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hace décadas, en esta misma columna que se inició con la fundación de “Expreso”, se preguntaba sobre el sentido de la vida y el movimiento cíclico de las estaciones. El ambiente intelectual de la época parecía poco propicio para las clásicas preguntas sobre el sentido de la vida. El “momento sartreano”, el de “La náusea” y las obras teatrales de los cuarenta, que puso en escena la ausencia de ese sentido como una de las grandes revelaciones del siglo, resultó no ser sino un comentario a pie de página del acto V de Macbeth de Shakespeare. Así era de terreno, relativo y localizable. El dinamismo sartreano, su poder de denuncia fue pronto arrumado por el compás acelerado de las diferentes insurgencias de los jóvenes de aquella época, que creían vivir su mayo interminable y tener la utopía al alcance de la mano. A nivel teórico en cambio, el pase a retiro del viejo pope francés estaba decidido: su tesis del compromiso, tan punzante en un mundo habitado por conciencias solitarias, desaparecía ante el descubrimiento planteado por sus sucesores Foucault, Derrida, Deleuze, para citar algunos, de que el mundo estaba escrito en términos de lenguaje.

El artículo buscaba sin embargo, más allá de las tendencias intelectuales y estéticas, preguntarse cómo la cultura contemporánea, con otros lenguajes y puestas en escena, asumía hablar de estos temas.

Quizás por formación, pretendía hacer a la vez un ejercicio de innovación y de memoria. En el fondo, la pregunta que una vez se hizo Francisco de Borja, duque de Gandía, antes de ingresar a la Compañía de Jesús: “¿De qué sirve al hombre ganar el mundo si al fin pierde su alma?”.

El tiempo de lluvias, el retorno al mar por vacaciones, las caminatas en la playa, el rompimiento de la vida urbana, cierta soledad no excesiva, parecían entonces el momento propicio para encontrar claves que iluminasen estas preguntas. Nunca ha estado disponible una respuesta a mano hecha a la medida. Solo, más bien una meditación frente al mar, con amor y temblor sobre ese misterio que somos cada uno de nosotros.

colaboradores@granasa.com.ec

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