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Guayaquil y el medioambiente
Ayer fue el Día Mundial del Medioambiente y debe ser una fecha para que todas las sociedades y urbes reflexionen profundamente sobre cuáles han sido, históricamente, y son hoy, su visión y posición respecto al medioambiente, sus recursos naturales, ecosistemas, etc., que permitan una buena y positiva posición en relación a ellos.
Guayaquil en su historia ha tenido momentos en los que ha sabido proteger y defender su medioambiente y recursos. En el ayer de la constitución, recreación y proyección socioeconómica, geopolítica y cultural de la urbe hay hechos de cómo y cuánto la ciudad-puerto ha tenido una buena percepción y posición acerca de este problema. Pocos saben que en la vida colonial, en la segunda mitad del siglo XVIII, la ciudad protestó ante la Corona por la política depredadora de sus bosques forestales.
Este es un antecedente significativo para señalar que aunque existían el dominio y yugo colonial y aun a pesar del poder de la monarquía y su fuerza militar de ocupación, su cabildo y el colectivo social de esa época fueron capaces de levantar una protesta respecto a la defensa de uno de sus más importantes recursos naturales: sus bosques.
Ahora los principales problemas ambientales de la urbe son: contaminación del estero Salado y sus ramales, y del río Guayas; empobrecimiento del suelo por la deforestación; destrucción de sus bosques; contaminación del aire, especialmente por la emisión de gases del gran parque automotor; inapropiado uso de los desechos sólidos; incendios forestales; contaminación acústica, etc., igual que ocurre en otras ciudades del mundo, pese al esfuerzo de su Municipio. Sin embargo, la ciudadanía aún no tiene una adecuada cultura ambiental respecto al manejo de sus propios desechos (basura). Por todo esto, algunos ambientalistas estiman que Guayaquil estaría en las perspectivas de convertirse en una “zona roja ambiental”, sobre todo en determinados sectores de la urbe.
Ante esto no cabe lamentarse sino que, con responsabilidad y urgencia, la ciudad organice campañas de educación ambiental. Esta tiene que darse desde la educación formal e informal, pues es importante que la colectividad guayaquileña comprenda que los problemas del medioambiente son parte de su vida cotidiana y no aspectos que deban ser mirados con indiferencia y sin compromiso ni deber ciudadano alguno.