
Sobrecostos por seguridad y aranceles golpean a la manufactura y agroindustria
Exportadores alertan que los sobrecostos en seguridad en un contexto de menor demanda y tensiones comerciales.
El sector exportador ecuatoriano advierte que enfrenta un escenario complejo en dos de sus principales mercados: Estados Unidos y Colombia. Productos como el brócoli y una amplia gama de manufacturas —que suman alrededor de 800 ítems exportados al mercado estadounidense— han perdido competitividad tras el incremento unilateral de aranceles aplicado por Estados Unidos. Así lo indicó Xavier Rosero, presidente de la Federación Ecuatoriana de Exportadores (Fedexpor) en un conversatorio con la medios de comunicación, en el Bankers Club en Guayaquil.
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Ante esta situación, el gremio analiza una serie de alternativas para compensar el impacto. Entre ellas, un impuesto a la salida de divisas diferenciado para sectores afectados, la revisión de la carga tributaria para exportadores, medidas para reducir el sobrecosto en seguridad e incluso compensaciones directas que fomenten las exportaciones mientras se abre una ventana de diálogo con Washington. El objetivo es preservar el espacio ganado en ese mercado hasta que pueda concretarse una revisión de las condiciones comerciales.
En paralelo, la tensión comercial con Colombia genera preocupación. Aunque el vecino país aún no ha implementado formalmente el incremento de aranceles anunciado, varias empresas ecuatorianas ya reportan suspensión de pedidos. Se estima que alrededor de 40.000 empleos están vinculados a compañías cuya facturación depende en más de un 30 % del mercado colombiano, entre esas están las empresas que elaboran aceite de la palma.
Por eso se considera que los sectores más expuestos son grasas y aceites vegetales, conservas de atún, manufacturas de plástico y caucho, además de otros productos industrializados. Para muchas de estas empresas, Colombia representa entre el 80 % y el 90 % de sus exportaciones. Perder ese mercado sería, según el sector, insostenible, pues afectaría su capacidad para cubrir costos operativos y sostener empleo.
El sector privado insiste en que la primera señal de buena voluntad debería ser el levantamiento de los aranceles y la reactivación del diálogo diplomático al más alto nivel. Sostienen que una frontera segura debe ir de la mano con un comercio libre y formal, para evitar que las actividades ilícitas ganen terreno mientras el intercambio legal se debilita.
Existe además un riesgo adicional: si la incertidumbre se prolonga, compradores colombianos podrían consolidar proveedores alternativos en países como China, Brasil o México, lo que haría mucho más difícil recuperar el mercado.
El peso creciente de la seguridad
A esto se suma el peso creciente de la seguridad en la estructura de costos. El sector exportador no petrolero invierte alrededor de 425 millones de dólares anuales en equipamiento, infraestructura, personal y control logístico. Solo en inspecciones adicionales —cuando un contenedor debe pasar hasta tres veces por revisión, incluida la de antinarcóticos— se generan sobrecostos cercanos a 200 dólares por inspección, lo que representa unos 100 millones de dólares adicionales al año. Los exportadores plantean la necesidad de una reingeniería del modelo de gestión de seguridad que permita mayor eficacia sin restar competitividad.
En cuanto a diversificación, mercados como República Dominicana y Panamá aparecen como oportunidades, aunque enfrentan aranceles promedio del 15 %, lo que ha favorecido a competidores con acuerdos comerciales vigentes. El sector aspira a iniciar negociaciones de alcance parcial que permitan mejorar condiciones en el corto plazo.
Sobre China, tras la entrada en vigor del acuerdo comercial, se han activado comités de acceso fitosanitario que colocan a Ecuador en una vía prioritaria para habilitaciones sanitarias. Sin embargo, los procesos técnicos —especialmente en proteína animal— suelen tomar tiempo, pues dependen de validaciones de riesgo y visitas de inspección por parte de las autoridades chinas.
En un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas y una demanda global más cautelosa, el sector prevé un crecimiento moderado este año, entre un 6 % al 10 %. No obstante, advierte que, sin medidas de mitigación frente a Estados Unidos y una pronta normalización con Colombia, el desempeño podría verse limitado en cadenas que dependen fuertemente de estos dos mercados clave.
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