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Por respeto a mis lectores debo informarles que los 2 últimos artículos sobre puentes me los envió su autor, el Dr. Luis A. Sarrazín Moreira, a título de contribución para mi columna.
Desde los albores de la humanidad, el deporte fue motivo de alegría y esparcimiento, donde se enfrentaban fuerzas y habilidades y al final, había un ganador que saboreando el triunfo, lo compartía con fanáticos y partidarios.
En épocas primitivas las competencias no eran tan simples, puesto que los perdedores pagaban a veces hasta con la vida una derrota; esto, abolido en la era civilizada, limitó a dar un premio al triunfador y otros de menor importancia a quienes ocupasen el segundo o tercer lugar. Con el devenir de los tiempos se ha producido una verdadera metamorfosis, al haberse introducido en la vida deportiva una serie de hechos que han deformado su sana, esbelta y tradicional figura.
Convertido a un mercantilismo vulgar, degeneró transformando esa hermosa filosofía en un verdadero caramanchel de ofertas, en donde se compra a un jugador como si fuese un costal de papas, entregándoselo al mejor postor, ante sobredimensionadas ofertas de millones de dólares, imposibles de asimilar dado lo astronómico de las cifras que entran en juego, las cuales impactan ante las carencias de un mundo lleno de miserias que se insinúa hacia el fondo del despeñadero.
Ya nadie siente y viste la camiseta de su equipo como antaño, cuando sus defensores se exponían integralmente como en los tiempos de Bonnard, Raffo, Cantos, Leiss, Chuchuca y otros, que jamás habrían aceptado lucir la de otro equipo por un plato de lentejas.
La tecnología mejoró y amplió su difusión al universalizarlo y ponerlo al alcance de todos, permitiendo fatalmente que directivos delincuentes usufructuasen de los derechos para su beneficio, creando una verdadera mafia con mayúsculos tentáculos.
La agresividad y vandalismo “in crescendo” han obligado a separar a las barras o jaurías que han canibalizado su comportamiento generando gravísimos desmanes. El caos impera. ¿Volverán el orden y la cordura al deporte?
Y sigo andando...
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