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Lenín Moreno se convierte en otro

El presidente lava su alicaída imagen con una campaña de propaganda.  Las cuñas son una respuesta política a la muletilla de “el peor gobierno de la historia”.

Captura de imagen de video de propaganda del gobierno de Lenín Moreno
Propaganda. La campaña ‘Sembramos futuro’ se esfuerza por mostrar al presidente de la República saliente como un líder cercano a las personas.EXPRESO

“Decían que no había obras. Hoy vamos a hablar de ellas…”. La voz en off del presidente suena tan segura de sí misma que el espectador hasta podría olvidar el tono lastimero con que el mismo personaje despachó aquello de “No, la mesa no está servida” en su primera reunión de transición con Guillermo Lasso. Son los días finales de su gobierno y a Lenín Moreno le ha entrado la urgencia de última hora de dejar en alto su legado, del que hace apenas un mes no demostraba ser consciente. En eso parece estar gastando todo el presupuesto de propaganda que no usó en los cuatro años previos. La campaña ‘Sembramos futuro’, con videos superproducidos en el horario estelar de todos los canales de televisión de alcance nacional, llega tan tarde en su intento de levantar la alicaída imagen del Gobierno que solo puede tener un propósito: autoestima.

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Hace un mes, ante el presidente electo, no tenía gran cosa que decir. Hoy habla de “los nuevos hospitales y centros de salud”, “los miles de kilómetros de nuevas carreteras, puentes y terminales”, “las más de 160 mil casas, escuelas rurales, proyectos de agua potable y alcantarillado…”. Las obras se ven magníficas desde las alturas, captadas por los drones, y la edición de imágenes es tan acelerada que no hay tiempo de distinguirlas. Así, en el discurso redondo y autosuficiente de la propaganda, en ausencia de términos de referencia que permitan establecer comparaciones y fuera de todo contexto que sitúe los hechos en perspectiva, Lenín Moreno aparece de pronto, en su última quincena de gobierno, convertido en un presidente constructor. Una novedad para todo el mundo. Él debe ser el primer sorprendido.

Es la operación lavado de imagen. Moreno se enfrenta con la necesidad de desmentir la muletilla aquella de “el peor gobierno de la historia”, posicionada por los correístas con todos sus recursos de comunicación, que no son pocos: portales de Internet, medios de comunicación públicos que todavía controlan, ejército de “guerreros digitales”… La campaña de despedida del Gobierno es, por tanto, una necesidad política.

El equipo de comunicación de la Presidencia no deja un solo flanco sin cubrir. Bastó con que Guillermo Lasso expresara sus suspicacias sobre la marcha del plan de vacunación (“la mesa no solo no está servida sino que no hay vacunas en ella”, llegó a decir el presidente electo en entrevista con diario El Universo), para que Carondelet decidiera convertir cada jornada de vacunación en un video de propaganda. Entre eso y las cuñas sobre el Plan Toda una Vida o la Misión Manuela Espejo, más los videos con la propia voz en off del presidente, el Gobierno termina su mandato con un ritmo de producción de más de un video diario. No hay noticiero de TV que no se vea salpicado con el ruido de la propaganda oficial.

Lo más convincente de esta campaña es el mensaje político de respuesta al correísmo que el jefe de Estado desliza en todos sus videos: “Hablemos de todas esas obras que hicimos -dice- mientras recuperábamos la libertad de expresión, mientras ordenábamos la economía, mientras reconstruíamos las relaciones internacionales, mientras arreglábamos aquello que se había dañado”. Esta última frase, “mientras arreglábamos aquello que se había dañado”, se ha convertido en convincente leitmotiv. No será una muletilla tan exitosa como “el peor gobierno de la historia” pero, por lo menos, es comprobable. La exitosa participación de Moreno en el Foro de Defensa de la Democracia, en Miami, donde recibió el homenaje y los elogios de algunas de las figuras políticas más importantes de la región, reforzó el mensaje. No hace falta decir que los momentos más brillantes de esa experiencia también han sido aprovechadas por la propaganda.

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Masiva y constante, la campaña de propaganda ‘Sembramos futuro’ con la que Lenín Moreno se despide de su mandato tiene el potencial (ya lo medirán los encuestadores) de dejar una huella en la opinión pública. Pero sobre todo reafirma algo que el correísmo ya demostró hasta el hartazgo: con propaganda se puede reescribir la historia.

El papel de la primera dama

Una particularidad de la campaña de propaganda de despedida de Lenín Moreno, creada por el equipo de comunicación de la Presidencia, es que no está centrada en su equipo de gobierno (de hecho, no hay un solo funcionario reconocible que aparezca en ella) sino en la pareja presidencial. Rocío González, la esposa del presidente, es coprotagonista de todas las cuñas.