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La “nueva” agenda urbana
La inclusión es el eje predominante de lo que se ha denominado la Nueva Agenda Urbana y para ponerla en práctica se plantea como objetivo principal la erradicación de la pobreza.
Dos precisiones a la Declaración de Quito emitida por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo que acaba de concluir en nuestra ciudad capital:
La primera es para cuidar que no se caiga en el equívoco de presuponer que ha existido una agenda urbana previa y por ello es posible poner en consideración una nueva. No ha existido tal y la nueva, al decir de muchos de los participantes en Hábitat III, estuvo preeleborada a base de criterios y documentos que no recogen las aspiraciones fundamentales de quienes sufren la deteriorada condición de los habitantes de las áreas marginales de las ciudades. Por ello se intentó rescatarlas, sin conseguirlo con la contundencia deseada y necesaria, en la denominada H3A (Hábitat 3 Alternativo).
La segunda, para destacar la cansina propuesta de los viejos objetivos, tal cual ese de erradicar la pobreza, que se repite de conferencia en conferencia sin asumir, con el coraje y el realismo requeridos, que dicha situación es consecuencia directa del modelo de acumulación que domina en las sociedades contemporáneas y que mientras no se lo modifique o sustituya, la pobreza y hasta la miseria, seguirán siendo parte de la cotidianidad de las mayorías poblacionales. También es necesario aceptar que lo de erradicar, tanto en temas de salud como en los sociales, es siempre tan solo una aspiración a perseguir, una ilusión a procurar pero, un imposible de lograr y, por tanto, bien se haría en buscar, al menos, reducir la pobreza con políticas orientadas a la redistribución de la riqueza y por ello también a su generación, teniendo el cuidando de no destruir al medioambiente mientras se la crea.
Por lo demás, no habrá políticas de inclusión sin la más amplia participación de los conglomerados humanos a los que se busca beneficiar. Por ello, la consigna de que “nadie sea dejado atrás” es válida pero insuficiente. Sin organización y capacitación populares el sueño de la inclusión seguirá siendo precisamente eso: un sueño. Y con él también será tal, una adecuada planificación participativa y un largo catálogo de ya conocidas propuestas.