entretenimiento nocturno
El centro de Guayaquil pierde su vida nocturna
Lo que ya era una noche deprimida el año pasado, hoy es un escenario más crítico. Propietarios ajustan horarios y buscan alternativas para sostenerse

La Taberna. Hace 64 años funciona este bar en el barrio Las Peñas; su propietario, Manuel Vélez Linares, cuenta que entre sus clientes están sus amigos y los hijos de ellos.
Lo que debes saber
- Entre el 1 de enero y el 23 de febrero de 2025 se reportaron 387 homicidios, mientras que en el mismo período de 2026 se contabilizan 329 casos.
- La vida nocturna en la ciudad se vio suspendida por el reciente toque de queda, del 15 al 30 de marzo de 2026.
- Los propietarios de locales en centro de Guayaquil han demandado en varias ocasiones más presencia de uniformados, sobre todo en zonas turísticas.
En Guayaquil, la noche aún no despega. Los bares del centro, el corazón del Puerto Principal, lucen vacíos, con apenas una o dos personas en algunas mesas. En otros espacios, las sillas permanecen desocupadas y evidencian la baja afluencia de clientes.
Guayaquil
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Flor Layedra Torres
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Noches vacías en el corazón de Guayaquil
Los dueños de estos locales aseguran que, si antes cualquier motivo bastaba para que los guayaquileños salieran a brindar, ahora esa dinámica cambió. Sostienen que la inseguridad ha transformado la vida nocturna y ha sembrado temor entre los clientes al momento de salir a divertirse.
Propietarios y administradores de siete bares del centro de Guayaquil, consultados por EXPRESO, coinciden en que la afluencia de clientes ha disminuido de forma considerable en los últimos meses. En comparación con años anteriores, el flujo de visitantes se ha reducido incluso en horarios que antes concentraban mayor movimiento.
Antes nosotros teníamos el miércoles de jazz, el jueves de blues; pero ya eso se ha ido porque no hay gente.
La afluencia cae y golpea los ingresos
Además, advierten que esta caída sostenida ha alterado la dinámica habitual del sector. Noches que antes garantizaban ingresos hoy transcurren con baja concurrencia y mayor incertidumbre.
Mayte Ricardi, administradora de la picantería La Culata, ubicada en las calles General José Córdova y Juan de Mendiburu, sostiene que el negocio ha logrado mantenerse como un espacio de encuentro para amigos, familias y artistas, pese al contexto adverso. Sin embargo, reconoce que el movimiento ha variado y que muchos clientes ahora prefieren ambientes más reservados o evitan salir con la misma frecuencia.

Hill House. En este sitio se presentan bandas locales de la ciudad, los viernes y sábados.
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Resistir en medio de la incertidumbre
Por su parte, André Sangster, dueño del bar Hill House, ubicado en el barrio Las Peñas, en la avenida Morán de Buitrón, diagonal a la Plaza Colón, explica que la frecuencia de visitantes se concentra principalmente hacia el final de la semana. Señala que, aunque el local abre de miércoles a sábado, el mayor flujo se registra los viernes y sábados, mientras que entre semana la asistencia resulta más limitada y variable.
En ocasiones, estos locales se llenan luego de las 22:00, pero no siempre, asegura Freddy Girón, gerente del bar El Girón Grill, ubicado en las calles Juan de Mendiburu y General José Córdova.
Él comenta que hay noches en las que apenas reciben grupos pequeños o clientes ocasionales. Explica que esta baja concurrencia impacta directamente en los ingresos y dificulta cubrir costos operativos básicos.
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Menos días, menos clientes, más pérdidas
No obstante, Norman Recalde, gestor cultural del bar Diva Nicotina, ubicado en el primer escalón del barrio Las Peñas, sostiene que la asistencia ha caído de forma sostenida. Señala que esta situación los obligó a reducir sus días de atención y concentrar su actividad en jornadas específicas.
Actualmente, atiende únicamente los viernes y sábados, en un intento por concentrar la poca demanda existente. Añade que, ante la falta de condiciones para sostener el negocio en Guayaquil, evalúa trasladarse a Cuenca en busca de un entorno más favorable para la actividad cultural y nocturna.
Los entrevistados atribuyen la caída de clientes principalmente a la inseguridad que atraviesa la ciudad y que se ha incrementado desde mediados del último año. Recalde sostiene que el temor ha frenado la decisión de salir en las noches, mientras que Girón coincide en que la falta de seguridad y de presencia policial reduce la asistencia y obliga a los locales a operar en un entorno de incertidumbre.
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El miedo apaga la vida nocturna
A Karina Santiestevan, residente de Urdesa, por ejemplo, le atemoriza ir al centro, pese a reconocer su importancia, por lo oscuro que permanece en la noche. “Me siento vulnerable. No veo una zona viva, donde la gente va y viene. Ni siquiera la calle Panamá, ni siquiera Las Peñas. Hubo un toque de queda hace poco, pero eso no cambió la percepción de nada. Todo sigue igual, y es el turismo el que la está pagando”, señaló.
De forma similar opinó Roger Alarcón, residente del barrio Centenario, quien, por cercanía, hasta hace poco más de un año optaba por ir al centro. “Hace seis meses me robaron la moto. ¿Cómo volver? ¿Para qué? Estas últimas semanas he pasado por ahí para ver si hay más vida, y nada. Es triste. Esta zona que debería vibrar hasta la madrugada está muerta. Y los negocios, los turistas, la gente joven, las familias, todos lo estamos pagando”, sentenció.
A la percepción de Recalde se suma Sangster, quien considera que, sin una mayor difusión y activación del centro -un pedido que por años han hecho ciudadanos y sugerido especialistas en planificación urbana-, resulta difícil atraer nuevos visitantes o recuperar a los habituales. En la misma línea, Ricardi señala que muchos ciudadanos han optado por retraerse, lo que también incide en la disminución del flujo de visitantes en zonas tradicionales como el centro de Guayaquil.
Estamos desgastados mentalmente, viendo de qué forma inventamos algo para atraer a la clientela.
Sin seguridad ni promoción, no hay reactivación
Marco Zavala, propietario del bar Eccentric Gallery, considera que la reactivación del sector depende de una mayor promoción y respaldo institucional. Sostiene que la Alcaldía debe impulsar campañas de difusión, similares a las aplicadas en otros puntos de la ciudad, para atraer visitantes y reposicionar a Las Peñas y al centro de Guayaquil dentro de la agenda turística.
Además, enfatiza la necesidad de reforzar la presencia policial, como ocurre en sectores como la calle Panamá. “La gente se siente más segura cuando hay policías, iluminación y gente”, afirma, al insistir en que la seguridad resulta clave para recuperar la confianza del público.
Además del Municipio, Cecilia Vélez, propietaria del bar Casa Grande, ubicado en el barrio Las Peñas, sostiene que el sector también requiere el respaldo del Gobierno nacional. Señala que el fortalecimiento de la seguridad no puede depender de una sola instancia y que se necesita una intervención articulada para garantizar condiciones adecuadas en las zonas de entretenimiento.
A su criterio, la presencia de miembros de la Policía y de las Fuerzas Armadas resulta clave para devolver la confianza a los ciudadanos. Advierte que, sin ese apoyo conjunto, los esfuerzos de reactivación desde los locales y el ámbito municipal resultan insuficientes.
A pesar del escenario adverso, varios negocios insisten en sostener su propuesta y adaptarse a las nuevas condiciones del mercado. Girón, por ejemplo, señala que ha diversificado su oferta con nuevas opciones gastronómicas, como cangrejadas, y evalúa incorporar almuerzos, además de actividades como teatro, para atraer clientes en distintos horarios y mantener operativo el local.

El Girón Grill. El bar ha tenido que adaptarse; aquí, pueden disfrutar de cangrejos.
Ruta de bares busca reactivar el sector
Los propietarios de bares han creado la ruta de los siete bares, como una estrategia para dinamizar la actividad en el centro de Guayaquil. Manuel Vélez Linares, propietario del bar La Taberna, explica que la propuesta nació de la necesidad de unirse frente a la baja afluencia de clientes y crear un circuito que invite a recorrer distintos espacios en una misma zona.
Según Recalde, la ruta busca fortalecer la identidad bohemia, artística y cultural del sector, con una oferta que priorice la música en vivo y el talento local. En cuanto a las expectativas, los dueños de los bares esperan que esta iniciativa incremente la visibilidad del sector y atraiga a nuevos visitantes locales como extranjeros.