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Reflexiones para este domingo
Pueblo de arraigada fe cristiana, acaba de evidenciarla en las procesiones de Semana Santa. Esa exteriorización de sus creencias, propia de los católicos, otras visiones de seguidores de Cristo las asumen como idolatría. Cabe la acotación intentando superar el frecuente extremismo que solo sabe mirar en blanco o negro y está ciego a los distintos matices del gris que surgen al mezclarlos.
En buena hora pareciera que las diversas iglesias están intentando orientarse hacia un sano ecumenismo que venza las antiguas posturas excluyentes y totalitarias. Ojalá se diese un movimiento semejante en el campo de las doctrinas políticas. También entre ellas la tentación hegemonizante, la ridícula pretensión de ser la única doctrina válida, ha llevado a darle consideraciones históricas y hasta científicas a lo que apenas eran productos de la ambiciosa creación humana, en la que no son raros los delirios de grandeza.
Si la felicidad eterna que las religiones pretenden garantizar en el más allá es lo que en la vida terrenal se pretende conseguir a partir de la práctica de la política, no debería ser difícil definir cuál es la más conveniente para el logro de tan altos fines.
Por supuesto, ello no ocurre en razón de que los fines y su ética no se corresponden en todos los casos con su puesta en marcha. Donde debe primar la verdad surge el error; donde la sinceridad, abunda la mentira. Por el estilo, y prevalidos de la virtud de “su” proyecto, hasta la corrupción rampante que asola al mundo pretende justificarse y cualquier crítica sustentada de ese comportamiento es tomada como mal intencionada y como cantaleta, que después de las últimas acciones de Obama debería manejarse con mayor prudencia -frecuentemente se atribuye a las influencias del imperialismo en la región y su permanente afán por dominar el mundo.
Así, hasta los más repudiables actos de terrorismo cuentan con intentos de justificación, aludiendo al pasado colonial o a la permanente explotación, cuando, y ese es un enorme riesgo de estos días, dichos hechos atroces son el argumento más fuerte que se le puede otorgar a una creciente xenofobia, que le permite obtener simpatías a las propuestas contra los migrantes, poseedoras de las mayores cargas de odio, derivadas de las oleadas de miedo sembradas en la común ignorancia.