Economía

El arroz que no calma el hambre

Los agricultores producen el grano preferido de los consumidores ecuatorianos, sin embargo están sumidos en la pobreza porque el precio no paga los costos

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Situación. En Salitre está por salir la cosecha, pero aun cuando haya buena producción, los precios no compensan la inversión.Guillermo Lizarzaburo / Expreso

Dan de comer al Ecuador, pero padecen de hambre. Los arroceros están sumidos en una crisis sin solución, y esperan una catástrofe en la cosecha que se avecina.

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El amarillo intenso de las plantas del cereal preferido por los ecuatorianos, embellece los campos de los cantones más cercanos a Guayaquil, pero su brillo hoy no significa prosperidad, puesto que quienes lo producen viven una de sus peores crisis por los bajos precios.

“En la primera semana de septiembre empieza a salir la cosecha en las zonas de Babahoyo (Los Ríos). Y así como vamos, esperamos un precio entre los 18 y 15 dólares por saca de 200 libras en cáscara”, prevé Andrés Moncayo, quien da cuenta del deterioro que ha sufrido el sector en los últimos años.

El precio de sustentación es $ 30 para el grano corto y $ 32 para el grano largo. Ese valor es ficticio: nadie lo paga.

CAMPOLos precios del banano también están a la baja debido a que las exportaciones se han reducido en volumen. La fruta
con contrato sale a tres dólares.

En los dos últimos meses los productores han cerrado al menos cuatro veces las vías de las zonas principales: Nobol, Daule, Santa Lucía, Samborondón, Salitre, Yaguachi, Puerto Inca. Eso solo sirvió para subir en uno y dos dólares el precio oficial. Nada más. Los operativos en las piladoras resultaron un show sin resultados, dice Washington Núñez, de Babahoyo.

Después de las movilizaciones, la vida del campo continúa, aunque no hay un ritmo similar a como cuando empieza la siembra o a medio camino, durante el desarrollo del cultivo. Actualmente, la mayoría de las parcelas están en etapa de maduración y cosecha, cuando menos mano de obra se utiliza.

Con precios de 27 y 28 dólares para el grano largo, y de 23 y 24 dólares para el grano corto, no se puede vivir. Mucha gente está trabajando o buscando trabajo en la ciudad, pues la mayoría de las piladoras mantienen cerradas las compras de arroz. Y cuando lo adquieren, piden solo grano largo.

La variedad Iniap 011 es la única de grano largo, pero solo representa el 20 % del total. Es decir, una quinta parte de las parcelas a nivel nacional la usa. Así lo anota Núñez, quien además destaca que en realidad ninguna de las dos variedades tiene demanda porque las industrias están llenas.

Por eso dice que el Gobierno debe abrir todos los silos de la Unidad Nacional de Almacenamiento en el país y absorber la cosecha.

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La cría de aves criollas (gallinas y patos) y de cerdos o la venta de huevos son las opciones más comunes en las zonas arroceras para subsistir, ya que en zonas bajas, donde se cultiva la gramínea, no es posible sembrar otros productos, salvo soja, que es el que requiere menos agua de riego.

Sin embargo, la soja tampoco es rentable, ya que no hay semillas de alto rendimiento y, por lo tanto, la productividad es baja, como lo son sus precios en el mercado interno. La mayoría de esta materia prima para la industria del alimento balanceado se importa desde países que usan semillas transgénicas, prohibidas hoy en Ecuador.

La crisis afecta en mayor porcentaje a la provincia del Guayas, donde está casi el 65 % de la superficie sembrada.

La Corporación de Industriales Arroceros (Corpnoarroz) señala que el 80 % de los productores son pequeños y, por lo tanto, muy vulnerables, no solo a los bajos precios del grano, sino al alto costo de los insumos, que han estado al alza de la mano con el buen momento que vive el petróleo en el mercado mundial.

“Hay un total desánimo. Antes hacía dos o tres hectáreas, pero ahora ya no, tengo que trabajar por jornal en parcelas de maíz para ganar dinero para al menos comer. El arroz no es rentable”, sostiene Patricio Alcívar.

Mientras tanto, Carlos Ronquillo, de Tres Postes, en Guayas, señala que si no fuese por el cacao, no habría en qué trabajar. Es que el tabaco, que antes les daba comodidad y capital de trabajo, hoy ya no, porque la industria cerró debido al contrabando de cigarrillos provenientes de China.