Video: Así es la travesía, en carro, desde Bogotá a Guayaquil

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Video: Así es la travesía, en carro, desde Bogotá a Guayaquil

Relato de un viaje de 1.516 kilómetros de distancia. Tanto en el lado colombiano como ecuatoriano faltan controles.

Viaje Colombia a Ecuador
El viaje. Durante el trayecto por carreteras ecuatorianas, el vehículo fue inspeccionado solo una vez por la Policía. La revisión fue poco exhaustiva.Óscar Murillo Mojija / EXPRESO

La carretera entre la capital de Colombia y Guayaquil es una culebra gigante que se enrosca en la cordillera de Los Andes. Antes de llegar a orillas del océano Pacífico atraviesa más de 60 ciudades y pueblos de cuatro departamentos colombianos y cinco provincias del Ecuador.

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Ríos, cascadas, frailejones, palmas de cera, atardeceres,  lluvia, curvas peligrosas y 25 peajes hacen parte del periplo.

Hice el viaje en un Mazda 2 modelo 2010. Salí de Bogotá a las 6 de la mañana del miércoles 2 de noviembre y tardé 10 horas en llegar a mi primera parada: Cali.

Aunque pasé por la temida Línea, zona montañosa que conecta al Eje Cafetero colombiano con el país, este fue el trayecto más fácil del camino.

Son carreteras amplias y bien señalizadas. Antes de dejar el poder, el expresidente de Colombia, Iván Duque, recuperó varios tramos de esa vía e inauguró túneles como El Cóndor de Los Andes y La Mariposa, que mejoraron el trayecto.

Eje cafetero
Las vías del eje cafetero colombiano son amplias y hay varios túneles y viaductos.Óscar Murillo Mojica

En esta ruta, en un tramo entre Armenia e Ibagué, fue la única vez que la Policía -en todo el recorrido hasta Guayaquil- inspeccionó el carro.

Tenían montado un retén en cualquier parte del camino y me detuvieron. Uno de los uniformados pidió mis documentos, me requisó y revisó cuidadosamente el Mazda. Luego de unos minutos me habló: “¿Para dónde va?”. “Para Ecuador, para Guayaquil”, le respondí. “¿Solo?”, repreguntó. “Con Dios”, le dije.

No me hizo más preguntas y pude seguir. En Cali pasé la noche en la casa de un amigo y el    3 de noviembre, a las 7 de la mañana, salí rumbo a Pasto, capital de Nariño.

ZONA DE CONFLICTO

Para llegar a esta ciudad tenía que recorrer el Valle del Cauca, Cauca y Nariño, una región donde grupos criminales libran una guerra por el control territorial y las rentas del narcotráfico.

Carretera Bogotá Guayaquil
En el recorrido se pasa por 4 departamentos de Colombia y 5 provincias del Ecuador.EXPRESO

Las palabras disidencias de las FARC y ELN aparecen escritas en muros y señales de tránsito, y hay menos peajes que en el interior de Colombia.

Justamente, días atrás, en una de las vías que conecta a Popayán (Cauca) con el Huila, fue atacada la senadora indígena Aida Quilcué. Hombres en una moto le dispararon al menos en seis ocasiones a su vehículo. La parlamentaria resultó ilesa por la agilidad de sus escoltas, pero el hecho dejó en evidencia la crítica situación que se vive allí.

El camino entre Cali y Pasto tiene, además, largos trayectos en obras. Incluso, en Chachaguí, Nariño, hubo un trancón de más de una hora para pasar por un improvisado puente de acero que está puesto provisionalmente sobre un abismo.

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No hubo puestos militares o de la Policía en todo el trayecto, y la belleza de las montañas y riscos contrastaba con la pobreza de los cambuches al lado de la carretera.

Nariño
En las vías de Nariño hay tramos en obras que generan trancones.Óscar Murillo Mojica

Después de casi 10 horas de camino arribé a la fría capital nariñense. Pasé la noche en un hotel y, el viernes 4 de noviembre, viajé a Quito. Sin embargo, antes debía detenerme en Ipiales, el último pueblo colombiano antes de llegar al puente internacional de Rumichaca.

Ipiales parece una ciudad ecuatoriana. En el parqueadero donde dejé el carro, mientras buscaba una casa de cambio, solo había vehículos con placas del Ecuador. Varios negocios reciben dólares e incluso vi personas con camisetas del Barcelona de Guayaquil.

Mi viaje coincidió con el feriado más largo del año en Ecuador y, por el devaluado costo del peso colombiano, muchos nacionales pasan la frontera para turistear y comprar ropa y tecnología más barata.

PASO POR MIGRACIÓN

De Ipiales al puente Internacional de Rumichaca hay 10 minutos. El trámite migratorio en el lado colombiano fue fácil: Presenté mi pasaporte y sellaron mi salida.

Sin embargo, al paso por el puente, militares ecuatorianos me detuvieron. Lo que creí que sería una inspección exhaustiva del Mazda y una verificación de mis documentos resultó ser una amable conversación.

Rumichaca
Este es el paso por el puente de Rumichaca.Óscar Murillo Mojica

Los soldados solo me preguntaron a dónde iba, miraron por encima el carro y me dejaron seguir. Parqueé a un costado de las oficinas migratorias e inicié el trámite.

Por ser feriado había una fila que daba hasta la salida del lugar. Hacía calor y la gente tenía poca paciencia. Insultaban al policía que cuidaba las oficinas de Migración Ecuador y lo acusaban de dejar colar gente por algunos dólares.

Después de esperar casi tres horas, finalmente sellé mi ingreso. De inmediato solicité el permiso del carro, que tardó unos 45 minutos, y me interné en Ecuador.

Aunque el proceso fue lento, creí que sería más difícil. Llamó mi atención que no verificaran mi equipaje. Antes de viajar leí noticias sobre explosiones en gasolineras, policías asesinados y un estado de excepción en tres provincias.

Vías Ecuador
En general, el trayecto contó con vías en buenas condiciones.Óscar Murillo Mojica

Me imaginaba un país blindado, con retenes y puntos de control en accesos a ciudades, pero no fue así. Llevaba varias maletas y un cuadro que me regaló un amigo cuando pasé por Ibagué. Pero no revisaron nada. Nadie. Lo mismo ocurría con otros automóviles y camionetas que entraron conmigo desde Colombia.

LLEGADA A GUAYAQUIL

Desde Rumichaca manejé algunos minutos hasta un restaurante en Julio Andrade. Almorcé una pechuga que me sirvieron con aguacate y ceviche y luego tomé la vía Tulcán.

Los paisajes de esas carreteras son imponentes: todas las variaciones del verde pintadas en las montañas, el sol profundo y ríos cayendo desde los riscos. Pero ni en San Gabriel, ni en la Troncal de la Sierra, ni en Eugenio Espejo, las autoridades tenían puntos de vigilancia.

Circulé sin ninguna restricción hasta Quito, a donde llegué a las 9 de la noche del 4 de noviembre. Solo me restaba un trayecto hasta Guayaquil.

Salí el sábado 5 de noviembre a las 10:30. Google Maps me marcaba 7 horas y 43 minutos, es decir, 421 kilómetros.

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La ruta fue Santo Domingo, Quevedo, Ventanas, Babahoyo y Guayaquil.

A las 6 de la tarde, cuando estaba muy cerca de mi destino, una patrulla de la Policía me interceptó. Dos uniformados jóvenes se acercaron y me bajaron del carro.

Verificaron mis documentos y me informaron que me harían un comparendo. Los oficiales vieron cuando tomé una foto del atardecer mientras conducía. Eso está prohibido y amerita la inmovilización del vehículo.

Le expliqué que llevaba cuatro días manejando. Que salí de Bogotá y llevaba 1.514 kilómetros de viaje. En un arrebato de solidaridad, el agente me devolvió los papeles, me llamó la atención y me despidió con una frase: “esta vez le perdono, para que no se lleve una mala experiencia de su visita al Ecuador”.