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La delicada evacuacion de los ninos atrapados
Expertos. Dos de los tres buzos voluntarios británicos que ayudaron a encontrar a a los niños atrapado tienen un historial de rescates difíciles en todo el mundo.

Los equipos de rescate bombean tan rápido como pueden el agua de la cueva. Los buceadores han llevado ya los primeros alimentos y auxilios. Los doce niños tailandeses extraviados en la gruta inundada de Tham Luang, en el norte de Tailandia, junto a su profesor, están ya estabilizados, y podrán hablar con sus padres tan pronto los submarinistas logren tender una línea telefónica que les comunique con la base de operaciones. Lo más fácil, como apuntan los expertos que participan en estas tareas, está hecho. Ahora los trabajos se centran en lo realmente complicado: lograr sacarlos de la manera más segura y lo antes posible. La previsión de lluvias para los próximos días plantea un dilema sobre la conveniencia de acelerar un rescate que en un primer momento se consideró que podría alargarse durante meses.
Por el momento, los expertos se inclinan por esperar mientras se intenta que bajen las aguas y los niños reponen fuerzas. Aunque todos están bien, y no corre peligro la vida de ninguno, alguno de ellos presenta alguna herida que hay que tratar. Un médico de la Marina y un psicólogo se encuentran con ellos para asistirlos mientras se van recuperando. Mientras tanto, se les irán dando clases de buceo por si finalmente se opta por este método para evacuarlos. Los equipos de rescate han solicitado equipos de submarinismo de tallas pequeñas para que los pequeños futbolistas los tengan disponibles.
El buceo es una opción por la que parecía inclinarse el ministro del Interior, Anupong Raojinda, ante el pronóstico de lluvias para los próximos días en la zona, que podrían según él volver a elevar el nivel de las aguas. “Bucear no es algo fácil. Quienes no lo han intentado nunca lo encontrarán difícil, porque hay pasadizos muy estrechos en la cueva”, ha comentado en declaraciones a la prensa en la capital tailandesa, recogidas por el diario ‘Bangkok Post’. “Tienen que ser capaces de usar equipos de buceo, y si pierden el equipo en algún momento, puede ser peligroso para sus vidas”.
Lo que parece perder fuerza, en todo caso, es la posibilidad -conjeturada en un primer momento por la propia Marina- de mantener a los niños allá abajo cuatro meses hasta que pase el monzón, allá por octubre.
El hallazgo, cuando ya la esperanza había empezado a flaquear tras diez días de búsqueda, ha galvanizado a toda Tailandia. El rey Vajiralongkorn ha expresado su interés personal y ha enviado impermeables y cocinas móviles a los equipos de rescate. El primer ministro, el general Prayuth Chan-Ocha, ha dado las gracias públicamente a todos los que participan en las tareas, tailandeses y expertos extranjeros de países tan distintos como Estados Unidos, el Reino Unido, China, Israel o Japón. “Todo el mundo es un héroe y los unos han ayudado a los otros”, ha dicho.
Otros ciudadanos de a pie manifestaban su júbilo de los modos más variados. En la escuela a la que asisten los niños, ayer se celebraba una ceremonia de homenaje y acción de gracias. En las calles de Bangkok, algunos restaurantes anunciaron espontáneamente que su comida ayer sería gratis. Las cadenas de televisión retransmitían en directo los trabajos de salvamento, y una y otra vez el vídeo, ya convertido en viral, del momento en el que dos submarinistas británicos se encuentran en una isleta de la cueva a los niños. “Somos trece”, explican los niños a los buceadores. “¡Fenomenal!”, responden los expertos. “Habéis estado aquí diez días. Sois muy fuertes”.