Así construyó Motherflowers su álbum ‘Que vayan y lo cuenten’
La banda presenta Que vayan y lo cuenten, un álbum de 16 canciones que consolida su identidad entre Venezuela y Colombia.

La banda venezolana Motherflower para EXPRESIONES.
Lo que debes saber
- Motherflowers lanza disco de 16 canciones grabado en Bogotá
- El grupo explica por qué redujo el álbum de 18 a 16 temas
- El nombre surge del público que comparte su música en shows
Motherflowers presenta ‘Que vayan y lo cuenten’, su nuevo álbum de 16 canciones grabado en Bogotá. El disco reúne influencias de la música venezolana y colombiana. La banda, formada por Irepelusa, Frank Lucas y Veztalone, impulsa su crecimiento con una propuesta basada en la experiencia en vivo y el boca a boca.
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Que vayan y lo cuenten es el nuevo trabajo de Motherflowers. Un disco que se instala en la idea del disfrute precisamente en ese terreno: el de la experiencia compartida, el de la música que se vive y luego se transmite. No es un álbum que se agota en la escucha individual, sino uno que se expande en el boca a boca, en la recomendación, en la memoria colectiva.
La agrupación venezolana conformada por Irepelusa, Frank Lucas y Veztalone presenta un proyecto que sintetiza su recorrido reciente, marcado por el desplazamiento geográfico y la consolidación de una identidad que no responde a un solo territorio. Entre Venezuela y Colombia, el trío ha construido un lenguaje propio que no busca resolver esa dualidad, sino habitarla.
En ese contexto, Que vayan y lo cuenten se plantea como un punto de inflexión. No solo por su ambición, un álbum de 16 canciones en una industria que privilegia los lanzamientos en unitario, sino por la decisión creativa que lo sostiene: volver al origen. No desde la nostalgia, sino desde la intención de reconectar con la música como un espacio de disfrute, de intuición y de libertad.
Ese regreso también implica una declaración estética. Motherflowers apuesta por un sonido que recoge la herencia de la música caribeña venezolana, sus ritmos, sus acordes, su forma de narrar y la mezcla con influencias contemporáneas. Pero además la contrapone con su forma de vivir ahora desde los Andes, en Bogotá. El resultado es un universo sonoro donde conviven lo urbano, lo tropical y lo emocional, sin jerarquías ni etiquetas fijas. La lógica del álbum también responde a su propia comunidad. Como explica Frank Lucas en conversación con EXPRESIONES, el nombre del disco nace de una dinámica real: la música de Motherflowers crece a partir de quienes la escuchan y la comparten. “La gente va a nuestros shows y se lo cuenta a otros”, dice. Esa circulación orgánica se convierte aquí en concepto y motor del proyecto.
La entrevista
¿Cómo se siente con este lanzamiento y el recibimiento que está teniendo en plataformas digitales?
La verdad es que hemos estado bastante felices. A la gente le ha gustado bastante el álbum. Sentimos que este disco marca un antes y un después en la carrera de Motherflowers. Estamos muy felices con el resultado y, más allá de cualquier otra cosa, estamos orgullosos de este programa. Estamos saliendo a defenderlo en el mundo y mostrándoselo a todo el que podamos.
Son 16 canciones, que es bastante trabajo para lo que la industria suele manejar. ¿Cómo decidieron incluir tantos temas en el álbum?
Eran 18 en realidad, pero dijimos que 16 canciones ya era bastante. Sentimos que ahora está bastante completo. Si le sacas un alfiler, se descompensa y se cae. Si intentas meter algo nuevo, también. Todas las canciones, de la 1 a la 16, creemos que están bien merecidas dentro del álbum. Más que una búsqueda, para nosotros fue un encuentro. No estábamos pensando en el número, sino en ir construyendo.
Si retrocedemos a ese momento de selección del tracklist, usted dice que si se quita una canción se descompensa. ¿Cuál cree que es el tema que más peso tiene dentro del disco?
Te diría que La burriquita. Aunque está al final del álbum, tiene una energía bastante animal, muy Motherflowers. Tiene mucho de nuestra etapa más urbana, más hip-hop. Le da equilibrio al álbum, que es bastante tropical. Esta también es tropical, pero más selvática, más urbana. Tiene un color muy único. Si no está, el álbum quizás se vuelve más cursi.
¿Qué pasó con las dos canciones que no quedaron? ¿Van a salir después o no van a ver la luz jamás?
Una era un bolerito con una banda venezolana-española, estaba increíble, pero no pudimos terminarla a tiempo. Era complicado cerrar 16 canciones y además esa colaboración. La otra también era una colaboración. La canción se grabó completa, pero no se pudo hacer el video. Las dejamos para más adelante, pero sí o sí van a ver la luz.
¿No le genera frustración que no hayan salido en este momento?
No, cero. Estoy feliz con cómo salió el álbum. Creo que lo mejor es lo que pasa y así el disco está increíble.

Motherflowers para EXPRESIONES.
Al revisar el concepto del álbum y el nombre de la banda, Motherflowers, que juega con un insulto en inglés, ¿usted siente que hacen lo mismo con la música, como darle la vuelta a lo negativo y transformarlo en algo con energía y humor?
Sí, el nombre nos representa bastante bien. Tiene esa picardía que tenemos en los temas, el doble sentido, el humor negro. Nuestra personalidad es así. Siempre estamos echando bromas entre nosotros y eso se refleja en las canciones. Por ejemplo, en El amor de Tonina, que es una salsa, le echo broma a Fred con una prima que él tiene. Somos mucho de ese tipo de juegos.
¿Quién es el integrante que menos aguanta las bromas?
Creo que yo. A mí no me gustan las bromas, pero soy el que más las hace. No tengo doble camisa.
El disco se llama Que vayan y lo cuenten. Al escucharlo, da la sensación de que es una invitación a vivir el show en vivo y luego contarlo. ¿Es así?
Sí. Motherflowers siempre ha tenido esa bendición de que la gente escucha nuestra música o va a nuestros shows y luego se lo cuenta a otros. Hemos visto cómo 100 personas se convierten en 200 o 300 por ese boca a boca. El nombre va por ahí: que la gente lo viva, lo cuente, lo comparta con su pareja, su familia, sus amigos.
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¿Cree que la música venezolana está viviendo un auge actualmente?
Siento que tiene más espacio en el mundo y se lo ha ganado. Tiene un color único. Tú escuchas algo y dices: ‘Eso es venezolano’. Más allá del auge, es merecido. La música venezolana dice cosas frescas sobre acordes complejos, pero suena casual. Viene heredada de la música llanera, la salsa, el merengue venezolano. Todo eso mezclado da algo muy potente.
En un reportaje reciente los describen como “muy colombianos para Venezuela y muy venezolanos para Colombia”. ¿Está de acuerdo?
Totalmente. Somos una agrupación colombo-venezolana. Hemos construido nuestra carrera en Colombia, pero con identidad venezolana. No fue algo que salimos a buscar, fue un encuentro natural.
¿Ahora viven en Bogotá?
Sí, Pelusa y yo vivimos en Bogotá y Betalú vive en Buenos Aires.
¿Cómo logran mantener ese espíritu caribeño viviendo en la montaña?
Cuando has vivido 30 años en el Caribe, eso te da material para escribir muchos años más. Venezuela es un país muy caribeño, aunque no siempre lo vemos así. Tenemos mucha influencia tropical en nuestro ADN. Aunque viva en la montaña, sigo siendo caribeño.
¿Dónde grabaron el disco? ¿Y cada cuánto vuelven al mar?
El disco se grabó completamente en Bogotá. Los videoclips sí se grabaron en la costa Caribe de Colombia. Y a Venezuela fuimos hace cuatro días.
Para cerrar, ¿qué proyecta Motherflowers para 2026?
Creo que la música venezolana tiene un espacio importante y eso es clave. Hay un movimiento, un megáfono. Más allá de los logros individuales, nos alegra que se esté reconociendo lo que pasa con la música venezolana. Eso abre camino para muchos proyectos, ojalá también para nosotros.