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Instantáneas coronavíricas: RC coquetea con los talibanes

Pachakutik se distancia de la Conaie de Jaime Vargas. Los correístas venden su alma para caerles bien a los indígenas. Yaku Pérez deja la Prefectura sin lograr sus objetivos.

Leonidas Iza, dirigente indígena de Cotopaxi
Discurso. “No soy correísta”, dijo Iza. Los correístas no le creen.EXPRESO

Leo Iza reniega de sus amigos

Esta semana el movimiento indígena resolverá sus diferencias. O no. El jueves pasado, Pachakutik lanzó al prefecto del Azuay, Yaku Pérez, a competir por la presidencia de la República. El jueves próximo, la Conaie de Jaime Vargas decidirá si apoya o impugna esa candidatura. Extraña situación. Pachakutik solía ser el brazo político de la Conaie. Ahora, quién sabe. Tanto Vargas como Leonidas Iza, su cerebro a distancia, pertenecen a esa facción de la dirigencia indígena que, si dependiera de ellos, casi que preferirían contar con un brazo armado que con uno político. Y los aspirantes a ser eso (el movimiento de Cotopaxi, los Mariáteguis y otros talibanes) ya tomaron su decisión: quieren a Iza.

Un tercer precandidato, Salvador Quishpe, hizo circular ayer un video en el que cosecha cacao y ofrece su apoyo a Yaku Pérez. Iza, en cambio, mantiene prudente silencio desde el jueves. En su caso no es tan fácil definir una postura, hay demasiadas complicaciones. Una de las peores vive en Bélgica. Los correístas han sido sus amigos incómodos desde octubre de 2019, cuando él intentó dar un golpe de Estado y ellos lo ayudaron, o viceversa. La semana pasada, dio la impresión de romper con ellos: “No soy correísta”, dijo. Al macho alfa de la tribu le bastó escuchar eso para descargar, incontinente, su frustración en las redes.

“No soy correísta”: si Iza dijo eso es porque le hace falta. Si le hace falta es porque no está claro. Si no está claro es porque Iza, a fin de cuentas, es correísta. Y los correístas lo saben. “Hay que ponderar la ausencia de agresiones”, escribió uno de sus intelectuales orgánicos en un hilo de Twitter. “En diplomacia -añadió- importa mucho lo que NO SE DICE. Noten que Iza NO CAE en las bajezas” de otros, que los llenan de insultos. No. Iza “le dice a Correa ‘su proyecto’ y menciona varias veces al correísmo sin adjetivar”. ¿No da ternura? Pasada la rabieta, Correa retuiteó este hilo, con lo cual sus huestes ya saben lo que tienen que pensar. Iza aún es de los suyos.

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Juan Cárdenas, asambleísta correísta.
Asamblea. Los correístas los metieron presos, años después los amnistiaron.EXPRESO

Con todo su pasado por delante

El problema de los correístas en este asunto de su relación con el movimiento indígena es que apestan. En sentido figurado, claro. Que apestan significa que nadie quiere ser visto en su compañía. Ni Leonidas Iza. Mala cosa porque el movimiento indígena, con su capacidad de paralizar el país, es el tipo de aliado que necesita un grupo político que le apuesta al caos, como se vio en octubre. De otra manera no se explican los desesperados intentos del correísmo por congraciarse con un movimiento al que, por diez años, hizo la vida a cuadritos.

Conseguir el apoyo indígena con trampa y todo: el correísmo presenta su alianza Unión por la Esperanza (UNES) y entre sus aliados anuncia a la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador. ¿La Conaie? ¿Finalmente los convencieron? No. Esta Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador tiene unas siglas rarísimas: FEI. Es un grupito minúsculo. ¿Cómo llegó a llamarse igual que la Conaie? Es una larga historia de oportunismo y desvergüenza.

Ahora la Asamblea Nacional acaba de discutir la concesión de una amnistía para veinte detenidos indígenas de la provincia de Cañar y el correísmo vota a favor, disciplinadamente y en bloque. Pero ¿quién los metió presos, para empezar? Pues el gobierno correísta. Exactamente su ministro de la Policía, José Serrano, asambleísta con bloque propio, aliado del correísmo y, para que todo sea perfecto y redondo, ponente principal de la amnistía. Ayer los metía presos, hoy cita el Boletín y Elegía de las Mitas, de César Dávila: “Tenía que besar látigo y mano de verdugos. Diosselopagui, amito”. Y sus colegas correístas hablan de derechos humanos. “No aquellos selectivos -dice Juan Cárdenas- que solamente favorecen a quienes son de la impronta coyuntural, pero a los que hemos sido condenados a un ostracismo del odio, de la persecución, ahí no hay derechos humanos”. Enrevesado pero se entiende: dice que no hay que entender los derechos humanos como ellos los entendían cuando encarcelaron a estos 20 por no ser “de la impronta coyuntural”.

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Yaku Pérez, candidato a la presidencia por Pachakutik.
Prefecto. No cumplió su promesa de campaña.EXPRESO

Yaku Pérez deja la Prefectura bajo el signo del fracaso

Calzando sus botas de siete vidas, enfangado y sudoroso, el exprefecto de Zamora Chinchipe, Salvador Quishpe, se hace filmar en la cosecha del cacao. Vuelve la vista a la cámara y despacha su mensaje: Yaku Pérez es nuestro candidato. Señala al horizonte, a las montañas de su provincia donde las compañías mineras chinas y canadienses han empezado sus operaciones. Yaku Pérez nos librará de ellas, dice. ¿Será esa la carta de presentación del candidato de Pachakutik?

Los azuayos, seguramente, no lo ven tan claro. En los próximos días, cuando Yaku Pérez renuncie a la Prefectura del Azuay para asumir la candidatura de su partido, tendrá que admitir su gran fracaso: no consiguió cumplir su promesa de campaña; no logró que las compañías mineras sean expulsadas de los páramos de su provincia; no recibió el respaldo del Consejo para prohibir el desarrollo de proyectos mineros ubicados en fuentes de agua; ni siquiera tuvo éxito en la aparentemente sencilla tarea de plantear una consulta popular sobre la materia. Como resultado, la suerte de los páramos del Azuay es, ahora, más incierta que cuando asumió la Prefectura. Las mineras no se han ido, van ganando la partida.

En octubre del año pasado, Yaku Pérez participó de un levantamiento que no incluyó en sus reivindicaciones ningún tema relacionado con la minería. No lo cuestionó ni lo ha criticado públicamente. Al contrario, lo justificó (incluso en sus excesos, de los que fue parte) cuando compareció a la Asamblea Nacional para rendir su testimonio sobre lo ocurrido.

Más tarde, ya durante la emergencia sanitaria por el coronavirus, mientras la actividad de las compañías mineras tendía a reanudarse en los páramos del Azuay, Pérez se encontraba ya entregado a la tarea de apuntalar su candidatura. En ese empeño, la pandemia le fue muy útil. Gestionó pruebas médicas, repartió fundas con alimentos dentro y fuera de los límites de su provincia, hizo lo mismo que las demás figuras populistas del país, desde Jorge Yunda hasta Otto Sonnenholzner.

Eran bochornosos los videos que, en esa época, empezó a subir a las redes sociales su equipo de comunicación. En ellos se veían los recorridos de una camioneta con placas del Azuay y el logotipo de la Prefectura pintado en la puerta, cargada de fundas con comida y visitando los poblados y caseríos de la provincia de ¡Los Ríos! “Esto le manda el doctor Yaku Pérez, prefecto del Azuay”, decían los repartidores cuando entregaban la dádiva a los campesinos, que se doblaban del agradecimiento. Había conseguido Pérez un acuerdo con su homólogo de Los Ríos para intercambiar productos agrícolas de la Sierra y de la Costa, una buena idea que él, en lugar de elevar a política pública, convirtió en campaña barata en su carrera hacia la candidatura.

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