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Laberinto
Laberintos el 29 de febrero de 2024 en la localidad de MalargüeEFE

El argentino que diseñó dos laberintos a los pies de los Andes

Los dos laberintos enfrentados son capaces de desafiar la paciencia de cualquier paseante

En el país de Jorge Luis Borges, los laberintos son mucho más que un mero pasatiempo. Jorge Carmona construyó hace doce años en la remota localidad argentina de Malargüe, a los pies de la cordillera de los Andes, dos laberintos enfrentados capaces de desafiar la paciencia de cualquier paseante.

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Los planes de Carmona, de 65 años, comenzaron hace dos décadas, cuando ideó, junto a su esposa Raquel, los primeros esbozos de los dos laberintos que pueden visitarse hoy en la provincia de Mendoza (centro-oeste del país), uno redondo y el otro cuadrado.

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Recién casados, Carmona y Raquel pasaron su luna de miel en las sierras de la provincia de Córdoba, donde quedaron fascinados por varios laberintos. "Nos encantaron", recuerda emocionado Carmona, que había llegado a Malargüe a los veinte años, buscando la prosperidad económica del petróleo.

"A los veinte años trabajábamos en la chacra (finca rural), teníamos viñas y frutales. Vinimos mi hermano y yo a buscar trabajo en el petróleo", relata. A 150 kilómetros de esta ciudad se levantan los pozos más septentrionales del yacimiento petrolífero de Vaca Muerta, la segunda mayor reserva mundial de gas natural no convencional y la cuarta de petróleo de este tipo.

laberinto - Argentina
Una persona camina en un laberinto el 29 de febrero de 2024 en la localidad de MalargüeEFE

"Trabajamos aquí 15 años (...) es un trabajo muy lindo", rememora el creador de los laberintos, que perdió su puesto de trabajo en la petrolera estatal YPF, cuando esta fue privatizada a principios de la década de los noventa por el Gobierno del peronista Carlos Menem (1989-1999).

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"El petróleo se puede terminar, pero el turismo se queda": esas fueron las palabras que le dijo el intendente de la localidad al entonces joven Carmona. Sin haber cursado la secundaria "porque había que trabajar en la finca", Carmona se apuntó entonces a un curso asociado a la 'Continental School', una red que ofrecía clases de dibujo por correo. "Todo eso me sirvió para empezar a dibujar, y empecé con los laberintos", dice Carmona, que sigue trabajando "casi a diario" en sus creaciones, pese a haber perdido casi la visión de un ojo.

El primer paso a la hora de diseñar un laberinto es dibujarlo en el suelo. Según Carmona, no es necesario hacerlo a tamaño real. "Me llevaba mucho tiempo porque como no me salía lo borroneaba", recuerda. "Los hacía en cartulinas de esas gigantes (...), buscaba otros laberintos que estaban ya hechos y me gustaban", dice. La siguiente etapa consistió en desecar los terrenos en los que Carmona y su esposa levantaron sus dos dédalos, compuestos por más de 100.000 árboles.

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