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Diario Expreso Ecuador

El Diablo Viste a la Moda 2 va más allá del glamour: ¿el final del periodismo de moda?

Todos hablan del regreso de Miranda Priestly y más integrantes de Runway. En esta secuela el drama, humor y estilo se visten de gala

Anne Hathaway como Andy Sachs, Meryl Streep como Miranda Priestly y Stanley Tucci como Nigel Kipling en El Diablo Viste a la Moda 2.

Anne Hathaway como Andy Sachs, Meryl Streep como Miranda Priestly y Stanley Tucci como Nigel Kipling en El Diablo Viste a la Moda 2.Cortesía

Alejandro Puga
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Lo que debes saber

  • El Diablo Viste a la Moda 2 muestra la crisis del periodismo y el paso al entorno digital
  • Meryl Streep vuelve como Miranda Priestly en una industria dominada por algoritmos

  • Lady Gaga y Doechii expanden el universo con el videoclip ‘Runway’

Ser actual, fresca y a la moda es algo que se cumple a cabalidad en El Diablo Viste a la Moda 2. Pero esta vez, esa premisa no se queda en la superficie estética. La película utiliza ese lenguaje visual para hablar de algo más profundo: la transformación de los medios y el vacío que dejó la caída del periodismo impreso.

El periodismo cambia

Dos décadas después, Runway ya no es solo una revista de referencia. Es un símbolo en tensión. Lo que antes definía tendencias desde el papel, hoy intenta sobrevivir en un ecosistema donde la información circula sin pausa y la relevancia se construye en tiempo real. La secuela parte de ese quiebre: el momento en que la industria editorial deja de tener control absoluto sobre lo que el público ve, consume y recuerda.

En ese contexto, Miranda Priestly, interpretada por Meryl Streep, ya no se enfrenta únicamente a su equipo, sino a un sistema que dejó de responder a su lógica. Su oficina, reconstruida con pilas de revistas acumuladas como peso físico y simbólico, funciona como un recordatorio constante de lo que fue el poder editorial: tangible, jerárquico, casi intocable.

La película entiende que lo que se perdió no es solo el papel. Es el ritmo. El tiempo de edición, la construcción de una portada, la capacidad de decidir qué marcaba conversación. En su lugar, aparece la inmediatez. Y con ella, una redefinición del poder.

Andy Sachs (Anne Hathaway), encarna esa transición. Su regreso no responde a la nostalgia, sino a la necesidad de reinsertarse en un entorno que cambió por completo.

La periodista que aprendió a mirar la moda desde adentro ahora debe entender cómo esa mirada se traduce en un sistema donde la autoridad editorial compite con algoritmos.

¿Qué cambió entre la uno y la dos?

Uno de los factores decisivos fue la participación de Meryl Streep. el director David Frankel reconoce que la película no habría existido sin ella. La actriz aceptó considerar la secuela únicamente si había un guion sólido, lo que impulsó al equipo creativo a desarrollar una historia que reflejara el nuevo contexto de los medios.

El rodaje, a diferencia de la primera entrega, tuvo un tono completamente distinto. Frankel recuerda que la producción original fue compleja y llena de dificultades, mientras que esta secuela se desarrolló en un ambiente más fluido. Desde la lectura de guion hasta la filmación, el proceso avanzó sin grandes cambios ni tensiones, algo poco común en una producción de esta escala.

Otro de los detalles revelados tiene que ver con el método actoral. En la primera película, Meryl Streep evitaba interactuar con Anne Hathaway y Emily Blunt fuera de escena para generar una distancia real con sus personajes. En esta nueva entrega, esa dinámica cambió por completo. El set se transformó en un espacio más cercano, y la actriz compartía con el equipo e incluso llevaba un ambiente más distendido al rodaje.

El director también destaca el carácter emocional de la película como uno de sus mayores logros. Aunque el universo de la moda sigue presente, sus escenas favoritas no son las más espectaculares, sino las más íntimas, aquellas en las que los personajes enfrentan las consecuencias de sus decisiones después de veinte años.

Para Frankel, el objetivo final no era superar la primera película, sino enriquecerla. La secuela busca ampliar el universo sin diluir lo que la convirtió en un referente cultural, apostando por una historia que dialogue con el presente y con los cambios que redefinieron tanto la industria de la moda como la de los medios.

La moda también se escucha

El videoclip de Runway consolida la propuesta de Lady Gaga y Doechii como una extensión directa del universo de El diablo viste a la moda 2, donde la música también se convierte en parte del lenguaje de la pasarela. La pieza traduce la estética de la moda en una narrativa audiovisual marcada por la exageración, el color y la teatralidad, con guiños al imaginario de la franquicia.

En este contexto, el videoclip acompaña el lanzamiento del tema, pero también añade un componente sensorial al estreno de la película: convierte el concepto de desfile en experiencia sonora y visual. Así, Runway funciona como un puente entre cine, moda y música, y refuerza el impacto cultural del filme y ampliando su alcance más allá de la pantalla.

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