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Una tension a superar
Siendo el diálogo la estrategia asumida por el gobierno ecuatoriano para enfrentar los conflictos generados en la complicada situación nacional y, teniendo en cuenta que, salvo unos pocos sectores recalcitrantes, dicha estrategia ha sido recibida con beneplácito por el liderazgo político y otros amplios sectores del país, esa misma tónica debería ser la determinante, el accionar fundamental en el manejo de las relaciones internacionales.
La sugerencia antes expuesta quiere hacer referencia a la actual tensión con el Perú que, de momento, ha dado lugar a que la cancillería del Rimac decidiese llamar a consulta a su embajador en el Ecuador.
Considerada como una medida prevista en los usos y costumbres de la diplomacia, aquella del llamado a consulta debe entenderse como manifestación de una falta de acuerdo, de la aparición en la agenda común de un tema que desune el armónico desarrollo de las relaciones entre dos países, en el presente caso, dos vecinos que luego de profundas discrepancias que derivaron en serios enfrentamientos, finalmente han llegado a una fórmula de entendimiento con la mediación de países amigos, que les ha permitido establecer una fructífera convivencia, al parecer considerada como recurso valioso para el desarrollo de ambos.
Bajo la presunción de que tanto en el Perú como en el Ecuador, esa es la visión prevaleciente, mal se haría en no dar los pasos necesarios para que la situación no dé lugar a un crecimiento de la actual discrepancia.
Lejos deben estar las posibilidades del retorno a las épocas en que las tensiones internas buscaban ser ocultadas provocando una tirantez artificial, con cualquier pretexto, en las por entonces difusas fronteras y, aunque tanto el Perú como el Ecuador las están sufriendo, incluso en razón de circunstancias similares vinculadas al combate a la corrupción o al tráfico de estupefacientes, precisamente es criterio compartido que si se desea hacerlo exitosamente es imprescindible un esfuerzo conjunto que solo puede prosperar en un clima de amplia y fraterna unidad.
Así, en una Patria Grande convulsionada por distinto género de problemas es imperativo, en guarda de la paz del continente, mantener abiertos los canales del diálogo fraterno y un oportuno entendimiento que permita seguir avanzando como pueblos hermanos.