
La travesía pictórica de Mariella García: del color a la ancestralidad
Una conversación con la artista guayaquileña sobre procesos creativos, arqueología, memoria cultural y el paso del tiempo
La pintora guayaquileña Mariella García celebra 50 años de trabajo artístico con una obra que se ha transformado a lo largo de las décadas, en diálogo constante con el color, la composición, la arqueología, lo femenino y la experiencia personal. Su trayectoria se construye desde la observación, el estudio y una práctica sostenida que nunca dejó de replantearse a sí misma.
Mariella se formó en Estados Unidos, en la Universidad Católica de Guayaquil y en la Escuela de Bellas Artes, donde llegó al taller de Enrique Tábara. Asistía todas las semanas y allí se enfrentó a su primer desafío, el cual marcaría su camino: pasar de la figuración a un lenguaje más abierto.
Ella ya pintaba, pero le costaba romper las composiciones. “Cuando tú empiezas a romper la figuración, no sabes cuánto parar, no sabes ver, no estás segura”, recuerda. Por eso buscaba a alguien que la guiara y le dijera: ‘Ya está bien’.
En esos primeros años, la atención estaba puesta en el color y en la estructura del cuadro. “La preocupación era la composición y el cromatismo, no el referente real”, dice sobre obras realizadas entre 1974 y 1977.
El giro hacia la arqueología
En 1980 comenzó a estudiar arqueología, un momento clave para comprender su propia pintura. “Cuando empecé a ver los estratos, me di cuenta de que eso era lo que yo ya estaba pintando”, afirma.
Las capas del suelo se convirtieron en una referencia directa para su trabajo pictórico. “Los estratos no son solo de la tierra, también son de los seres humanos. Son capas culturales, emocionales, simbólicas”.
Durante los años 80 y 90, esa idea se integró a la figura humana. Aparecen Venus, cuerpos fragmentados y figuras femeninas insertas en capas superpuestas, como parte de un mismo proceso visual.
Materiales, collage y cambios formales
Con el tiempo, su trabajo incorporó nuevos materiales: telas, papeles, cordones y objetos adheridos al lienzo.
Durante la pandemia, esa libertad formal se hizo más evidente. “No sabíamos qué nos amenazaba, pero sí sabíamos que vivíamos en incertidumbre”, dice sobre una serie realizada entre 2020 y 2022, simplemente con lápices de colores, donde el dibujo se libera del relleno cromático y convive con imágenes superpuestas.
Migración y ancestralidad femenina
Desde 2022, su obra aborda temas como la migración y la ancestralidad femenina. Parte de una búsqueda personal ligada a sus raíces familiares, entre la sierra y la costa.
“Empiezo a trabajar con mujeres, con ríos, con manteles que se convierten en flores. Todo eso habla de origen, de tránsito, de territorio”, explica.
Este interés se conecta con sus estudios previos sobre sociedades prehispánicas, en especial la cultura Valdivia. “Ahí descubro que lo femenino tenía un rol central en la organización social”, señala.
Exponer, premios y validación
Mariella reconoce que exponer nunca fue un objetivo inicial. “Cuando me vi en mi primera exposición en el Museo Municipal, me di cuenta de que ya no podía echarme para atrás. Era un compromiso profesional”. De ese recuerdo tiene presente a Yela Loffredo, un referente cultural importante en el Puerto Principal, quien fue el motor para lograr ese paso.
A lo largo de su carrera recibió premios desde muy temprano. Sin embargo, también enfrentó resistencias. “A las mujeres se las trata con afecto, pero no siempre con seriedad profesional”, reflexiona hoy. Incluso al ganar su primera bienal, enfrentó el rechazo de una minoría que la cuestionaba no solo por ser mujer, sino también por ser considerada ‘burguesa’. “Yo no estaba pensando en vender. Lo que buscaba era validación cultural”, añade.
El libro y la figura materna
Su libro reciente está dedicado a su madre, Jenny Caputi de García. “Mi mamá tenía un ojo crítico impresionante. Investigaba, recortaba, archivaba”, recuerda.
Durante el proceso editorial, Mariella encontró bocetos y dibujos realizados por ella décadas atrás. “Fue descubrir una fuente que siempre estuvo ahí”, dice.
Mirar hacia adelante
Tras cinco décadas de trabajo, la artista evita conclusiones definitivas. “La pintura siempre cambia porque uno cambia”, afirma.
Para las nuevas generaciones de pintores, Mariella tiene un consejo fruto de la experiencia: valorar la guía pero encontrar la voz propia. "Yo le debo todo a mis profesores, pero también hay que alejarse para ser", afirma. Observa, no obstante, una carencia actual: "En otras épocas se rompía con lo anterior sabiendo qué era eso. Hoy veo jóvenes que estudian sin tener idea de lo que se hizo antes".
Para ella, el arte sigue siendo una forma de lectura del tiempo que se vive. “A través del arte se ve cómo piensa una sociedad, qué valora y qué deja de lado”.
Datos de su carrera
- 1977: Premio Mariano Aguilera (Museo Municipal de Guayaquil).
- Exposiciones internacionales: Perú (Museo de la Nación), México, Bélgica, Brasil, Cuba.
- Bienales: São Paulo, La Habana, Valparaíso.
- En 1998 fue Directora de Programas Culturales (Museo del Banco Central) y del 1998–2010 formó parte de la creación y desarrollo del MAAC .
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