La educación financiera, la hoja de ruta de los jóvenes

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La educación financiera, la hoja de ruta de los jóvenes

Los adolescentes interesados en trabajar priorizan conocimientos económicos. La pandemia los motivó a laborar y a saber cómo ahorrar.

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Una buena educación financiera es más que necesaria para los jóvenes que obtienen su propio dinero, según ellos mismos reconocen.Alex Lima

Con el empleo adecuado en decaída y las repercusiones de la informalidad y el subempleo, una educación financiera apta puede ayudar a solventar las adversidades en el campo laboral.

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Si bien Ecuador ya registraba altas tasas de desempleo antes de la pandemia, la propagación de la COVID-19 hizo que algunos pasen al subempleo, mientras que otros se vieron forzados a tener una ocupación informal. Según ONU Mujeres, los trabajadores de 18 a 29 años y las mujeres han sido los más afectados, puesto que el acceso a créditos, garantías, coberturas de seguro social, entre otras acciones, se han limitado por estas causas.

Así, la educación financiera se convirtió en una prioridad tanto para jóvenes como para bancos y escuelas, sobre todo en tiempos de pandemia.

Si bien el colegio se presenta como principal fuente de aprendizaje, a través de materias que giran en torno a la economía y la contabilidad, el autodidactismo ha sido una necesidad para muchos. Este es el caso de Luis Baño, estudiante de 19 años, quien afirma que la mayoría de conocimientos que tiene, es gracias al internet. Él revela que su motivación para educarse financieramente fue su primera tarjeta de débito, conseguida a los 12 años luego de hacer suficiente dinero vendiendo productos en su colegio.

Para otros, una mejor educación financiera parte desde el hogar. Para Andrea Calvache, estudiante de 18 años en la carrera de Psicología, la educación financiera debería impartirse desde la infancia a través del ahorro y la prevención de gastos innecesarios. “Nuestros primeros profesores son nuestros padres y somos su reflejo”, comenta. Ella argumenta que es más fácil enseñar a un niño o adolescente cómo comportarse cuando produzca su propio dinero. Caso contrario, “en el futuro se verá obligado a cambiar su mal manejo de finanzas”.

CifrasEn febrero 2022, el INEC registró 1’984.800 subempleados y 367.654 desempleados a nivel nacional.

Las innovaciones tecnológicas parecen ser otra alternativa. Para Baño, las redes sociales podrían no solo ayudar a los jóvenes, sino a los negocios. Él señala que “estar en el boom, ayudaría a vender más”. Para Calvache, sería interesante que los bancos creen una aplicación dirigida únicamente a jóvenes.

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Lo cierto es que diversos bancos en la ciudad ya diseñaron programas de educación financiera para fortalecer estos conocimientos en sus clientes más jóvenes.

El Banco Guayaquil usa su sitio web para proveer consejos financieros y explicaciones sobre el sistema financiero ecuatoriano, la elaboración del presupuesto familiar, entre otras opciones. Además, la entidad ofrece una calculadora digital capaz de simular operaciones de crédito.

De igual manera, el Banco del Pacífico habilitó un portal con los programas ‘Mi BancoBanco TV’, que incluye videos para niños; ‘El Gurú del Ahorro’, que muestra artículos dirigidos a jóvenes, y ‘Así de fácil’, que ofrece planes de ahorros para adultos. El sitio también cuenta con cursos online y gratuitos, así como con simuladores de crédito y ahorro.

Otros bancos como el Internacional y el Pichincha tampoco se quedaron atrás con los simuladores. Este último implementó artículos con consejos básicos de finanzas en su portal web y creó, con Fundación Crisfe, una página de educación financiera en su totalidad para jóvenes y adultos.

A pesar de los intentos de estas entidades, jóvenes acuerdan que la capacidad de decidir siempre recae en uno mismo y que el aprendizaje en materia económica no puede depender de una sola autoridad, sino de un interés por aprender acompañado por el trabajo en conjunto de padres, escuelas y autoridades que defiendan el desarrollo social. La educación financiera facilita el acceso, de manera responsable, a productos económicos necesarios para satisfacer necesidades diarias, convirtiéndose en una prioridad tanto para jóvenes como para bancos y escuelas.