
Actividades para niños en vacaciones: cómo elegir sin presión ni exceso
Este tiempo libre pueden convertirse en un espacio para divertirse y crear recuerdos fuera y dentro de casa.
El timbre escolar está a pocos días de sonar por última vez. Los libros comienzan a cerrarse y las aulas, poco a poco, dejan de estar llenas tras un año de aprendizaje. Con las vacaciones ‘a la vuelta de la esquina’, estos meses libres suelen ser como una pausa en la rutina, pero también pueden convertirse en una oportunidad valiosa para fortalecer vínculos, sembrar hábitos positivos y acompañar el crecimiento emocional y cognitivo de los niños.
Lejos de llenar cada hora con actividades o, por el contrario, dejar que los días transcurran frente al televisor, este tiempo invita a encontrar un equilibrio entre descanso, juego, convivencia familiar y experiencias que despierten su curiosidad.
Sí a bajar el ritmo
Después de meses con horarios rígidos, tareas y exámenes constantes, las vacaciones cumplen un rol clave en el bienestar emocional de los niños. Según la psicóloga perinatal e infantil, Ana Belén Darquea, este tiempo les permite descansar, procesar lo vivido durante el año escolar y reconectar con ellos mismos y sus hobbies.
Eso sí, bajar el ritmo no significa perder el tiempo, sino ofrecerle al cuerpo y a la mente el espacio necesario para recargar energía, estimular la creatividad y regular las emociones. Es por eso que, una rutina flexible se convierte en una gran aliada, sin descuidar las horas de sueño, las comidas o los espacios en familia, que refuerzan y afianzan los lazos.
Aprender sin sobrecargar
Una de las opciones que suelen considerar los padres durante esta época es incorporar cursos o actividades que ayuden a reforzar ciertas materias o habilidades del ámbito escolar que durante el año lectivo requieren mayor apoyo. Según Darquea, la clave está en no saturar la agenda. Antes de llenar los días con clases de matemáticas, física o lenguaje, recomienda combinar de forma consciente las actividades educativas con espacios recreativos, de modo que el aprendizaje se mantenga activo sin convertir las vacaciones en una extensión de la escuela.
Tiempo de calidad en familia
Durante las vacaciones, la presencia de los padres adquiere un valor especial. No se trata de pasar todo el día juntos, sino de aprovechar los momentos disponibles y compartirlos de forma auténtica. Así lo recalca Darquea, quien recuerda que muchos padres tienen jornadas laborales que no siempre les permiten estar todo el tiempo con sus hijos, y comprender esa realidad también es parte del equilibrio. Por eso, explica, las horas libres durante el día o los fines de semana pueden convertirse en espacios clave para realizar actividades en conjunto y fortalecer el vínculo afectivo familiar.
Pero… ¿qué ocurre cuando no existe una disposición natural hacia el juego y soltar al niño interior resulta un reto? Darquea recomienda partir de los propios gustos e intereses para construir actividades compartidas que sean entretenidas para todos. Desde una noche de karaoke, pintar juntos, colocar papelógrafos en el patio o ver el atardecer mientras se cuentan historias, hasta juegos de mesa, moldear plastilina, pintar cerámica o leer en conjunto. “No todo debe estar ligado a lo escolar; lo importante es crear espacios de disfrute auténtico, donde la risa y la complicidad sean los verdaderos protagonistas”.
Los sueños no se heredan
Que una madre haya soñado con ser bailarina de ballet no significa que su hija deba recorrer el mismo camino. En ciertos casos, la elección de los vacacionales para los niños responde más a los deseos no cumplidos de los padres que a los intereses reales de los hijos.
Por eso, Darquea alerta que forzarlos a practicar disciplinas que no conectan con sus habilidades o motivaciones, solo porque forman parte de un sueño personal, suelen generar frustración en ambos, y opina que “padres e hijos pueden compartir intereses y, cuando ocurre, resulta enriquecedor; pero cuando no, respetar la individualidad del niño es clave para que las actividades extracurriculares se vivan como un espacio de disfrute y no como una obligación impuesta”.
Actividades que suman
A la hora de escoger un vacacional o una actividad recreativa, más allá de las opciones disponibles, lo ideal es priorizar aquellas propuestas que realmente aporten al bienestar y desarrollo de los niños, para que sea un espacio de diversión y esparcimiento, y no sea visto como una obligación más. La especialista aconseja:
- Identificar las necesidades individuales: No todos los niños buscan lo mismo. Si se desea fortalecer habilidades sociales, las actividades grupales como fútbol o básquet pueden ser más beneficiosas que deportes individuales. En cambio, para niños con intereses artísticos, propuestas como música, pintura o cerámica en grupo pueden potenciar tanto la creatividad como la interacción social.
- Potenciar talentos ya existentes: Algunos vacacionales ofrecen de todo, pero también es válido elegir opciones que profundicen intereses específicos. Por ejemplo, si su hijo muestra inclinación por el mundo teatral (que ayuda a desarrollar la expresión, la confianza y la comunicación), lo ideal sería fortalecer esa rama con un curso 100 % enfocado a la actuación.
- Explorar áreas que despierten curiosidad: Si no sabe aún qué escoger, programas de STEAM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas), robótica o ingeniería para niños pueden estimular el pensamiento lógico y la resolución de problemas de forma lúdica y adaptada a su edad.
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