La tía loca | Semana
Simulación con IA de una mujer que ha llegado a los 50 años.IA EXPRESO

Los desafíos y triunfos de cumplir 50: una mirada honesta desde la Generación X

La tía loca relata en SEMANA cómo ha sido llegar a los 50 años

Aunque tengo el umbral del dolor muy bajo, es decir todo me duele, nada me ha causado más malestar y dolencia que el haber llegado a mi quincuagésimo aniversario. Obviamente, la otra opción sería literalmente fatal, así que prefiero pararme firme y tener la frente en alto para mirar a todos y aceptar las consabidas felicitaciones del caso.

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Pertenezco a la Generación X, esa que nació entre 1969 a 1980. He visto desaparecer el disco de larga duración y el compacto. Ante mi mirada se han esfumado las cabinas telefónicas, el teléfono análogo y el inalámbrico. Soy del grupo exclusivo que alcanzó a ver al famoso Tres Patines en televisión en blanco y negro, cuando a la medianoche, cual Cenicienta, desaparecía toda imagen para dar paso al Himno Nacional. Mis padres alquilaron más de 20 veces la película Annie en Betamax y en VHS para distraernos el fin de semana, bailé con Tico Tico y pasé por un puente colgante e improvisado de madera el caudaloso río La Camarona para poder llegar a la ansiada playa.

Me miro al espejo y no veo nada diferente, bueno, solo si me paso de las cuatro semanas para que la peluquera pueda ocultar con el tinte color 9-00 mis maravillosas canas, que vale recordar aparecieron hace más de 25 años, cuando los rayitos las disimulaban con eficacia. No veo arrugas extremas y si bien ya no parezco la Barbie Playera, puedo decir con algo de seguridad que me asemejo a la mamá de la Barbie: hermosa y bien conservada. Hace rato pasé la línea cuando todavía me decían “señorita”; ya no puedo evitar escuchar “señora” y saber con certeza que es a mí a quien hablan.

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Lo que definitivamente me fastidia en sobremanera es ponerme en público los lentes de lectura. Para mí es como el sello de la vejez, la marca de una expiración futura, la moderna letra escarlata que señala con el dedo a alguien que se expulsa de la juventud. Es que estos ojitos azules que algún día pretendieron, sin lograrlo, estar en la televisión ecuatoriana pierden su belleza y esplendor detrás de unos cristales. Cuando estoy leyendo y siento que alguien se acerca, apresuradamente los retiro y tengo que abrir bien los ojos para alcanzar a leer las diminutas letras. Tengo que reconocer que todavía no me atrevo a ir al supermercado con los lentes para poder leer con exactitud las etiquetas de los productos o al restaurante para leer con precisión la carta del menú.

Hace poco me pesé en esas básculas inteligentes que están de moda y que te indican valores como músculo y grasa corporal. La aplicación anunció que tenía 39 años, mucho menos de lo que en realidad tengo, pero no lo suficiente para andar alardeando por ahí. Lo único que me queda es probarme a mí misma que la edad es solo un número y que el mejor incentivo personal es saber que las personas que me rodean me quieren y me miran con ojos de cariño.

Los 50 llegaron para quedarse y espero aguantar muchos más. Ya quisieran dos peladas de 25 parecerse a mí en inteligencia, elegancia y donaire. Porque como dicen por ahí, la vida empieza a los 50.

La recomendación de la tíaAprecia cada momento y no te preocupes tanto por lo que piensen los demás. La vida es demasiado corta para vivirla siguiendo las expectativas ajenas. Haz lo que te haga feliz, rodéate de personas que te valoren y te apoyen, y no te olvides de cuidar tu salud. Recuerda que nunca es tarde para empezar algo nuevo, aprender, y crecer como persona. Vive con gratitud y siempre busca el lado positivo de las cosas.

¿De qué se trata la tía loca? 

La tía loca es una una columna refrescante donde su protagonista, una mujer vibrante y audaz de 50 años, comparte sus vivencias, desafíos y logros al alcanzar el medio siglo de vida. Con un toque de humor, sabiduría y una gran dosis de autenticidad, muestra que la vida después de los 50 está llena de oportunidades, aprendizajes y, por supuesto, mucha diversión.

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