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Quito no deja de crecer

La capital ecuatoriana, comparada con otras ciudades del país, es la que más migración recibe.

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En los últimos diez años vinieron grandes cantidades de migrantes extranjeros, sobre todo de Colombia, Perú y Venezuela.Karina Defas / EXPRESO

Este 2019 es el segundo año consecutivo que Quito cierra como la ciudad más habitada del país. Según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), 2.7 millones de personas viven actualmente en la ciudad. Guayaquil, la segunda urbe en población, tiene cerca de 38.000 personas menos que la capital.

Para Gabriela Bernal, antropóloga y docente de la Universidad Central del Ecuador, un factor importante del crecimiento de la ciudad durante los últimos diez años fue la burocracia. Explica que en la última década el Estado se hinchó, lo que generó muchas plazas de trabajo. “Quito es la ciudad donde se asienta el poder”, comenta.

Sus mayores preocupaciones son la sustentabilidad y la seguridad. Los asentamientos humanos comienzan a poblar los valles, lugares que han sido proveedores de agua y comida para la metrópoli. En cuanto a la seguridad, el crecimiento rápido no permite una planificación urbana. En Quito existen construcciones precarias e informales que aumentan el riesgo de una ciudad que se construyó sobre fallas y entre volcanes.

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Alfonso Ortíz cronista de Quito explica que el enorme crecimiento se da sobre todo en las áreas periféricas. Hay zonas de la ciudad, como Carapungo, norte de Quito, que crecen dos o tres veces más que el resto del país. Hace 50 años era impensable que el Valle de los Chillos, o de Tumbaco, oriente de Quito se convirtieran en ciudades. Dichas parroquias tienen poblaciones semejantes a las de Cuenca. Estos asentamientos responden sobre todo a la cuestión de la migración

En el pasado, la gente llegaba de provincias cercanas. Pero, en los últimos diez años, vinieron grandes cantidades de migrantes extranjeros, sobre todo de Colombia, Perú y Venezuela, acota.

Él cuenta que existe una contradicción si se compara este fenómeno con los siglos pasados. En la época colonial, la capital crecía por la población vegetativa -personas que nacen en un lugar- ya que las parejas solían tener mucha descendencia. Actualmente, los padres, sobre todo del siglo XX, no tienen más de dos hijos y en muchos casos los jóvenes deciden no tener prole.

El crecimiento de la ciudad no es una cuestión de orgullo, comenta. Porque acarrea problemas, que los gobiernos tienen que afrontar, sobre todo en cuestiones de vivienda y trabajo.