Cara de mujer borrosa
La enfermedad mental como construcción históricaFREEPIK

Entender la enfermedad mental: una historia de escucha, interpretación y cuidado

Lo que una persona vive por dentro no siempre se puede medir, pero sí interpretar, nombrar y acompañar

La enfermedad mental no es un fenómeno evidente y estable. Sin embargo, para Germán E. Berrios, psiquiatra e historiador de la psiquiatría, esta noción es profundamente problemática, porque la enfermedad mental no puede entenderse como un objeto natural dado, sino como el resultado de un proceso histórico, conceptual y clínico. Berrios sostiene que la enfermedad mental no existe como una entidad natural comparable a las enfermedades somáticas como una fiebre o una gripe.

En cambio, en psicopatología, lo que se presenta inicialmente son experiencias subjetivas (tristeza, angustia, ideas extrañas, alucinaciones) y conductas observables, que solo se convierten en síntomas cuando son interpretadas dentro de un marco teórico determinado. Es decir que un diagnóstico nunca es un proceso inocente: hay responsabilidad del clínico que lo interpreta y lo designa.

Para Berrios, la distinción entre síntomas y signos es fundamental para comprender el malestar psíquico. Los síntomas mentales no son simples datos objetivos, sino construcciones que surgen del encuentro entre la experiencia subjetiva del paciente y de la subjetividad del clínico.

Cuando poner un nombre no es un acto neutral

El diagnóstico que se da es producto así de una traducción de dos subjetividades, determinadas por categorías históricas, culturales y científicas. Esto explica por qué los mismos fenómenos pueden ser descritos y clasificados de manera distinta según la época o la tradición psiquiátrica.

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Las categorías diagnósticas no son inmutables: aparecen, se transforman y, en ocasiones, desaparecen. Trastornos que en un momento fueron centrales pueden perder relevancia, mientras que otros emergen en función de nuevos marcos teóricos, sensibilidades sociales o intereses clínicos.

En este sentido, la enfermedad mental es inseparable del contexto cultural y del desarrollo del saber psiquiátrico. Tomemos el caso de la histeria: central en el siglo XIX, prácticamente desapareció del DSM en el siglo XX. ¿Se curaron todas las histéricas o cambió nuestra forma de interpretar esos síntomas?

Esto no significa que Berrios niegue la dimensión biológica de los trastornos mentales. Por el contrario, reconoce la importancia del cerebro y de los procesos neurobiológicos. Sin embargo, insiste en que estos niveles no bastan por sí solos para definir una enfermedad mental. Lo mental se sitúa en una zona de cruce entre biología, subjetividad, lenguaje y cultura. La enfermedad mental no es una cosa natural que simplemente se descubre, sino una construcción clínica e histórica, elaborada a partir de la interpretación de la experiencia humana.

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