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Cuando el amor no funcionaFREEPIK

Por qué el amor no nos completa, y qué significa realmente amar

El amor no nos completa: nos enfrenta a nuestra falta y, en ese límite, puede volverse más verdadero y humano

El amor es uno de esos temas que preferimos no conocer demasiado bien. Tendemos a dejarlo siempre a medio decir. Este decir a medias puede ser una forma de protegernos de su verdad más profunda, que Jacques Lacan resumió de manera ejemplar: "Amar es dar lo que no se tiene a quien no es". Dar lo que no se tiene significa ofrecer a la persona amada nuestra propia falta, aquello que sentimos que nos impide estar completos.

Cuando le decimos a alguien "no soy el mismo sin ti", ¿qué estamos haciendo sino admitir una queja velada: "desde que te conozco, ya no puedo volver a ser quien era antes"? En este reconocimiento aprendemos que el amor no se dirige simplemente al otro, sino también a la imagen de nosotros mismos tal como la vemos reflejada en su presencia. El amor, en su primera intención, busca restituir una plenitud imaginada. Y, sin embargo, nos haría un mal servicio si esa intención se cumpliera.

Del enamoramiento a la aceptación de la falta

Afortunadamente, este circuito falla. En el recorrido del enamoramiento aprendemos que la persona amada no puede colmar nuestra falta. Ese proyecto inicial del amor fracasa. Pero es precisamente ahí donde puede volverse verdadero. El amor no se agota en los ofrecimientos ni en las promesas de los inicios.

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Siempre queda un residuo: algo que nos empuja a seguir queriendo, a seguir intentando, a seguir ofreciendo nuestra falta, aun cuando sabemos que no podremos librarnos de ella. Es con ese residuo con lo que se construye un amor que no busca completarnos, sino permitirnos sostener juntos nuestra falta.

Por eso el amor es la piedra angular de toda terapia psicológica. Al iniciar un tratamiento, necesariamente suponemos un saber al terapeuta y, a cambio de ese saber supuesto, ofrecemos nuestro vínculo, nuestra presencia: lo que se llama transferencia. No son pocos los pacientes que manifiestan cariño hacia su terapeuta, pues este ocupa un lugar similar al de la persona amada en relación con la falta: hace hablar de ella, la hace circular, la hace dar la vuelta una y otra vez.

Tanto en la vida como en la clínica, el amor comienza cuando deja de prometer plenitud. Solo entonces puede sostener lo que somos: seres incompletos que buscan no quien los complete, sino quien acepte acompañarlos en esa incompletud.

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