Niños y jóvenes, fichados para atemorizar a la ciudad

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Niños y jóvenes, fichados para atemorizar a la ciudad

Las cifras de sicariato en el país muestran que las bandas reclutan a menores. Les enseñan a traficar droga o robar antes de los 10 años. Después, a matar.

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La cantidad de sicarios adolescentes denunciados en el país no se reduce con el paso de los años.Christian Vinueza/EXPRESO

El pasado 22 de abril, Álvaro Cagua Andrade, alias Alvarito, confesó ante la justicia en Guayaquil, que fue él quien disparó al presentador de televisión Efraín Ruales, causándole la muerte. Un ‘encargo’ por el que cobró cinco mil dólares.

Como si se tratara de uno de los mejores ‘franco tiradores’ del oscuro mundo del sicariato, ‘Alvarito’ fue contratado para dispararle a Ruales, desde un carro en movimiento, cuando el actor circulaba en su auto.

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Cagua, quien ahora está en prisión, tiene 18 años edad y antecedentes delictivos por asesinato y droga. En este mismo caso está involucrado otro sicario: Jaime Ariel Uquillas, conocido como ‘Ñorqui’. Él tiene 17 años de edad y está implicado en dos asesinatos más. Y así, la edad del resto de hombres detenidos por participar, materialmente, en este crimen, no llega ni a los 25 años.

Para que estos sicarios tengan antecedentes delictivos y la agilidad para disparar desde un carro en movimiento, su historial delincuencial tuvo que haber iniciado mucho antes, es decir, desde que eran unos niños. Es que justamente los niños y adolescentes son el blanco principal de las bandas de sicariato en Ecuador.

Así lo menciona a EXPRESO el Teniente Coronel Max Rojas, jefe de la Dirección Nacional de Investigación de Delitos Contra La Vida, Muertes Violentas, Desapariciones, Secuestro y Extorsión, (Dinased) de la Zona 8 (Guayaquil, Durán y Samborondón), oficinas desde donde se investigan, paso a paso, los crímenes en esta parte del Guayas.

Y las cifras corroboran sus declaraciones. Las denuncias hechas en la Fiscalía de Adolescentes Infractores, señalan una tendencia que va en progresivo. Desde el 2014 hasta febrero de este año, 2021, se ha denunciado en Ecuador a 869 adolescentes como autores materiales entre asesinatos y homicidios, según datos aportados por la Fiscalía General a este medio.

En 2020, pese a ser un año arropado por la pandemia del coronavirus y lleno de restricciones, la Fiscalía registró 67 denuncias de asesinatos, uno más que en 2019; y 46 por homicidios, dos casos más que en 2019, donde los autores de estos delitos no llegaban a los 18 años.

En ese mismo año pandémico, en cifras de la Policía, hubo a nivel nacional, alrededor de 1.200 muertes violentas. Es decir, solo los 113 adolescentes asesinos denunciados en la Fiscalía, habrían cometido cerca del 15 % de los asesinatos en Ecuador el año pasado.

De enero a febrero de este 2021, esa institución ha registrado denuncias a 21 menores de edad por cometer estos crímenes. Esto sin contar que, en palabras de la Policía, la mayoría de casos de sicariatos se están investigando; y un claro ejemplo son los últimos acontecimientos de esta índole, ocurridos en Guayaquil: los impactos de balas con fusil que recibió una mujer en una clínica de la ciudad o el atentado a otras dos mujeres que circulaban en un auto en norte de la urbe. Aún se desconoce la identidad de los criminales, aunque imágenes de cámaras lograron captar sus rostros bastantes jóvenes.

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La autoridad policial explica que estos antisociales que asesinan a corta edad, inician desde muy temprano en las bandas criminales con ‘labores’ más fáciles, como expender droga o vigilar que no llegue la Policía. Esto ocurre entre los 8 a 12 años. Y así a medida que crecen, también lo hacen sus responsabilidades: a los 13 ya saben conducir carros y motos para cometer delitos, traficar en mayores cantidades, atentar… De ahí, que a los 17 o 18 años de edad, ya logran convertirse en temibles ‘gatilleros’.

El experto en seguridad y criminalidad, consultado por este Diario, John Garaycoa, explica que, para las bandas criminales, reclutar a niños es uno de sus trabajos. Algunas bandas, detalla, escogen a los niños cuando ven en ellos perfiles violentos o cuando ven a menores necesitados de amor y protección, para apadrinarlos incluso, con compra de comida y regalos.

“Reclutan a los niños y los convierten en violentos, los hacen pelear el uno al otro y más tarde les enseñan a disparar. Los motivan con películas y le pintan un modelo de vida bastante satisfactorio y temible como lo mejor; y como los sicarios no lucen como vagabundo, los convencen”, detalla el experto, en base a años de investigaciones en cómo detectar a criminales.

Menciona además que la principal labor que le imponen a los niños, como forma de preparación con miras del sicariato, es el robo y tráfico de droga. “Es como cuando se entrena a un can. Cuando son cachorros, primero se le enseña a saludar, a levantar la pata, a acostarse, etc., y luego se le enseña a atacar”, grafica.

Y robar y traficar, es una de las prácticas tan vinculadas al sicariato que no se despega jamás, dice el experto. Desde el 2014, hasta febrero pasado, se han denunciado a 8.820 adolescentes por robo, es decir, a un promedio de 1.100 menores al año, desde entonces. También se han denunciado a 5.567 menores por tráfico de sustancias sujetas a fiscalización; a 1.369 por tenencia y porte ilegal de armas; y a 3.005 por hurto.

Ser menor de edad, una ventaja ante lo penal

El penalista y experto en Derechos Humanos, Jorge Sosa, menciona que justamente la edad es una de las estrategias claves de las bandas delictivas, que cuando son bien organizadas, tienen sus propios abogados. Estas, saben que contar con menores de edad en el cometimiento de delitos es una ventaja bajo la ley. “Hay un régimen penal especial para los adolescentes infractores, y esto viene desde los estándares internacionales de Derechos Humanos que impiden que los adolescentes sean juzgados como adultos o tratado en las mismas condiciones carcelarias que un mayor de edad, es decir, usan menores para el sicariato y otros delitos por la responsabilidad penal atenuada”.

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El especialista, también consultado, indica que en la mayoría de casos de adolescentes infractores no hay un régimen absoluto de reclusión, sino que se toman bajo modalidad de libertad controlada o no estar más de 90 días retenidos.

“Con tantos casos de sicariatos que involucran a adolescentes, que estamos viendo, se debería retomar el debate de reformas de responsabilidad penal, por ejemplo, por qué los adolescentes sí pueden votar a los 16 años de edad, pero no pueden ser punibles a la misma edad, cuando un chico de 16 y 17 años está consciente de una infracción como asesinar a alguien”, concluye.

SECTORES

A nivel nacional, Guayaquil y Durán, son dos de los puntos con más asesinatos tipo sicarito, dice el jefe de la Dinased. En la primera ciudad, ocurrió en enero pasado el crimen a Efraín Ruales, el asesinato modo sicariato más mediático del 2021, hasta ahora.

Dentro de estas ciudades, hay puntos específicos identificados por esa institución armada, como los más conflictivos y de donde sumergen bandas delictivas con miembros menores de edad. Estos son: Distrito Sur; Distrito Esteros; Distrito Durán; Distrito Nueva Prosperina; y Distrito Pascuales. Territorios formados por barrios como la Isla Trinitaria, Socio Vivienda 2, Pascuales, Guasmo y el Cerro Las Cabras del cantón Durán.

En varias de esas zonas, donde los taxistas temen llegar por múltiples asaltos hechos por grupo de niños; donde las bandas se han enfrentado a la Policía con armamentos finos y la droga se trafica y se consume de manera enfermiza, se da una especie de escuela de sicarios; donde les enseñan a disparar, secuestrar, robar y traficar droga, cuenta la autoridad policial.

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Dentro de estos barrios marginales y conocidos como conflictivos, hay quienes no solo confían en un cambio, sino que trabajan para evitar que más niños se conviertan en ‘gatilleros’, pese a la falta de apoyo por parte de las autoridades.

“En la parte de abajo hicimos la primera cancha y logramos que los chicos de los diferentes bandos hicieran las paces y dejaran las peleas y entre todos juran futbol. Aunque algunos terminaron presos y otros muertos, sí logramos que muchos se retiraran de las bandas y que tengan otro tipo de vida”, cuenta a EXPRESO Alejandro Salvatierra, un líder barrial del sector de Socio Vivienda 2.

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Salvatierra crea campeonatos, gestiona con algunos padres los uniformes de fútbol, les da charlas y realiza otras labores sociales apoyado por un grupo de vecinos a 280 menores entre niños y niñas del sector, para impedirles caer en las garras del sicariato y en el cometimiento de otros delitos.

En una loma, aplanada en forma de cancha, los chicos, de la mano de Salvatierra, practica futbol en las tardes. Tienen entre 8 a 12 años. “Lo que quiero es que ellos no caigan en los sicariatos como lo hicieron muchos de sus papás, ni en otros delitos”, detalla mientras señala a un grupo de niños sentados al pide de un conjunto de pequeñas casas.

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Estos son algunos de los niños, entre 8 y 12 años de edad, que practican futbol con Salvatierra en Socio Vivienda, espeando tener un futuro mejor.Christian Vinueza/EXPRESO

El líder barrial, quien es albañil de ocupación, cuenta que desde hace tres años cuando inició con esta gestión, ha visto cambio en el sector. Sin embargo, reconoce que, sin apoyo de las autoridades, pese a las cartas enviadas a la Prefectura, Gobernación, Municipio y otras instituciones (pidiendo balones y uniformes de fútbol), que han sido ignoradas, no se puede ir más rápido.

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La falta de apoyo gubernamental también se ve reflejada en el sector de la Isla Trinitaria, otro punto rojo de Guayaquil. Allí, Jimmy Simisterra, otro líder barrial y gestor cultural, combate la delincuencia con actividades culturales.

“Con la fundación que creamos hace más 17 años en este sector, hemos logrado rescatar a más de 200 chicos a los que involucramos en actividades culturales; y bajamos de forma significativa el nivel de delincuencia. Pero Las ayudas no vienen por parte de las autoridades, como debería, sino de personas particulares y tras las gestiones entre vecinos”, menciona Simisterra.

Ahora, a él le preocupa que, pese a su lucha, una nueva ola de delincuencia se expande por este sector del sur de Guayaquil. Cuenta que, en los últimos meses, llegan malhechores a reclutar a los niños y adolescentes en el sector. “Nosotros luchamos contra eso, pero nos hace falta apoyo del Municipio o Prefecturas y otras entidades, para ayudar a cambiar no solo esta zona sino a que la ciudad sea menos insegura”, concluye.