Aceptar el dolor y compartirlo: Claves para evitar el sufrimiento
Evadir el dolor puede parecer natural, pero aprender a expresarlo mejora nuestro bienestar personal y social

Psicología. Recibir terapia a tiempo permite no aislarse en los momentos de ansiedad y depresión.
“Evadimos el dolor porque, en cierta forma, como seres humanos, estamos un poquito predispuestos o programados a evitar esas cosas que nos generan malestar", afirma el psicólogo Luiggi Sáenz de Viteri.
El dolor activa una alarma dentro de nosotros. Es fisiológico. Natural. Pero esa programación que nos protege puede convertirse también en una prisión emocional cuando huimos de toda experiencia incómoda. “El asunto quizás está en cuando evadimos todo dolor, a pesar de que algunas experiencias dolorosas o incómodas nos pueden ayudar a crecer”, afirma el experto.
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Luiggi pone ejemplos de que todos hemos vivido alguna vez: el duelo tras una pérdida, la ruptura de una amistad, el adiós a un trabajo. Situaciones difíciles que incomodan, pero que, al ser enfrentadas, pueden conducir a cambios positivos. “A veces evadirlo puede llevarte a hipotecar tu bienestar, por no pasar por ese dolor de dejar atrás eso que ya no te genera felicidad”.
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La evasión, muchas veces, se disfraza de silencio. De aislamiento. "La gente se aísla para supuestamente sentirse mejor, porque pensamos que abrirnos a ese dolor nos va a llevar a más sufrimiento. Bueno, no siempre es así", sostiene.
Aquí es donde Sáenz de Viteri subraya una idea clave: desarrollar conciencia emocional. Es decir, aprender a nombrar lo que sentimos, compartirlo sin miedo y darle espacio en lugar de esconderlo. “Lo importante sería que podamos tener esa expresión emocional naturalizada, en la cual podemos hablar de lo bueno, de lo malo, de lo agradable, lo desagradable”.
Hablar del dolor, dice, no lo agrava, lo normaliza. Y eso hace la diferencia. “Compartir el dolor, ponerlo en palabras o sentirse acompañado por los demás son recursos interesantes que podemos ir desarrollando”.
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Pero no todo recae sobre el individuo. También hay factores sociales que influyen. Vivimos en tiempos de mucho ruido, de velocidad, de filtros y desconexión emocional. "Estamos en una situación bastante convulsionada, que hace que la gente tenga mucho individualismo, mucha facilidad para descartar al otro. Eso de: 'a mí no me sirve eso, no me cuentes estas cosas'", lamenta. Esa actitud, según él, solo refuerza el silencio colectivo.
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El apoyo del grupo social es fundamental
Por eso, además del trabajo interno, también sugiere revisar los contextos que habitamos. "El grupo social, el entorno familiar, hasta lo laboral, todo eso determina nuestra capacidad para poder abrirnos. Si creces en un entorno que acoge, va a ser más fácil o hasta automático incluso, el poder buscar apoyo".
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Acepta que el dolor es parte de la vida no nos debilita, nos humaniza. “Tenemos emociones diversas, formas diferentes de sentir este dolor, y no por eso somos mejores o peores personas”, dice. Lo que sí podemos hacer es identificar qué contextos nos nutren y en cuáles podemos expresarnos sin miedo.
Porque al final, como lo resume el especialista, dejar de evadir el dolor no es rendirse ante él: es empezar a sanar.
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