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Diario Expreso Ecuador

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A un paso del olvido

La desaparición de los teléfonos públicos de la urbe empezó en el 2000. Solo quedan 66 equipos en funcionamiento

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No suena desde 2002, pero eso no importa. Igual nadie se ha acercado a él desde aquella época.

Permanece como un recuerdo de otro tiempo, un espectador silencioso de lo que ocurre al interior de ese centro de salud del Guasmo Sur.

Cuando notó que nadie vendría a repararlo, José Sellán, el celador del lugar, lo asumió como propio. Lo desmontó y le puso un candado. Adentro guarda su cepillo de dientes y, a veces, hasta su almuerzo.

Los teléfonos públicos desaparecieron de Guayaquil con el boom de la telefonía móvil.

Así lo indican Claro y Movistar, empresas que durante años contaban con cabinas en toda la ciudad y cuyo declive empezó en el 2000.

Para el 2007, la cantidad de teléfonos públicos había decaído en un 72 % y la cifra solo fue incrementando. Hoy por hoy, ninguna de las dos compañías cuenta ya con ese servicio.

La empresa Claro señaló a EXPRESO que la decisión se tomó a raíz de “productos sustitutos que ofrecen iguales o incluso mejores alternativas con la ventaja de la movilidad y a un menor costo”.

Movistar, en cambio, relató que los pocos aparatos con los que aún cuentan se conservan en algunas de sus sucursales “como recuerdo”.

Ambas añadieron que, debido a la masificación de los celulares, que en 2006 era del 65 % y hoy por hoy de más del 100 %, los dispositivos están obsoletos.

Y sin embargo, aún hay 66 sobrevivientes. Son míticas criaturas de las que pocos han escuchado y, menos aún, visto.

Le pertenecen a la Corporación Nacional de Telecomunicaciones (CNT). Se encuentran “en centros de concentración, vías públicas y de tráfico de personas”, entre ellos la vía a Daule, la calle Boyacá, los centros penitenciarios y ciertas casas de salud.

Pero no representan ganancias, pues antes que facilitar conversaciones entre amigos y conocidos, están ahí para salvar a los transeúntes ante una emergencia.

“El servicio permite a los usuarios realizar llamadas sin costo al 1800 –911. La CNT le apuesta no a su rentabilidad, sino a beneficiar a las personas con mayor necesidad”. No dan cifras del uso que estos reciben.

Pero un estudio sobre la telefonía móvil y pública de 2015 de la Universidad de San Andrés, en Argentina, y elaborado en Ecuador, Perú y Chile, sí las tiene. El 77 % de los jóvenes entre 15 y 25 años nunca siquiera ha levantado el auricular de uno de estos aparatos.

En el Hospital de la Mujer, en la ciudadela Atarazana, está instalado otro de ellos.

Al verlo, Rosita García, parte del personal de la institución, sonríe. “Este estaba en el Luis Vernaza antes, pero no he visto a nadie usándolo”.

“¿Ni siquiera cuando a alguien se le apaga el celular?” “No. Prestan una llamadita rápida nomás”.

Está ahí, pero nadie lo ve. Antes que usarlo, los guayaquileños prefieren confiar en la bondad de los extraños.

Ni las leyes los pueden salvar

El declive de los teléfonos públicos también sigue su curso en el extranjero. En Barcelona, España, un decreto que garantizaba este servicio finalizó y abrió la puerta para el retiro de los equipos a nivel masivo. Mientras tanto, en Santiago de Chile, el cabildo municipal de esa capital está intentando, por medio de una ordenanza, derogar una ley que hace obligatorio este servicio, alegando que el mantenimiento de estos es un gasto innecesario.

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