
Monitoreo del volcán Cotopaxi: cómo funciona la red de estaciones 24/7
Estaciones, pruebas técnicas y preparación ciudadana entre las acciones que se ejecutan
El volcán Cotopaxi, uno de los más imponentes y a la vez peligrosos de Ecuador, es también el más vigilado del país. Su potencial eruptivo exige un monitoreo constante que combina tecnología, observación comunitaria y coordinación interinstitucional. A través de más de 60 estaciones multiparamétricas distribuidas en sus alrededores, el Instituto Geofísico (IG) de la Escuela Politécnica Nacional mantiene un seguimiento 24/7 de la actividad interna y externa del coloso.
Durante una visita de mantenimiento a la estación Bocatoma, ubicada a entre 5 y 7 kilómetros de la base del volcán, técnicos del IG realizaron pruebas de transmisión de datos. Cristian Espín, especialista del instituto, explicó que se trató de un ejercicio de verificación.
“Estamos comprobando la respuesta del radio que nos permite transmitir señales hacia Quito, donde está la base del instituto. Revisamos baterías, alimentación y transmisión. También realizamos limpieza de paneles solares para garantizar que la estación no se apague y que los datos lleguen en tiempo real”, indicó.
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Estas acciones se realizan periódicamente para asegurar que, ante cualquier variación en la actividad del Cotopaxi, la información llegue de manera oportuna al centro de monitoreo.
Una estación multiparamétrica clave
Darío García, especialista de la red de monitoreo del IG, detalló que la estación de Bocatoma cuenta con equipos de sismología y cámaras de espectro visible. “El sensor sísmico nos permite identificar movimientos internos y posibles flujos en el río Pita. La cámara funciona de día, mientras que los equipos sísmicos trabajan permanentemente. Todas nuestras estaciones operan con energía solar y baterías para mantenerse activas incluso en condiciones adversas”, explicó.

García añadió que el Cotopaxi es monitoreado mediante parámetros de sismicidad, deformación, gases e inclinometría. Aunque recientemente se registró un sismo que fue sentido por la población, este no ha generado cambios significativos en otros indicadores. “Eso significa que, por ahora, no hay señales de una reactivación inmediata”, puntualizó.
Tecnología y ciencia en acción
La vulcanóloga Patricia Mothes resaltó que el Cotopaxi cuenta con un sistema de vigilancia multiparamétrico de primer nivel. “Disponemos de 12 estaciones sísmicas alrededor del volcán, una red de GPS que detecta hinchamientos en sus flancos y equipos para medir la concentración de gases como el dióxido de azufre. Actualmente no se observa un incremento significativo en ninguno de estos parámetros, lo que es una señal positiva”, señaló.

La especialista subrayó que los sismos percibidos en semanas anteriores corresponden más a fallas tectónicas que a un proceso eruptivo. Sin embargo, recordó que el volcán ha mostrado actividad en 2001, 2015 y 2022, por lo que la vigilancia no puede relajarse.
Preparación y trabajo comunitario
El monitoreo científico se complementa con la labor de los vigías comunitarios, habitantes de sectores aledaños que desde 2010 colaboran reportando observaciones diarias del volcán a través de radios portátiles. Con apoyo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), han recibido equipos y capacitaciones. “Los vigías son un pilar en nuestra red de vigilancia. Reportan cada mañana sus observaciones y son un enlace directo con las comunidades”, destacó Mothes.
Además, el Instituto Geofísico trabaja junto a la Secretaría de Gestión de Riesgos y los municipios para mantener señalizadas las rutas de evacuación y reforzar la preparación ciudadana. “Nunca es tarde para retomar simulacros y capacitaciones. La población debe saber a dónde dirigirse y qué hacer en caso de una eventual erupción”, insistió la experta.
Aunque el Cotopaxi no muestra en este momento señales de erupción, la vigilancia permanente es indispensable. Cada dato recogido por las estaciones, cada reporte de los vigías y cada simulacro contribuye a reducir el riesgo.
“Vivimos en un país volcánico. No podemos predecir con exactitud cuándo ocurrirá una erupción, pero sí podemos estar preparados. La información, la tecnología y la organización comunitaria son nuestra mejor defensa”, concluyó Mothes.
Ciudadanía exige reforzar la prevención ante eventual reactivación del volcán Cotopaxi
El 15 de agosto de 2015 quedó marcado en la memoria de Luz Chicaiza, comerciante del Mercado El Salto en Latacunga. Ese día, mientras organizaba sus productos para la venta, escuchó a través de los altavoces de la Policía Nacional la orden de evacuar debido a la alerta por la actividad del volcán Cotopaxi.

El mercado, ubicado a pocos metros del río Cutuchi, se encuentra en una de las zonas consideradas de alto riesgo. “La gente se desesperó, muchos pedían de rodillas a la Virgen de La Merced, la Patrona del Volcán, que calmara su furia. Salimos corriendo, dejamos los puestos abiertos y sin mochila de emergencia. Yo recordaba lo que me enseñaron de niña: que cuando el Cotopaxi haga erupción hay que subir a las zonas altas”, relató.
Una percepción similar tiene Alexandra Quimbita, habitante de la ciudadela Las Fuentes. Ella señala que su barrio es considerado zona de riesgo, pero que en los últimos meses no han recibido capacitaciones. “Esperamos que las autoridades retomen pronto los talleres informativos, ahora que el volcán está tranquilo. No podemos esperar a que cambie la alerta para recién actuar”, advirtió.
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