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Juan Carlos Proano: “Nunca es facil planificar una cruzada antartica”
Para que los 34 expedicionarios cubran los 5.203 kilómetros que separan a este país del continente blanco, se impone una planificación rigurosa. Juan Carlos Proaño, director del Instituto Antártico Ecuatoriano (INAE), coordinó las últimas dos expedicio

Desde enero pasado, 33 expedicionarios están viviendo la experiencia de pasar dos meses en el frío del continente blanco. El grupo lo forman personal militar, servidores públicos e investigadores, de Ecuador y de otros países. Juntos gestan la vigésima primera campaña de 30 años de presencia ecuatoriana en la Antártida.
Para que los 34 expedicionarios cubran los 5.203 kilómetros que separan a este país del continente blanco, se impone una planificación rigurosa. Juan Carlos Proaño, director del Instituto Antártico Ecuatoriano (INAE), coordinó las últimas dos expediciones. En una entrevista que este oficial ofreció a EXPRESO, antes de su viaje hacia esa parte del planeta, descubre algunas de sus vivencias detrás de la organización de esta nueva cruzada.
- Trasladar a 34 ecuatorianos a la Antártida debe ser complejo. ¿Qué tan complicado resultó organizar la expedición?
- Aunque hay que reconocer que toda la campaña es un trabajo complicado, creo que lo más fuerte es coordinar. El país no posee medios logísticos propios (en tres oportunidades el Orión viajó a la Antártida). Debemos buscar apoyo de otros países. Lo hemos hecho con Chile, Argentina, Uruguay, Brasil... Nos han facilitado traslados en buques y aviones. Nosotros ofrecemos apoyo con la estación científica Pedro Vicente Maldonado.
- ¿Qué hace a un ecuatoriano miembro de una expedición?
- Tanto el personal logístico como el de investigadores pasan un proceso de selección. El logístico proviene de la Armada. Para el cupo de los investigadores se abre una convocatoria de proyectos con la academia. Para esto, el INAE tiene convenio con los institutos que ejecutan investigaciones en el país. Se los escoge siempre y cuando sean ejecutables logísticamente y en el tiempo que dure el viaje.
- Es difícil vivir en el frío, pero ¿qué es lo más complicado de residir por dos meses en ese mundo blanco y congelado?
- El clima es lo más hostil. Eso es cierto. Implica mucho riesgo, pero eso impone una preparación previa. Se dictan seminarios preantárticos, que capacitan a los viajeros en cuestiones de riesgos y seguridad. Desde cursos de primeros auxilios hasta contra incendios, pasando por el cuidado del ambiente. Todo esto para evitar precisamente la mayor cantidad de riesgos. Esa es la premisa de la INAE. A esto se suma el trabajo. Como hay que aprovechar el tiempo, que es oro allá, las jornadas mínimas duran 10 horas.
- Usted tiene mucha experiencia sobre lo que es estar en la Antártida. ¿Cuántas veces y por qué se trasladó hacia allá?
- Esta será mi cuarto viaje. Mi primer viaje fue en 1997 como jefe de la expedición, un cargo que desempeñé en tres ocasiones. En las últimas dos he participado en la preparación de la campaña. Debo reconocer que nunca ha sido fácil planificar una expedición. Es un trabajo arduo que impone mucha coordinación y estar pendiente de la selección de los viajeros, de cómo se los capacita para vivir durante dos meses en ese clima. Además, coordinar el apoyo con países amigos para que nos faciliten el traslado.
- ¿Cómo se resuelve esto de alimentar a tantas personas durante dos meses?
- No es complicado, llevamos provisión desde Ecuador. De los productos perecibles nos surtimos en Punta Arenas, en Chile. También se come bien allá, con un menú muy ecuatoriano, por cierto.