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Pocho Alvarez: “El cine tambien debe generar conciencia”
Tras el sismo de abril de 2016, Muisne se vio en el ojo del huracán cuando se decidió desalojar los casi 30 mil habitantes de la isla tras declararla una zona de alto riesgo.

Tras el sismo de abril de 2016, Muisne se vio en el ojo del huracán cuando se decidió desalojar los casi 30 mil habitantes de la isla tras declararla una zona de alto riesgo. El cineasta Pocho Álvarez filmó el proceso y a los moradores, que se rehusan a abandonar su hogar, en el documental ‘Muisne, aquí nos quedamos viejo Lucho’. En la urbe, el filme se proyectó en La Fábrica y la Universidad Casa Grande. El fin de semana se exhibió en Monte Sinaí.
Minutos antes de mostrar su documental más reciente, y rodeado de sus colaboradores, Pocho Álvarez reflexiona sobre la labor que ha realizado en los últimos meses y lo que lo llevó a ella.
- Tras el terremoto, había caos en todas partes. En medio de todo lo que estaba ocurriendo, ¿Qué lo llevó a tomar a Muisne como protagonista de este trabajo?
- Yo llegué a Esmeraldas una semana después del terremoto. Me contrató un grupo de franceses que quería trabajar con grupos que estuvieran desprovistos de la ayuda ‘oficial’. De ahí, en adelante, viajé para documentar lo que estaba sucediendo, para ver cómo se iba desenvolviendo el proceso de ayuda, y me encontré con esta situación, la del Estado promoviendo el desalojo, desatendiendo a la población. Poco a poco se desveló esta situación en cuyo trasfondo estaban los intereses del Estado.
- ¿No creyó entonces en las advertencias del Estado de que Muisne era zona de alto riesgo?
- No, porque ¿cómo es posible que un sector sea riesgoso para los habitantes pero interesante para el turismo? Se declaró a Muisne zona de alto riesgo sin un estudio técnico y se podría llamar a toda la zona de la costa como zona de alto riesgo. Hay que preguntarse por qué.
- Cerca de un año del terremoto y terminado ya el proceso de filmación, ¿cómo sigue la situación en Muisne?
- Igual que cuando la dejamos. No hay reconstrucción y las promesas del Estado han caído en el vacío. Aquellas mil casas que ofrecieron no las entregaron en diciembre como estaba previsto.
El documental recoge las voces de este pueblo. Es necesario que se hable sobre esto, que haya un cuestionamiento.
- ¿Cree que el cine documental pueda abrir la puerta al diálogo, para provocar un cambio?
- Yo suelo decir que hago documentales de carácter urgente. De alguna manera esa es la realidad en el Ecuador, la violación constante a los derechos humanos, a los derechos ancestrales. El documental es una herramienta de trabajo para las comunidades, una forma para que ellos puedan exponer lo que está pasando, crear un poco de conciencia, generar conocimiento, es un granito de arena.
- ¿Esperan que este trabajo pueda recorrer el país?
- Sí. Hasta ahora este trabajo ha caminado solo. Se está presentando aquí en Guayaquil, ya se exhibió en Muisne, continúa presentándose en Quito, queremos mostrarlo lo más que se pueda. No sé si cambie algo, o mejore la situación para esta comunidad, pero por lo menos queremos informar a la gente, que sepa lo que realmente está sucediendo. El cine también debe generar conciencia.