales críticos capaces de comprender y cuestionar lo que consumen en línea.
La experiencia internacional refuerza esta postura. Países como Francia y algunos estados de Estados Unidos han impulsado regulaciones basadas en límites de edad, pero han enfrentado dificultades en su aplicación fuera del entorno escolar. Frente a ello, los modelos de los países nórdicos han optado por integrar la alfabetización mediática desde edades tempranas dentro del currículo educativo, logrando mejores resultados en la reducción de riesgos digitales. “No se trata de prohibir, sino de educar”, recalca la especialista.
Lugares de riesgo, pero también de educación controlada
Desde otra perspectiva, Margoth Iriarte, vicedecana de la misma facultad, advierte que prohibir el acceso a redes sociales a menores de 15 años, aunque bien intencionado, resulta difícil de implementar en la práctica. “Los niños, niñas y adolescentes crecen en un entorno digital desde muy temprana edad, por lo que la tarea principal no debería ser aislarlos, sino enseñarles a desenvolverse con criterio y responsabilidad”, explica.
Iriarte destaca que las redes sociales no son únicamente espacios de riesgo, sino también de aprendizaje e interacción. No obstante, su uso inadecuado puede generar efectos preocupantes en la salud mental, como ansiedad, dependencia, problemas de sueño y bajo rendimiento académico. Estos impactos, aclara, no dependen solo del tiempo de uso, sino del tipo de contenido consumido y de la forma en que los jóvenes interactúan en línea.
La necesidad de políticas públicas en el país
En este escenario, las políticas públicas enfrentan el desafío de ir más allá de la restricción y apostar por estrategias integrales que incluyan educación mediática, acompañamiento familiar y atención a la salud emocional. La especialista insiste en que la prevención del ciberacoso y la formación en competencias digitales deben ser prioridades dentro del sistema educativo, en coordinación con el entorno familiar.
El rol de la familia y la escuela en la educación de niños y adolescentes
El rol de las familias, de hecho, se vuelve determinante. Lejos de ejercer un control estrictamente autoritario, Iriarte propone un acompañamiento basado en el diálogo, la supervisión y la construcción de criterios. “La clave no está en educar desde el miedo, sino desde la responsabilidad”, señala, destacando la importancia de enseñar a los jóvenes a cuestionar la información, establecer límites y cuidar su bienestar emocional en entornos digitales.
Las escuelas, por su parte, están llamadas a asumir un rol formativo más activo, integrando la educación mediática de manera transversal en sus procesos pedagógicos. Esto implica no solo enseñar habilidades técnicas, sino también fomentar el pensamiento crítico y la interpretación consciente de los contenidos digitales. Experiencias educativas muestran que, con un acompañamiento adecuado, los estudiantes pueden transformar su relación con las redes sociales en una oportunidad de aprendizaje significativo.