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El enfrentamiento entre las IAs utilizadas dentro y fuera de la ley plantea un escenario de ciberseguridad complejo.
El enfrentamiento entre las IAs utilizadas dentro y fuera de la ley plantea un escenario de ciberseguridad complejo.EFE

Ciberseguridad en jaque: duelo de algoritmos, la guerra de las IAs "buena" y "mala"

Una IA protege, la otra crea malware.La verdadera defensa requiere ética, cooperación y conciencia humana, no solo tecnología

El campo de batalla de la guerra de la ciberseguridad son los sistemas informáticos, los ordenadores y dispositivos móviles; las redes de comunicaciones, y los programas y aplicaciones. Sus combatientes más recientes y activos son dos tipos de IA: la que se usa para proteger (‘buena’) y la utilizada para atacar (‘mala’).

“Nos encontramos en un nuevo paradigma. La incorporación masiva de la IA no solo ha elevado el nivel de la batalla contra las amenazas digitales, sino que también ha redefinido las capacidades tanto para defender como para atacar”, señala a EFE Doris Seedorf, directora ejecutiva de Softtek para España.

Marc Rivero, investigador de Kaspersky, pronostica una “escalada en la autonomía de los ataques, con IAs capaces de ejecutar campañas maliciosas sin intervención humana, mientras que los sistemas defensivos evolucionarán hacia modelos predictivos capaces de anticipar amenazas antes de que ocurran”.

En el ámbito de la ciberseguridad tiene lugar un enfrentamiento, con resultados imprevisibles entre dos actores con un potencial y unas capacidades que superan todo lo conocido hasta ahora: la inteligencia artificial (IA) utilizada con buenas intenciones, o IA buena, y aquella que se emplea con fines delictivos, o IA ‘mala’, según explican dos especialistas consultados por EFE.

El resultado de esta confrontación entre las también denominadas IAs defensivas e IAs ofensivas es imprevisible, según advierten.

Inteligencia artificial, como escudo y como espada

La que podríamos denominar IA ‘buena’ “se utiliza en ciberseguridad como un escudo, ayudando a los sistemas a detectar patrones de comportamiento inusuales al instante y a anticiparse a posibles ataques antes de que causen daño”, explica a EFE Doris Seedorf, directora ejecutiva (CEO) para España de la firma de tecnologías de la información Softtek.

Añade que con el aprendizaje automático, uno de los subcampos de la inteligencia artificial, “los sistemas de defensa se pueden adaptar y mejorar continuamente, lo que permite a las empresas responder de forma más rápida y precisa a las amenazas emergentes y fortalecer su capacidad de adaptarse a las adversidades y ataques digitales y resistirlos”.

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Por otra parte, la denominada IA ‘mala’ (IA que se usa con fines maliciosos) “puede utilizarse en ciberdelincuencia como una espada”, ya que “los ciberdelincuentes aprovechan su poder para diseñar ataques más complejos y personalizados”, según señala.

Seedorf explica que “a través de algoritmos avanzados, los ciberdelincuentes automatizan y escalan sus intrusiones, lo que hace que los ataques sean más difíciles de identificar y neutralizar”.

“La IA también facilita la creación de ‘phishing’ (ciberataque mediante suplantación de identidad) y ‘malware’ (programas maliciosos) muy sofisticados, que pueden engañar incluso a sistemas de defensa robustos, poniendo en riesgo la integridad de datos sensibles”, enfatiza.

Este escenario de guerra entre IAs al servicio de la ciberseguridad e IAs al servicio del ciberdelito representa un equilibrio delicado entre los beneficios y las amenazas que plantea la inteligencia artificial, según la experta de Softtek.

“La dualidad del uso de la IA en ciberseguridad crea un panorama complejo. Actualmente, nos encontramos en un nuevo paradigma. La incorporación masiva de la IA no solo ha elevado el nivel de la batalla contra las amenazas digitales, sino que también ha redefinido las capacidades tanto para defender como para atacar”, puntualiza.

La clave para salir victoriosos en esta guerra de IAs no reside solamente en disponer de una tecnología superior a la del oponente, según la visión de esta experta.

“Es fundamental fomentar una cultura de ciberseguridad que combine la innovación tecnológica con la conciencia humana, porque para que una ciberdefensa sea efectiva se necesita que ambos elementos (las personas y las máquinas) trabajen en sinergia”, recalca.

Confrontación con victorias y retrocesos de ambos bandos

Por su parte, Marc Rivero, señala que “las IAs defensivas están revolucionando la ciberseguridad mediante sistemas capaces de analizar enormes volúmenes de datos, detectar anomalías instantáneamente y responder de forma automatizada a amenazas cada vez más complejas”.

“Por otro lado, las IAs ofensivas están siendo utilizadas por ciberdelincuentes para desarrollar ataques más sofisticados, personalizados y difíciles de detectar, que pueden adaptarse dinámicamente al entorno de la víctima”, apunta Rivero.

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Rivero prevé que “en el futuro, es probable que veamos una escalada en la autonomía de los ataques, con IAs capaces de ejecutar campañas maliciosas sin intervención humana, mientras que los sistemas defensivos evolucionarán hacia modelos predictivos capaces de anticipar amenazas antes de que ocurran”.

“Al mismo tiempo, la disponibilidad de herramientas de IA maliciosas como servicio en la ‘dark web‘ (parte oculta de Internet a la que se puede acceder mediante un ‘software’ y navegadores específicos), podría ‘democratizar’ el ciberdelito, permitiendo que actores sin conocimientos técnicos lancen ataques sofisticados”, advierte este especialista.

“Frente a este escenario, será clave impulsar marcos regulatorios y éticos a nivel global, así como fortalecer la cooperación entre gobiernos, empresas y expertos en ciberseguridad”, vaticina.

Consultado por EFE acerca de que podría suceder en el futuro cuando las IAs, 'buena' y la 'mala', evolucionen, alcancen una superinteligencia mayor que la de las personas y sean capaces de mejorarse a sí mismas, Rivero señala que resulta complicado hablar de una ‘ganadora’ en una hipotética guerra de IAs dotadas de capacidades y potencialidades sobrehumanas.

Explica que “no se trata de una batalla con un final claro, sino de un equilibrio de fuerzas en constante evolución”.

“Si ambas partes —la IA defensiva y la ofensiva— acceden a niveles de superinteligencia, la ventaja no residirá solo en la capacidad técnica, sino en factores como la ética, el control humano, el acceso a datos y los marcos legales y sociales que regulen su uso”, adelanta.

“El verdadero riesgo surge si se pierde el control sobre estas IAs y entramos en una dinámica de escalada sin supervisión humana. Por eso, el gran desafío no es solo tecnológico, sino también político, ético y social”, concluye.

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