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Similitudes o coincidencias

Se anuncia una nueva edición de “Mein Kampf” (Mi lucha), de Hitler. Nuevos adeptos se incorporarán a la ideología nacionalsocialista. ¿Se ha preguntado usted cuál es, en nuestro caso, la ideología observada por este Gobierno y si guarda alguna similitud con los postulados hitlerianos? Correa es un vehemente cultor del nacionalismo como sinónimo de patriótico, asumiendo a su vez el liderazgo de una revolución sustentada en un socialismo que busca traspasar fronteras. Se entrelazan así el nacionalismo y el socialismo, que Hitler integró en una sola denominación: nacionalsocialismo o nazismo, cuyos partidarios pasaron a llamarse nazis. No hay lugar a equívocos, en estricta lógica. ¿Vivimos, entonces, un remedo nazista o las sinonimias son simple coincidencia? ¿Es el correísmo una burda parodia del tenebroso nazismo alemán al cantar también al Che Guevara? Los interrogantes generan confusión: Hitler surgió como instrumento de la derecha mundial para combatir al comunismo que emergía victorioso. Paradójicamente, sus procedimientos y mecánicas de gobierno eran semejantes: dictaduras férreas y totalitarias escudadas tras estereotipos como el de la lucha por las mayorías oprimidas y desposeídas. La paradoja sobrevive hasta hoy: son los mismos estereotipos que emplean las revoluciones cubana, venezolana, nicaragüense y ecuatoriana, entre otras.
El comportamiento de Hitler ha sido seguido por estos revolucionarios hasta en sus excrecencias orales: “gallinero de parlanchines”, “canalla de rufianes”, “sabandijas”, “traficantes parlamentarios”, “salteadores políticos”, “mostrenco de inmundicias” y una larga lista de agravios que escupía y que nuestro Correa quizás ha superado. Hitler aplicó el “terror” para arribar al poder y mantenerlo. No se ha llegado al terror entre nosotros, pero se ha experimentado hasta hace muy poco, temor y pusilanimidad humillantes en buena parte de nuestra clase política, que ha permitido a Correa gobernar por nueve años y alardear de invencible.
Hitler afirmaba que “no se debe ser esbirro de la opinión pública, sino formador de ella”, y nuestro Gobierno ha adoptado tan autoritario criterio al calificar de “prensa corrupta” a todos los medios independientes de comunicación, agrediéndolos sistemáticamente , debilitando su libertad de información y reemplazando en buena medida la opinión pública con la gubernamental.
Hitler dispuso la “movilización” constante de sus huestes, y hoy vemos que Correa pide al pueblo que salga a las calles en su defensa, sin prever los enfrentamientos que podrían rematar en masacres. ¡Todo por conservar el maldito y corruptor poder! Su desesperación actual corre pareja con su ambición de ayer cuando, siendo tan solo un “forajido”, sostenía que deponer a un dictadorzuelo presidente era un acto de defensa de la democracia...
Hitler ofrecía “cada semana un mitin” y Correa nos martiriza con sus insoportables sabatinas. Hitler organizó grupos barriales convertidos en “fuerzas delatoras” y nuestra Revolución Ciudadana ha promovido organizaciones barriales , similares a las cubanas.
Por fortuna, a nuestra Revolución no le ha dado por copiar demenciales y genocidas procedimientos del nazismo, ni emular al Che Guevara -idolatrado por este Gobierno - cuando declaraba ante la ONU que seguiría fusilando si era necesario. Pero sus prácticas son decididamente autoritarias e intimidatorias, apoyadas en una asfixiante y distorsionadora propaganda, complementadas por mañosas decisiones judiciales, por la siembra del odio y por una inminente desintegración de nuestra identidad nacional. Los derechos humanos violados solo marcan una cuestión de grados en su diferenciación con nazis y bolcheviques. Pero si a algún sicópata se le ocurriera evocar al Che y llevar a los hechos su grito atroz de “Patria o muerte”, las distancias y los grados se aproximarían.
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