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Privilegio perdido
Mirar hacia otro lado o procurar autoconvencerse de que la situación está mejorando ya no es una opción válida para los guayaquileños. El estero Salado agoniza y con él, no solo una parte fundamental de la identidad de la ciudad, sino el enorme potencial turístico que podría ubicar a Guayaquil en la lista de las ‘Venecias’ del mundo, si se explotasen adecuadamente las ventajas y características que le dan su ubicación geográfica. Así lo han hecho Ámsterdam, Hamburgo, San Petersburgo, Brujas y Birmingham, entre otras, que por estar atravesadas por canales y puentes, al igual que la mítica ciudad italiana, reciben año a año la visita de miles de turistas.
El estero Salado cruza Guayaquil en diferentes puntos. En el norte, varios puentes unen al tradicional barrio de Urdesa con otras ciudadelas como la Kennedy, Kennedy Norte y Miraflores. En estos sitios la contaminación se evidencia día a día a través de olores desagradables y de una sospechosa espuma que flota en la superficie del agua, además de la presencia de desechos plásticos que se acumulan en sus riberas.
La memoria porteña menciona competencias de embarcaciones a vela en el estero, un antiguo balneario y las muy concurridas instalaciones del American Park, a donde acudían los guayaquileños en el siglo pasado para disfrutar momentos de ocio nadando en sus entonces limpias y cristalinas aguas. ¿En qué momento la ambición y la desidia le ganaron al civismo y a la responsabilidad, dando paso a un empresariado y una ciudadanía indolentes y sin visión, que han llevado a que un privilegio se convierta en una amenaza para el bienestar de la población y en un problema ambiental?
Las sanciones municipales no han podido evitar la recurrencia, a pesar de que los controles se han intensificado. Industrias grandes y pequeñas, y habitantes de los más diversos sectores sociales continúan descargando aguas residuales y desechos al estero.
Deportes, turismo y esparcimiento en el Salado son, al día de hoy, una utopía. Quizá la penalización drástica de los infractores, la difusión de los nombres de las personas naturales y jurídicas que siguen contaminando, y sobre todo la toma de conciencia y la acción social ciudadana podrían conducir a que se inicie un proceso, permanentemente monitoreado, que lleve a la efectiva recuperación del estero.