
Luto y 'sed de venganza': masivas protestas por la muerte del ayatolá Jameneí
Miles de ciudadanos de Irán y otros países islámicos exigen represalias por el asesinato de su líder supremo
La muerte del ayatolá Alí Jameneí, quien ejerció como líder supremo de Irán desde el año 1989 , ha marcado el abrupto y violento fin de una era de casi cuatro décadas en la República Islámica. Tras los recientes ataques militares de Occidente, el asesinato del máximo líder chií ha desatado masivas protestas, sumiendo a gran parte de la nación en un profundo luto y una evidente 'sed de venganza'.

"Ni negociación, ni rendición": El estallido en las calles
El impacto del magnicidio ha transformado la dinámica urbana del país persa. En un Teherán completamente blindado y marcado por la ausencia de conexión a internet, miles de acólitos del régimen se han congregado en la céntrica plaza Enghelab para llorar a su líder.
El Estado ha decretado un luto nacional de 40 días, escenario bajo el cual la multitud enardecida exigió represalias al grito de “ni negociación, ni rendición”. La conmoción y las demostraciones de fuerza han trascendido las fronteras iraníes:
En diversos países islámicos, como Yemen, multitudes han marchado en homenaje a Jameneí, evidenciando el dolor de los fieles que lloran su muerte. Durante estas movilizaciones internacionales, agrupaciones civiles y simpatizantes han llegado a marchar portando fusiles en señal de resistencia

El clamor de las calles tiene un eco directo en la cúpula gubernamental. El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, en su primera aparición televisiva tras sobrevivir a los ataques occidentales, sentenció que el magnicidio constituye “una declaración abierta de guerra contra los musulmanes, especialmente los chiíes en todos los rincones del mundo”.

El mandatario justificó el accionar del Estado asegurando de forma categórica que "la venganza por este crimen histórico es nuestro deber y también nuestro derecho legítimo". Esta postura se alinea con la directriz del recién instaurado consejo de transición, que promete emplear toda su fuerza táctica y militar para ejecutar su venganza.