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Dos presidencias

Es como montar a horcajadas dos caballos a la vez. Ni el mejor espíritu circense le libraría de caer. Moreno, elegido presidente de la República, ha sido designado también presidente de Alianza PAIS. La jugarreta -que no es otra- responde a los afanes hegemónicos de ese movimiento por mantener el autocrático gobierno de un solo partido. Mejor dicho, de un solo individuo. El cuento de la partidocracia, esgrimido por Correa para condenar la hegemonía de los partidos políticos años atrás, se impuso otra vez, insultante, con el predominio exclusivo de un único movimiento autocrático. La partidocracia Correísta resultó ser también una grosera realidad que ha duplicado en ferocidad y desconfianza aquella que habrían ejercido los socialcristianos con los democristianos, emepedistas e izquierda democrática. Lenín Moreno debería hacer piruetas para cumplir un imposible. Correa ha aseverado que Alianza PAIS no representa al gobierno sino al país todo: Alianza PAIS sería sinónimo de Ecuador, ella es la nación toda y estaría consecuentemente más allá y por encima de cualquier gobierno. Correspondería, pues, al nuevo presidente evitar que la artimaña prospere e impedir que las decisiones supremas de Alianza PAIS conviertan a este movimiento en vocero oficial del pueblo soberano. Es preciso que la Constitución jurada y las leyes y normas vigentes se consoliden y no se vayan al carajo. Alianza PAIS no puede reclamar para sí la representación del pueblo, ni soñar que sus pretensiones sean dócilmente acatadas por su presidente entrante.
Para eludir semejante conflicto de intereses se ha acostumbrado, sabiamente, a liberar al presidente electo de la disciplina partidista a la que se debía. ¡Pero esta vez no! ¡Correa debería seguir mandando! ¡El estilo confrontador y pendenciero no debería cambiar!
Se designó a Moreno presidente de AP después de acontecido su triunfo, incurriendo en una anunciada intromisión de AP en asuntos que antes eran de Estado y que de hoy en adelante se someterían a un escrutinio partidista que estaría cargado de sectarismo ideológico. Así, no habría Constitución que valga si contradice los particularísimos intereses políticos y doctrinarios de AP. Y si usted, lector(a), coincide conmigo, tales intereses tienen tan solo el nombre y apellido del presidente saliente.
Difícilmente podríamos imaginar a un Correa distanciado del poder. Su soberbia y egolatría, su narcisismo y absurda convicción de creer saberlo todo, no soportarían a un Lenín empeñándose válidamente en adoptar fórmulas pragmáticas de recuperación económica con la colaboración del sector empresarial y financiero privados. Las medidas que Lenín deberá tomar para sortear los gravísimos problemas en el orden presupuestario podrían parecer capitalistas y antirrevolucionarias a Alianza PAIS si así lo afirmara Correa. Y la anunciada lucha contra la corrupción, punto nuclear de la gestión gubernamental de su sucesor para definir su grado de eticidad y de respeto a la nación, sería poco menos que una blasfemia lanzada contra la inventada honestidad revolucionaria. Hoy descubrimos que basta arrepentirse para merecer un indulto. ¿Qué esperan algunos pícaros para arrepentirse también? En este momento histórico no existe una palabra más degradante y ruin que la de impunidad y es contra ella que se estrenará Moreno una vez asumido el poder.
Debemos desearle suerte y aciertos a Moreno, porque con ellos se beneficiará el país todo y no solo Alianza PAIS. Pero será necesario que se desmonte de un caballo y cuide del otro con esmero. La mitad de esta nación y el sentido común de los demás lo aprobaría.