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Martes 13
No quiero aparecer supersticioso por la simple razón (¿qué será la razón?) de creer no serlo. Sin embargo, diré como los gallegos respecto de las brujas, en las que no creen: “pero... de haberlas haylas”.
La aclaración resulta válida, dado que esto del martes trece ha sido calificado como una fecha de connotaciones siempre negativas y siendo hoy martes trece me atrevo a escribir sobre el asunto.
Si más tarde me sucede algo malo, a nadie se acuse por ello, debe ser por motivo de que la superstición tiene sustento.
En cualquier caso, de un tiempo a esta parte, esto es hace más de una década, al Ecuador le está yendo como si todos los días fuesen martes trece.
Claro que a determinados ciudadanos y ciudadanas, nunca mejor dicho, y conste que expresamente pongo a los varones (es una forma de decir) primero que a las damas, les ha ido muy en todos estos días, aunque pareciera que, por fin, se les está acabando la fiesta.
Por supuesto, no hay como cantar victoria todavía. Los peces grandes siguen como si nada: beben y beben los peces en el río, viendo al nuevo dios nacido. Sin duda, de eso es lo que este tiene que cuidarse. De actuar como los peces de cualquier tamaño: nada y nada. Y pescar solo uno que otro bagre. Necesitamos peces del mar. Uno de esos de buen tamaño para alimentar la gran esperanza de que las cosas están cambiando. Recuérdese que lo mejor es enemigo de lo bueno. El país está asqueado y hastiado. Quien da pronto, da dos veces, que ya es algo, pese a requerir cuatro o cinco o cien.
Y, por supuesto, de nada sirven sino para indignar más, los peces de cartón, las pantomimas de las comparecencias voluntarias. El Ecuador lo tiene muy claro: los que carecen presumen.
Tampoco el argumento insolente del también tú. Duele hondo la evidencia mostrada en los indeseables campeonatos de los rabos de paja, donde se intenta dejar implícita la amenaza: no te metas con mi rabo que entonces me meto con el tuyo, que es más largo.
Lo único que queda claro es que flotamos en un mar de corrupción y cada vez queda menos gente para tirar la primera piedra. Apenas sepulcros blanqueados.