El detrás de una madre con un hijo con Síndrome de Down

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El detrás de una madre con un hijo con Síndrome de Down

Marcia Pérez tuvo a su primer hijo a los 31 años, pero nunca imaginó que tendría un trastorno genético que cambiaria su vida y su forma de vivirla.

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Marcia y su hijo Pablo Mateo (26) a quien le detectaron Síndrome de Down a los seis años.Angelo Chamba

Es imposible que no ponerse sentimental al escuchar a Marcia Pérez. En la actualidad tiene 57 años de edad y es madre un joven con síndrome de Down desde 1996. Como toda madre, al esperar su primogénito se había imaginado una vida como cualquiera de las que quizá había conocido, pero la vida le tenía preparado algo distinto.

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Pablo Mateo, llegó al mundo como cualquier bebe, sin complicaciones ni problemas. Transcurrieron seis años para salir a la luz que era un niño muy singular y le detectaron una discapacidad. “Fue una noche muy oscura, un golpe muy duro”.

Al igual que muchas más madres en su situación a Marcia le tocó enfrentar un camino difícil. El más duro estuvo relacionado a la educación de su pequeño, donde tuvo que tocar las puertas de varios centros educativos y solo recibir el rechazo.

“En la escuela no fue muy duro encontrar espacio, pero en el colegio fue difícil. Yo trataba de no involucrarlo en el proceso de búsqueda. Una vez fui a un colegio donde me lo rechazaron por tener Síndrome de Down y me dijeron que allí solamente formaban a lideres. Uno sale a la calle que le da ganas hasta de botarse del puente”, cuenta.

Luego de tanto caminar y soportar indiferencia por autoridades de planteles educativos logró encontrar un colegio para Pablo Mateo, años después terminó su bachillerato. Ingresó a un instituto donde estudió Comercio Electrónico y, adicionalmente, hoy es joven apasionado por la música (Dj) próximo a lanzar un disco con otro joven quiteño.

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“Yo desde que me enteré de la su discapacidad estudiaba mucho tanto de su condición como de sus estudios, porque llegaba a casa y le adelantaba sus clases, le explicaba con mucha paciencia. No dejé de trabajar porque si yo quería darle una vida buena y dale toda su medicación, no podía dejar mi empleo. Era poner en la balanza: me quedo con él o darle todo lo que necesita para poder desarrollarse” dice Marcia.

Esta madre no se imaginó pasar por este camino. Con el paso de los años ella desarrolló más habilidades, aunque reconoce que a su segunda hija la descuidó un poco, por centrar su atención en su primogénito. Sin embargo, ahora está feliz, porque ella es una adolescente que se ha convertido también en un respaldo para Pablo Mateo.

“Como padres y yo como mamá me siento muy contenta, realizada. El temor de una madre es cuando yo no esté qué va hacer. Hoy creo que ya me podría ir tranquila de esta tierra, hemos aprendido un montón”, dice.